viernes 28 de marzo de 2008

REENCARNACIÓN

PALINGINESIA I


La convicción acerca de la Ley Palingenésica (ley que rige los renacimientos) se ha hecho consciente en el hombre desde muy antiguo; se pierde en la oscuridad de los tiempos.

Tenían ya certeza de la reencarnación, las antiguas filosofías orientales: india, china, japón, tibet, egipto y otros países orientales. Los vedas, los celtas, al igual que los pobladores de la américa precolombina, sostenían la creencia de la vuelta a la vida de la carne.

De la filosofía helénica incomparable por su profundidad y riqueza de matices, surgieron filósofos como Pitágoras, que estableció la palingenesia como doctrina y base de su enseñanza. Decía que, ". . las almas al abandonar el mundo, van al Hedes (plano astral o más allá) y desde allí vuelven a la vida de la carne".

Sócrates reconocía claramente en el alma humana,su existencia antes del nacimiento en el plano Tierra. Veamos un diálogo con uno de sus discípulos: "también me parece a mí, Cebes, que nada se puede objetar a estas verdades, y que no nos hemos engañado cuando las hemos admitido; porque es indudable, que hay un regreso a la vida; que los vivos nacen de los muertos; que las almas de los muertos existen; que las almas buenas libran bien y las almas malas libran mal". (Platón, en"Fedón o del Alma").

Platón fué, en el pasado, el maestro de las enseñanzas referentes al alma, y todos los que han
venido después de él, se han proveído ampliamente de su depósito de sabiduría. Algunos de los primeros padres de la primitiva iglesia, afirman que Platón fué uno de los muchos precursores del Mesías, que habían preparado el mundo pagano para la venida del maestro.

Los primeros cristianos sostenían como verdad el nacimiento de las almas, y la reencarnación formaba parte de la doctrina cristiana en los primeros siglos del cristianismo puro, de amor y renunciamiento.

Por el Concilio de Constantinopla II (año 553) dominado por el emperador Justiniano I fue anatematizada la creencia de la reencarnación. Ya Justiniano I había promulgado una ley en el año 538, en la que declaraba: "todo aquel que sostenga la mística idea de la preexistencia del alma y la maravillosa opinión de su regreso será anatematizado". Lo que indica que ya existía dicha creencia.

Y es de suponer el terror que el anatema inspiraba en aquellos tiempos ya que significaba la
persecución.

Sin embargo, existe otra versión que sostiene que en dicho concilio se dejó establecido que: ". todo aque1 que proclama haber vuelto sobre la Tierra por disgusto del Cielo, sería excomulgado. Y que, si alguien encarnara voluntariamente, no por disgusto del Cielo, sino por amor a su prójimo, el anatema no le tocaría".

Y de ahí en adelante, ha venido siendo ocultada por quienes debieran sustentarla como una demostración del amor y justicia divina, y para un más rápido progreso espiritual de la humanidad.

La palingenesia es una doctrina muy antigua. Todas las religiones en su origen la han sustentado. Esta ley de las vidas sucesivas, da la adecuada explicación lógica a todas las desiguales manifestaciones de la vida humana.

Las nuevas filosofías espiritua2istas basadas en la gradual y continua metamorfosis de nuestra evolución, mediante la Ley Palingenésica o de los renacimientos, nos muestra y amplía mucho más allá de la integridad psicofísica: el eterno camino ascensional hacia la perfección, que nos liberará de la cadena de las reencarnaciones en los mundos atrasados.

La comprensión de esta ley de los renacimientos, abre horizontes más amplios en el pensamiento humano. Y como ley divina, se cumple en todos los seres con igualdad y justicia inexorable.

Si observamos a los niños, ¿comó podemos explicar la diversidad de tendencias, gustos, inclinaciones de bondad, delicadeza, inteligencia, etc..., en unos; mientras que en otros, una carencia de estas cualidades positivas y en cambio apreciamos ruindad, brusquedad y dureza y hasta maldad en otros?. Correspondiendo al alma humana las cualidades positivas y negativas del carácter, ¿podemos admitir, por un momento, que Dios -perfección absoluta- pueda crear almas imperfectas y establecer diferencias?.

