viernes 28 de marzo de 2008

REENCARNACIÓN

PALINGINESIA I


La convicción acerca de la Ley Palingenésica (ley que rige los renacimientos) se ha hecho consciente en el hombre desde muy antiguo; se pierde en la oscuridad de los tiempos.

Tenían ya certeza de la reencarnación, las antiguas filosofías orientales: india, china, japón, tibet, egipto y otros países orientales. Los vedas, los celtas, al igual que los pobladores de la américa precolombina, sostenían la creencia de la vuelta a la vida de la carne.

De la filosofía helénica incomparable por su profundidad y riqueza de matices, surgieron filósofos como Pitágoras, que estableció la palingenesia como doctrina y base de su enseñanza. Decía que, ". . las almas al abandonar el mundo, van al Hedes (plano astral o más allá) y desde allí vuelven a la vida de la carne".

Sócrates reconocía claramente en el alma humana,su existencia antes del nacimiento en el plano Tierra. Veamos un diálogo con uno de sus discípulos: "también me parece a mí, Cebes, que nada se puede objetar a estas verdades, y que no nos hemos engañado cuando las hemos admitido; porque es indudable, que hay un regreso a la vida; que los vivos nacen de los muertos; que las almas de los muertos existen; que las almas buenas libran bien y las almas malas libran mal". (Platón, en"Fedón o del Alma").

Platón fué, en el pasado, el maestro de las enseñanzas referentes al alma, y todos los que han
venido después de él, se han proveído ampliamente de su depósito de sabiduría. Algunos de los primeros padres de la primitiva iglesia, afirman que Platón fué uno de los muchos precursores del Mesías, que habían preparado el mundo pagano para la venida del maestro.

Los primeros cristianos sostenían como verdad el nacimiento de las almas, y la reencarnación formaba parte de la doctrina cristiana en los primeros siglos del cristianismo puro, de amor y renunciamiento.

Por el Concilio de Constantinopla II (año 553) dominado por el emperador Justiniano I fue anatematizada la creencia de la reencarnación. Ya Justiniano I había promulgado una ley en el año 538, en la que declaraba: "todo aquel que sostenga la mística idea de la preexistencia del alma y la maravillosa opinión de su regreso será anatematizado". Lo que indica que ya existía dicha creencia.

Y es de suponer el terror que el anatema inspiraba en aquellos tiempos ya que significaba la
persecución.

Sin embargo, existe otra versión que sostiene que en dicho concilio se dejó establecido que: ". todo aque1 que proclama haber vuelto sobre la Tierra por disgusto del Cielo, sería excomulgado. Y que, si alguien encarnara voluntariamente, no por disgusto del Cielo, sino por amor a su prójimo, el anatema no le tocaría".

Y de ahí en adelante, ha venido siendo ocultada por quienes debieran sustentarla como una demostración del amor y justicia divina, y para un más rápido progreso espiritual de la humanidad.

La palingenesia es una doctrina muy antigua. Todas las religiones en su origen la han sustentado. Esta ley de las vidas sucesivas, da la adecuada explicación lógica a todas las desiguales manifestaciones de la vida humana.

Las nuevas filosofías espiritua2istas basadas en la gradual y continua metamorfosis de nuestra evolución, mediante la Ley Palingenésica o de los renacimientos, nos muestra y amplía mucho más allá de la integridad psicofísica: el eterno camino ascensional hacia la perfección, que nos liberará de la cadena de las reencarnaciones en los mundos atrasados.

La comprensión de esta ley de los renacimientos, abre horizontes más amplios en el pensamiento humano. Y como ley divina, se cumple en todos los seres con igualdad y justicia inexorable.

Si observamos a los niños, ¿comó podemos explicar la diversidad de tendencias, gustos, inclinaciones de bondad, delicadeza, inteligencia, etc..., en unos; mientras que en otros, una carencia de estas cualidades positivas y en cambio apreciamos ruindad, brusquedad y dureza y hasta maldad en otros?. Correspondiendo al alma humana las cualidades positivas y negativas del carácter, ¿podemos admitir, por un momento, que Dios -perfección absoluta- pueda crear almas imperfectas y establecer diferencias?.

Aquellos que, desconociendo las leyes espirituales, argumentan que ello se debe a la ley de herencia, tendrían un fundamento más lógico que los que sostienen el concepto de la creación del alma con el nacimiento del cuerpo. Pero, en este caso, tendrían que rechazar la existencia de una Sabiduría y Justicia Universal, de donde emanan esas fuerzas cósmicas poderosas que rigen la vida en sus múltiples manifestaciones. Denominémosle Dios o como queramos, pero inmanente en toda la creación; ya que, en buena lógica no es admisible un Dios sabio y justo creando almas desiguales y darles una sola vida a unos y a otros para que se salven.

Más aún. Observamos a los indivíduos que componen nuestro conglomerado social: configuración de un cuerpo, aspecto, ademanes, sentimientos y actuaciones de cada uno; y podremos apreciar fácilmente la notoria diferencia entre unos y otros. Mientras en unos apreciamos una mente despierta y un temperamento dinámico, en otros vemos al individuo tosco, bruto o abúlico. ¿Podemos culpar a Dios de estas diferencias?. No; porque estas son diversas manifestaciones de los diversos estados evolutivos en la etapa humana.

Dios, esa Fuerza Creadora Universal, el Ser Supremo del Cósmos: Amor, Justicia y Sabiduría máxima; que trasciende a toda su creación a modo de vibraciones o fuerzas poderosísimas que denominamos leyes; nos ha creado a todos iguales. El camino de la vida ha sido igual para todos los seres de la creación, incluyendo al ser humano. Los diferentes aspectos y condiciones intelectuales, dinámicas y morales, son diversos grados en el proceso evolutivo de la "chispa" divina, génesis del Ser Espiritual. Y aún las diferentes formas de vida que podemos apreciar, y las no perceptibles a nuestra vida, son diversas manifestaciones o fases de manifestación de la chispa divina ( la mónada de algunas filosofías) en las diversas; fases de su evolución, antes de alcanzar la etapa humana.

Sólo la pluralidad de existencias puede explicar origen de la diversidad de caracteres y las desigualdades humanas tan notorias. Fuera de esta ley, nos preguntamos en vano, ¿porqué algunos poseen talento los sentimientos nobles, las aspiraciones elevadas; mientras que otros carecen de ello?. Si aceptamos la la Ley Palingenésica como la ley de la vida, comprenderemos fácilmente que los primeros son seres más viejos, que han vivido más, trabajado más y, por ende, adquirido mayores experiencias y aptitudes; van más adelante en el camino ascensional de su evolución.

(Continuará)
SEBASTIAN DE ARAUCO
Extraido de la revista "Amor paz y caridad" - Abril 1989 Nº 9