miércoles 19 de noviembre de 2008

PÁGINA POÉTICA

Rumbos Aciagos


Un día más, va pasando

la procesión de la Vida

por los caminos del tiempo,

en su carrera infinita.


Y bajo el temor morboso

de la muerte incomprendida,

los eternos caminantes

apresurados caminan.


Como la Vida es un soplo,

hay que apurarla deprisa,

por si no hay tiempo mañana

para gozarla y vivirla.


No se dan cuenta que el tiempo

no tiene fin ni medida,

y que todo lo que muere

se renueva cada día.


Su objetivo es caminar

tras del placer y la dicha,

de los valores del alma

renunciando a la conquista.


Dios no existe, es un engaño,

la materia es lo que prima,

lo real y verdadero,

lo demás... es fantasía.


El dinero es lo importante,

quien hace grata la Vida;

quien da el poder y la gloria,

el que todo lo conquista.



Y así, un día tras otro,

la procesión de la Vida,

con sus luces y sombras,

eternamente camina.


Y el hombre, sin comprenderla,

en las tinieblas se abisma

en pos del filón del oro,

tras del placer y la dicha.


Y cuando llega la muerte

-prolongación de la Vida-

le coge desprevenido,

sin consciencia de la misma.


Y de nuevo en las tinieblas

vaga su alma, cautiva

de las pasiones, humanas,

prisionera de si misma. . .


Negación tras negación,

el hombre se auto aniquila,

y sumido en las tinieblas,

vida tras vida camina.


Por los goces de la carne,

los del alma sacrifica,

no importándole el mañana,

sino el presente hedonista.


No se da cuenta que el tiempo

no tiene fin ni medida,

y que todo lo que, muere

se renueva cada día.


Porque la Vida es eterna

y en ella todo palpita,

nada se extingue y se muere,

porque Dios todo lo anima.



Por más que el hombre le niegue,

es la energía Divina

que sustenta el Universo

y todo lo inmortaliza.


El es la luz de las almas

que ante Sus Leyes se humillan,

y al encuentro de Su Amor

esperanzadas caminan.


El que alumbra nuestros pasos

sin descanso, noche y día,

cuando en nuestros corazones

sabemos darle acogida.


JOSÉ MARTINEZ