Aquellos que, desconociendo las leyes espirituales, argumentan que ello se debe a la ley de herencia, tendrían un fundamento más lógico que los que sostienen el concepto de la creación del alma con el nacimiento del cuerpo. Pero, en este caso, tendrían que rechazar la existencia de una Sabiduría y Justicia Universal, de donde emanan esas fuerzas cósmicas poderosas que rigen la vida en sus múltiples manifestaciones. Denominémosle Dios o como queramos, pero inmanente en toda la creación; ya que, en buena lógica no es admisible un Dios sabio y justo creando almas desiguales y darles una sola vida a unos y a otros para que se salven.

Más aún. Observamos a los indivíduos que componen nuestro conglomerado social: configuración de un cuerpo, aspecto, ademanes, sentimientos y actuaciones de cada uno; y podremos apreciar fácilmente la notoria diferencia entre unos y otros. Mientras en unos apreciamos una mente despierta y un temperamento dinámico, en otros vemos al individuo tosco, bruto o abúlico. ¿Podemos culpar a Dios de estas diferencias?. No; porque estas son diversas manifestaciones de los diversos estados evolutivos en la etapa humana.

Dios, esa Fuerza Creadora Universal, el Ser Supremo del Cósmos: Amor, Justicia y Sabiduría máxima; que trasciende a toda su creación a modo de vibraciones o fuerzas poderosísimas que denominamos leyes; nos ha creado a todos iguales. El camino de la vida ha sido igual para todos los seres de la creación, incluyendo al ser humano. Los diferentes aspectos y condiciones intelectuales, dinámicas y morales, son diversos grados en el proceso evolutivo de la "chispa" divina, génesis del Ser Espiritual. Y aún las diferentes formas de vida que podemos apreciar, y las no perceptibles a nuestra vida, son diversas manifestaciones o fases de manifestación de la chispa divina ( la mónada de algunas filosofías) en las diversas; fases de su evolución, antes de alcanzar la etapa humana.

Sólo la pluralidad de existencias puede explicar origen de la diversidad de caracteres y las desigualdades humanas tan notorias. Fuera de esta ley, nos preguntamos en vano, ¿porqué algunos poseen talento los sentimientos nobles, las aspiraciones elevadas; mientras que otros carecen de ello?. Si aceptamos la la Ley Palingenésica como la ley de la vida, comprenderemos fácilmente que los primeros son seres más viejos, que han vivido más, trabajado más y, por ende, adquirido mayores experiencias y aptitudes; van más adelante en el camino ascensional de su evolución.

(Continuará)
SEBASTIAN DE ARAUCO
Extraido de la revista "Amor paz y caridad" - Abril 1989 Nº 9

viernes 7 de marzo de 2008

MORAL ESPIRITA

LA PACIENCIA



El dolor es una bendición que Dios envía a los elegidos; no os aflijáis, pues, cuando sufrís, sino por el contrario, bendecid a Dios Todopoderoso que os ha señalado el dolor en la tierra para la gloria en el cielo.

Sed pacientes; la paciencia también es una caridad, y vosotros debéis practicar la ley de caridad enseñada por Cristo, enviado de Dios. La caridad que consiste en la limosna que se da a los pobres, es la más fácil de todas: pero hay una mucho más penosa, y por consecuencia mucho más meritoria: es "la de perdonar a aquellos que Dios ha colocado a nuestro paso para ser instrumentos de nuestros sufrimientos y poner nuestra paciencia a prueba".

La vida es difícil, ya lo sé; se compone de mil frioleras que son alfilerazos que acaban por herir; pero es menester mirar los deberes que se nos han impuesto, los consuelos y las compensaciones que por otra parte tenemos, y entonces veremos que las bendiciones son mucho más numerosas que los dolores. La carga parece menos pesada cuando miramos a la altura que cuando doblamos la frente hacia el suelo.

