LA CARIDAD
Practicar la caridad
es una labor honrosa,
pero en forma cariñosa
y con buena voluntad.
La caridad se concibe
si es hecha con discreción,
sin causar humillación
al hermano que recibe.
Es un humano deber
ayudar al indigente,
pero hay que tener presente
en que forma se ha de hacer.
No es la moneda entregada
en una mano extendida,
es un “poco te tu vida”
sin pedir a cambio nada.
Es el amor bien sentido,
es una sonrisa amable,
es el afecto entrañable
hacia el hermano querido.
Es perdonar los agravios
de verdad, de corazón,
con la sonrisa en los labios
y una frase de perdón.
Es enseñar la doctrina
como Cristo la enseñara,
esa es la misión divina
que Jesús encomendara.
Es la ayuda generosa
al hermano desvalido,
porque este hermano ha nacido
con una misión penosa.
Y al que se halla postrado
en el lecho del dolor
llevarle un poco de amor,
de consuelo y de cuidado.
Y al ciego, que a no dudar,
siente ese dolor profundo
de no poder admirar
las bellezas de este mundo.
Y a la pobre viejecita
que camina torpemente,
hay veces que necesita
de un hermano diligente.
Si se sabe convivir
en la humana sociedad
sin odiar ni maldecir,
también eso es caridad.
Ya veis queridos hermanos
que hay formas muy diferentes
de ayudar a tantas gentes
si se siente como humanos.
Hacer bien con humildad,
que Dios premia con largueza
al que ejerce con nobleza
“LA SUBLIME CARIDAD”.
Francisco Marín
Publicado en la revista “Amor paz y caridad” ENERO-1983-Nº 6
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