Animo, amigos, Cristo es vuestro modelo; sufrió más que ninguno de vosotros, y nada tenía que echarse en cara, mientras que vosotros tenéis que expiar vuestro pasado y fortificaros para el porvenir. Sed, pues, pacíficos; sed cristianos; esta palabra lo enseña
todo. (Un Espíritu amigo. Havre, 1852).
Extraído de: "El evangelio según el espiritismo" de Alland Kardec.

martes 4 de marzo de 2008

PALABRAS DE ALIENTO

DECALOGO DE LA SERENIDAD


1º Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de m i vida todo de una vez.

2º Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo.

3º Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4º Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5º Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6º Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7º Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8º Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9º Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10º Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Juan XXIII

sábado 1 de marzo de 2008

PÁGINA POETICA

Pasión y muerte de Jesús


En la lejana Judea .
en tiempos de Despotismo.
el Cristo de Galilea
predicaba el cristianismo.

Acusado de impostor,
Pi latos ha sentenciado
a que sea crucificado
el Divino Redentor.

Por soldados custodiado
ese espíritu de luz ,
cargado con una cruz
al calvario lo han llevado .

Por espinas coronado
su purísimo semblante
sudoroso y jadeante
la verónica ha copiado.

Su corporal estructura
herida , desecha y rota ,
va apurando gota a gota
el cáliz de la amargura.

Por tres veces se humilló
el que rey de reyes era,
y en una cruz de madera
su sentencia se cumplió.

En l a cumbre del calvario
con su muerte y su pasión
nació e l sublime ideario
de la humana redención.

Dulce Jesús, que iluminas
nuestro mundo con tu amor,
quisiera evitar tu dolor
quitándote las espinas.

Más tú , oh Dios , imaginas
para seres elevados
los excelsos postulados
de las misiones divinas .

Cristo , el mentor fecundo
de una doctrina sagrada,
lentamente agonizaba
por la salvación del mundo

Siete palabras habló
en su bárbara agonía,
y falto ya de energía,
todo su cuerpo tembló.

Desgarrada de dolor
sobre el madero apoyada
aquella mujer lloraba
por el hijo de su amor.

De la muerte al estertor
que Jesús al aire diera ,
sobre una cruz de madera
se moría el redentor .

Así murió sin razón
en una cruz enclavado,
sangrando su corazón
por l a herida del costado.

En e l momento fatal ,
de manos y pies clavado,
una mirada ha elevado
hacia el Padre Celestial .

Al pie de la cruz lloraban
unas piadosas mujeres
que olvidando sus quehaceres
a la madre consolaban.

También postrados de hinojos
lamentaban compungidos
los discípulos queridos,
con lagrimas en los ojos,
los sucesos ocurridos .

Separado su psiquismo,
hasta el cielo se ha elevado
nuestro maestro t a n amado.
El drama se ha consumado.
!'Ha nacido el cristianismo! “

FRANCISCO MARÍN

RECORDANDO EL PASADO

Lo que los hombres debemos a Allan kardec


Hace muchos siglos que uno de los siete sabios de la Grecia, el inolvidable Solóm le dijo al hombre: ¡Conócete a ti mismo!. Pero esta sabia advertencia, este utilísimo consejo pasó completamente desapercibido; porque si un imposible existe en la tierra , es que el hombre llegue a conocer siquiera en una mínima parte sus innumerables defectos.

Todos nos creemos buenos, y por apéndice sabios, y por añadidura, eminentes y grandes.

Todos decimos (íntimamente), si pasamos desapercibidos:"El mundo no me comprende; todos queremos ser notabilidades; no nos contentamos con ser medianías. ¿Esto qué prueba?. Que no pensamos ni decimos como decía Sócrates, el cual confesaba: "No sé más que una cosa, y es que lo ignoro todo". La humanidad, por el contrario salvando rarísimas excepciones cree que lo sabe todo; cada cual en la esfera en que vive se cree una celebridad, y, en una sociedad fundada sobre cimientos de arena, su vida es tan insegura, que al menor movimiento se desquicia la fabrica social y las muchedumbres viven mal, muy mal, sujetas siempre a violentas convulsiones políticas y religiosas.

Dijo un gran político de nuestros días, Posada Herrera que: "las ideas son como la pólvora; desparramadas y libres, son inofensivas; comprimidas producen efectos desastrosos". He aquí una gran verdad. En este mundo los hombres se creen más sabios; los que están encumbrados en las altas regiones del poder, dictan su voluntad soberana, comprimen las ideas de las masa, populares, y llega un día que las explosiones del descontento general producen la anarquía.

Los de arriba se creen infalibles; los de abajo se figuran que son los reformadores que están llamados a constituir las modernas sociedades; precipitan los acontecimientos, y la vida de los pueblos es una continua lucha. El progreso se abre paso entre zarzas espinosas, el espíritu algo pensador se fatiga, no puede con el peso de tantas contrariedades, de tantas anomalías en religión, en política y en moral.

Hay situaciones tan insostenibles en este mundo,hay períodos en la vida tan insoportables, que necesitaba la humanidad algo más lógico, más razonable, más en armonía con las aspiraciones generales.

Le era indispensable saber de dónde venia, porqué estaba aqui, y presentir dónde iría mañana.

Había llegado el momento de comenzar el hombre a conocerse a si mismo, y no podía empezar este trabajo sin el advenimiento del Espiritismo.

Los grandes filósofos, los sabios reformadores, llegan cuando hacen falta; no se retardan un instante ni se adelantan un segundo; y Allan Kardec vino a la tierra cuando las imaginaciones, esas locas de los siglos, querían entrar en razón, cuando los hombres se preguntaban. ¿Por qué siento y por qué quiero? ... ¿Por qué mi pensamiento busca un más allá?.

Entonces Kardec les dijo: "porque habéis vivido ayer, porque viviréis mañana, porque vuestra vida es eterna como emanación de Dios".

¿Quién eres tú? -le preguntaron las multitudes- Un espíritu convencido de la grandeza de su origen y del progreso indefinido de su porvenir, contestó Kardec. Un hombre que viene a poner en vuestras manos los misterios de las religiones, los medios para comunicaros con los que se fueron, muertos en la carne, vivos en el espíritu.

0s traigo la revelación oculta ayer en los santuarios; !la revelación, que es pan de vida, agua de salud, ley de justicia, fe racional! !verdad inconcusa, prueba innegable de la omnipotencia y de la suprema sabiduría de Dios!.

Ahora comenzaréis a conoceros, sabréis que cada cual se premia y se castiga a sí mismo, y de nada os servirá creeros grandes, si por las condiciones de vuestra azarosa vida veis que sois los pigmeos de los siglos. No porque otros os lo digan y os lo prueben, sino porque
vosotros mismos, a pesar vuestro, muchas veces sentiréis que vuestro ser se agita, que vuestro brazo tiembla, que vuestra mano busca un lápiz, una pluma, algo que le sirva de instrumento para dejar escrito un pensamiento que no germina en vuestra mente, y escribiréis, en contra de vuestra voluntad, y os haréis cargos y reconvenciones que nunca habréis soñado.

Vosotros, los que os creíais mártires de la fatalidad, veréis que sois víctimas de vuestros vicios, si no presentes, pasados, única fatalidad que existe en los mundos; y os convenceréis a vosotros mismos mal que os pese; y cuando el hombre 1legue a conocerse, volverá Jesús a la tierra, que el reino de la paz y del amor tiene que cumplirse, como se cumplen todas las profecías.


Esto le debemos los hombres a kardec.

¡ El haber comenzado a conocernos!

¡El haber dado principio a la regeneración social!

¡El haber puesto la primera piedra de la fraternidad de los pueblos!

¡El haber abierto los ojos a la luz y el haber dirigido la primera mirada a nuestra conciencia!.

¡Todo esto lo debemos a Kardec! Justo es que a su memoria tributen los hombres pensadores un recuerdo.

Nosotros, poseídos de inmensa gratitud, sintiendo en la tierra no se puede expresar, decimos a kardec ¡Cuánto te debemos!. Cuando después de luengos siglos nos veamos engrandecidos y regenerados, cuando entremos victoriosos en los mundos de la luz, y la humanidad agradecida nos consagre un recuerdo, como hoy te lo consagramos a tí, nosotros que desde las regiones del infinito:

¡Gloria,Gloria a Kardec!

¡Gloria a uno de los más grandes reformadores de la humanidad!

¡Gloria al que implantó en la tierra el racionalismo religioso!.



AMALIA DOMINGO SOLER

Artículo extraído de l a "LUZ DEL PORVENIR" de Barcelona, en su nº 46, página 382, editado el 19 de Marzo de 1896.



LEYES UNIVERSALES

LEY DEL AMOR



El Amor como fuerza armonizadora para una vida mejor.
Realización del Amor en nuestro mundo.



Comenzamos con la primera y principal de esas leyes universales: Ley del Amor. Mas, para comprenderla, habremos de reducirla a nuestro lenguaje humano.

El Amor es, en sí, una vibración poderosa que emana de Dios como energía vivificante que alimenta toda la creación. Y en el aspecto humano, el amor es un sentimiento que emana del Alma (superior) cuando ésta ha alcanzado ya cierto grado de evolución, manifestándose en la personalidad humana como afecto, cariño, compasión, ansia de ayudar, deseo de auxiliar al que sufre, anhelo y goce en hacer felices a los demás y otras manifestaciones en las relaciones humanas; así como ese sentimiento de atracción hacia las bellezas de la Naturaleza en sus diversos aspectos, que va percibiendo a medida que el alma va sensibilizándose.

En las fases primeras de la etapa humana, el Alma espiritual (superior) poco desarrollada aún, es ahogada por el alma humana (inferior) que transmuta esa vibración divina hacia sí, en la personalidad humana, resultando eso que denominamos egoísmo; egoísmo característico de las primeras fases de la etapa humana.

Y a medida que va evolucionando, a medida que ese alma humana va pasando por el dolor en las múltiples vidas humanas, comienza a sensibilizarse, con lo que el egoísmo va cediendo en intensidad, para dar cabida a la vibración de amor puro, poco a poco, comienza a manifestarse como sentimientos de bien hacia los demás seres sin distinción. Entonces es cuando se establece contacto con la vibración de Amor que emana de Dios, y empieza a recibirse esa vibración sutil que va ayudando a sutilizar el alma humana y capacitándola para recibir las vibraciones del Alma (superior) y percibir las bellezas de la vida, dulcificándola, a la vez que armonizando la mente humana.

Pero, veamos: ¿qué es el amor para el común de las gentes? Tan solo un sentimiento más o menos intenso de atracción y acercamiento entre algunas personas amigas y familiares, así como entre personas de sexo opuesto. Estos son aspectos humanos del Amor, como el amor de los padres, de los hijos, hermanos y esposos. Y a medida que ese amor va evolucionando, comienzan a percibirse también esos sentimientos hacia los demás seres, sin distinción. Porque el verdadero amor es impersonal, manifestándose como sentimiento espontáneo de ayuda hacia otras personas para asistirlas y auxiliarlas en los diversos aspectos que la vida ofrece, y tan sólo con ese sano deseo de servir, de contribuir a su felicidad; deseo o sentimiento que brota del Alma de las personas bondadosas que han superado ya o están superando el egoísmo. Y ese sentimiento, que es vibración sutil, dulcifica la vida de la persona que lo siente. Porque el Amor es energía vivificante y generador de armonía y felicidad.

Todos los aspectos de la Naturaleza son armónicos en sí y entre sí, porque están impregnados de esa maravillosa vibración cósmica: AMOR. Y como parte de la Naturaleza, el ser humano está inmerso en esa vibración divina. Pero, por desventura, con nuestra actitud egoísta, los humanos polarizamos esa vibración armónica productora de dicha, transmutándola en desarmónica, con lo que creamos esos estados de ánimo de desdichas y amarguras, que diversas manifestaciones podemos apreciar en el mundo de hoy, retardando su evolución.

Es precisamente nuestro egoísmo que no nos permite ver la realidad de la vida y nos mantiene en constante desarmonía mental-emocional, que amarga la vida humana y retarda el progreso del Espíritu. De aquí la imperiosa y apremiante necesidad de superar lo que de egoísmo quede todavía en nosotros y sintonizarnos con la vibración de Amor, que es fuerza armonizadora por excelencia.

Cuando vibramos en amor, sentimos una paz inefable, una alegría interna indescriptible, no conocida por las personas egoístas. Y esa sensación de dicha nos indica que nuestra Alma está percibiendo la vibración de Amor que emana de la Divinidad, y que se encuentra en la esencia espiritual de todo ser.

Pero, el ser humano en su lucha por la vida, ha desarrollado el egoísmo (amor a sí mismo), con lo cual polariza esa vibración maravillosa, que se encuentra debilitada (como ahogada) en el alma humana, por la presión del egoísmo. Porque los humanos nos hemos apartado del verdadero objeto de la vida, olvidándonos de los verdaderos valores espirituales, para ir tras el espejismo del dinero y los placeres; por desconocimiento de las ventajas que el amor ofrece. Y por ignorancia de que, amar es una necesidad imperiosa para una vida humana más armónica y feliz, y a la vez poder lograr el progreso espiritual, que es el objeto verdadero de la vida humana.

El amor es la llave que abre todos los corazones.

¿Quién no ha visto como el mágico poder del amor a transformado en amigos a enemigos y transformado en cariñosos maridos a hombres desafectos, amargados por los embates de la vida? Mujeres hay que, con su bondad y dedicación endulzan la vida del hogar, al punto de modificar los hábitos viciosos y callejeros de los maridos en amantes del hogar, que con dulzura, fruto de ese amor que es dar de sí sin pensar en sí, consiguen?

Mientras hay esposas que, con su egoísmo se tornan exigentes o se enojan por minucias sin importancia, perturbando así la paz y la armonía del hogar. Entonces, sufren las desavenencias, que son fruto del egoísmo. Y lo que es peor, esa fea y perjudicial costumbre de recriminaciones uno del otro, echando en cara los defectos, señalando debilidades, llegando en algunos casos hasta a proferir frases que pueden lastimar, y generalmente lastiman, la susceptibilidad de la otra parte, creando con ello estados de desencanto y hasta malquerencias.

Qué cuadro lastimoso presentan esas parejas desparejadas ante sus hijos o familiares, por falta de delicadeza y por dejarse dominar por el egoísmo y el amor propio, pretendiendo hacer prevalecer sus aparentes razones (muchas veces caprichos y terquedades) que convierten el hogar en un infierno, con un gran daño para los hijos, de cuya educación son responsables ante la Ley.

Y, ¿qué consiguen con todo eso? Matar ese cariño y respeto mutuo que debe haber siempre entre los esposos y todos los miembros de una familia; y con todo lo cual, la vida humana pierde su encanto y se convierte en amargura.

Y, ¿qué podemos hacer para evitar todo eso? En primer lugar, comprender lo ridículo y perjudicial que esa actitud y actuaciones significan. Y luego, proponernos firmemente evitar todo motivo de discordia, comenzando con tomar una actitud de comprensión hacia la otra parte, tratando de ver sus cualidades buenas. Sólo cuando cada uno de los cónyuges traten y se esfuercen en hacer feliz al otro, en todo sentido, el hogar vibrará, y una paz venturosa reinará en ese hogar.

Y a vosotras, esposas, os digo: Si queréis ser amadas, comenzad vosotras primero. Comenzad por poner todo vuestro empeño en hacer felices a vuestros esposos, padres, hermanos y a... todos. Daos con amor a todos aquellos con quienes os relacionáis (sin ficción, con naturalidad) y pronto comenzaréis a percibir los efectos maravillosos de esa energía creadora y armonizadora, cual es el AMOR. No os dejéis engañar por el egoísmo, el orgullo o el amor propio, que son vuestros principales enemigos y causa de desdichas múltiples.

Porque, sólo el amor desinteresado es creador de felicidad, ya que está dentro de la ley divina de Amor, que rige la Vida. Tened bien presente que, el humano más feliz es aquel que ha aprendido a amar; porque, cuando amamos estamos uniéndonos a la vibración de Amor emanada de la Divinidad misma.

Solamente dando amor recibiremos amor. Esa es la ley. Quien más dé, será quien más reciba. La verdadera felicidad está en el dar, más que en el recibir.

La realización del amor en nuestro mundo, es una necesidad imperiosa para una vida humana más armónica y feliz; a cuyo objeto están orientados los diversos aspectos de las leyes que rigen la Vida, leyes emanadas de la Sabiduría Cósmica y Eterno Amor.

Si entre vuestros familiares, vecinos o entre vuestros compañeros de trabajo, hubiese alguno que os moleste o que trate de haceros daño; no le odiéis, no cometáis esa torpeza, no vale la pena; porque, él mismo, en su ignorancia no sabe lo que hace, es su atraso evolutivo que le hace actuar así. Tened compasión de él (o ella). Sí, tened compasión, ya que con ello estaréis vibrando en amor que es comprensión y tolerancia. No os dejéis llevar por el orgullo o por el egoísmo. Proyectad sobre esa persona vibraciones de amor (sentimientos de bien) y buenos pensamientos que son fuerzas positivas y energía armonizadora, y que también os armonizará a vosotros mismos. Además, para no uniros a él o ella por el rencor, sino por el amor. Y de ese modo habréis puesto en práctica las enseñanzas del sublime Maestro Jesús; pagar bien por mal. Esa enseñanza que los humanos no acabamos de comprender.

Mantengamos pensamientos de amor hacia todos y hacia todo en el hogar o grupo familiar, en vuestro trabajo para con vuestros compañeros, en vuestras relaciones humanas, dándoos, tratando en toda forma de ser útiles y contribuir a la felicidad de los demás; y con ello estaréis conquistando vuestra propia felicidad. Porque, el amor sentido y realizado en el diario vivir, hace la vida más agradable y llevadera; es, cual fuente inagotable; cuánto más se da, más se recibe. Esto da buen resultado hasta en los negocios.

Todo lo expuesto no es una ilusión ni una mística, como algún desconocedor de esta ley pueda presumir; esto es una técnica para una vida armónica y feliz.

Irradiando amor de nosotros, estamos creando una atmósfera psíquica de armonía a nuestro alrededor y una vida más feliz; estaremos vigorizando nuestras células nerviosas y las células de los tejidos, evitando un envejecimiento prematuro; estaremos contribuyendo a un más perfecto funcionamiento de las diversas glándulas endocrinas y exocrinas, reguladoras de la salud, con lo que mejoraremos la salud del cuerpo y del alma; y consecuencialmente, una suave sensación de paz y dicha inundará nuestra alma y mente. Porque, cada acto de amor genera felicidad. Además de todo ésto, cuando vibramos en amor, deseando bien a todos, estamos creando también un campo magnético protector contra las acometidas de las fuerzas negativas invisibles.

En verdad os digo que, cuando derramemos amor sobre los seres queridos en nuestro hogar y sobre los necesitados de afecto (que son muchos), amor recibiremos en manifestaciones diversas. Cuando aprendamos a prodigar amor sobre nuestros relacionados en forma de comprensión, afabilidad, servicio desinteresado, deseo y acción de bien; nuestra vida será inmensamente más agradable y feliz; aún cuando los egoístas, en su miopía psíquica, no puedan apreciar esta verdad.

Comenzad hoy mismo, al llegar a vuestro hogar, a practicar la comprensión y tolerancia hacia las imperfecciones e incomprensiones de los que componen vuestro hogar.

Tomad una actitud amorosa hacia todos los que os rodean, incluyendo aquellos que no os quieren bien, y comenzaréis a sentiros más felices. Al comienzo, puede que os cueste algún esfuerzo, pero vale la pena; ya que estaréis contribuyendo a vuestra propia felicidad.

Y por último, necesario es tener presente que, el amor puro actúa como vibración purificadora del alma humana, evitando así la acción depuradora del dolor.

Y por consiguiente, la práctica del amor en sus diversas manifestaciones, será la fuerza que abrirá la puerta de los Planos Superiores -ambientes de felicidad- al final de la actual vida terrena, librándonos de los ambientes de sufrimiento al pasar al Más Allá.

SEBASTIAN DE ARAUCO