domingo 30 de noviembre de 2008

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

EL ESPIRITISMO Y LOS TIEMPOS MODERNOS
INTRODUCCION

La ponencia que deseo exponer a continuación, pretende versar acerca del desarrollo de la doctrina, puesto en práctica por el espíritu.

No debemos olvidar, que el objetivo de la revelación es­píritu, no es otro, que el de conseguir un mayor progreso espi­ritual para la humanidad. Pero, para que esto se convierta en realidad, hemos de ser los espíritus, los que en primer lugar, podamos manifestar la doctrina en su forma más pura y clara, mediante un ejemplo de constante superación y progreso.

Es por ello, que esta ponencia, intentará desarrollarse en el sentido práctico de la doctrina, es decir, en cómo incorporamos el Espiritismo a nuestra actuación diaria y cómo debemos de ir modificando esa actuación en función del avance evolutivo de la humanidad.

Una de las características más esenciales de la doctrina, ra­dica sin duda alguna en su dinamismo. El Espiritismo es ante todo una doctrina evolutiva, por lo que, al no estar limitado por dogmas, se nos presenta como un campo infinito de estudio y conocimiento. Ya lo dijo Kardec: "El Espiritismo, marchando con el progreso, nunca se desbordará; porque si nuevos descubri­mientos le demuestran que está en un error sobre un punto, se modificará sobre este punto, y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría". Génesis, Cap. I, Pto. 55. Este hecho, nos pone de manifiesto la constante idea de progreso que emana de los postulados espíritas.

En relación con lo anterior, sería una clara contradicción que si la doctrina es dinámica, progresista y evolutiva; el espírita fuera todo lo contrario. Por lo que es necesario adoptar en nosotros la mentalidad del progreso y del cambio hacía méto­dos más efectivos de vivir y practicar la doctrina. El espírita, debe observar los tiempos en que vive y las circunstancias que a su alrededor se desenvuelven, para de esta manera, adaptarse al entorno en el que habita y poder asimilar paulatinamente, las nuevas ideas y conceptos que vayan vertiendo a la humanidad, siempre y cuando sirvan para el perfeccionamiento moral del individuo.

No obstante, pese a adoptar en nosotros esta actitud recep­tiva y abierta, nunca debemos dejar de lado los fines claros y concretos de la doctrina, para que estos nos sirvan de patrón y guía antes de aceptar o no cualquier concepto nuevo que llegue hasta nosotros.

Para concluir con esta breve introducción podríamos re­sumir lo anterior en lo siguiente: El Espiritismo es una doctri­na evolutiva y dinámica, y por lo tanto sujeta a modificaciones que la engrandezcan y la amplíen.

Por esto mismo, el espírita y su actuación también están sujetos a cambios, siempre dirigidos hacia una mayor supera­ción personal y una entrega altruista y desinteresada hacia el prójimo.

DESARROLLO

1) Evolución del Espirita:

En un principio el Espiritismo, apareció bajo un carácter estrictamente fenoménico. En aquellos momentos, era más im­portante dar que pensar a la humanidad acerca de la existencia o no del denominado mundo de los muertos.


El espiritista de aquella época, era más bien un curioso que buscaba el fenónemo por simple distracción, ignorante a todas luces de la importancia y responsabilidad que una manifesta­ción espiritual tiene. Acorde con esta actitud, los individuos que asistían a dichas sesiones, no tenían conciencia de que junto al fenómeno, se intentaba crear una responsabilidad y una nueva actuación moral en aquellos que eran capaces de co­municarse con el "Más Allá—.

El siguiente paso sería el decisivo, se hacía necesaria una orientación y un camino a seguir, por ello llegó a la tierra el codificador. Al mismo tiempo, que se marcaban pautas de conducta y se daban respuestas a las múltiples preguntas que el hombre se hacía a través de las leyes espirituales: Reencar­nación, Causa y Efecto, etc.; la codificación, venía a configu­rarse como una nueva revelación de los planos espirituales capaz de comprometer, al hombre que siguiera sus enseñanzas, a un cambio profundo en su fuero interno y en sus actuaciones de cara a los demás.

Una vez la codificación fue concluida y dada a conocer por el mundo; aquellos que asistían a las sesiones de Espiri­tismo por simple curiosidad y que no quisieron aceptar el nuevo mensaje, fueron poco a poco distanciándose de aquellos otros que con una mentalidad más abierta, supieron analizar y aceptar como propias las nuevas ideas que la codificación aportaba. Estos últimos intentaron llevar un cambio a sus vidas asesorados por los espíritus de luz con los que se comu­nicaban y guiados por el nuevo código moral que, desde lo Alto, acababa de derramarse sobre la tierra, para la renovación del hombre.

A partir de este momento, aquél que quería ser espíritu, se debía de comprometer en conciencia a una nueva actitud moral; esto, quizás disminuía el número de adeptos, pero sin embargo beneficiaba a la doctrina, porque se estaba seguro de una mayor calidad que cantidad.

Pese a todo, si el Espiritismo no ha alcanzado todavía objetivos de grandeza, no podemos caer en el error de achacar esto a la mala imagen y propaganda que de él se ha hecho. Hemos de reconocer, que en este sentido, los espíritus tene­mos también gran parte de culpa; puesto que muchas veces hemos contribuido a empañar el mensaje de la doctrina con nuestra actuación personal, al no haber intentado en nosotros esa renovación moral que es la base de la codificación.

Por ello, es necesaria una reactivación; reactivación que contemple aspectos tan importantes como: una mentalidad más abierta, una mayor adaptación a los tiempos y circunstan­cias que hoy vivimos, un olvido de los prejuicios sociales así como de todo aquello que pueda limitarnos a divulgar am­pliamente la doctrina.

Y sobre todo, es necesario basar esa renovación en un ofrecimiento sincero y sencillo hacia los demás, en un respeto hacia las demás ideas o corrientes que puedan tener los que vengan a escucharnos y por último en un olvido de vanidades y orgullos para incorporar en nosotros permanentemente el patrón de la humildad.

Aspectos muy importantes de la nueva situación sería, el intentar ponernos al corriente de las necesidades espiritua­les que esta sociedad tiene, para de esta forma poder dar a todo aquel que se nos acerque, lo que más le pueda servir para su realización espiritual; no caigamos en el error de ofre­cer aquello que nosotros queremos dar, intentemos ponernos en el lugar de los demás, para de esa forma practicar mejor la caridad.

El espírita debe ser consciente de cuál es su misión y res­ponsabilidad: estamos llamados a ser la luz de una humanidad en crisis, y esto, solamente lo podremos realizar si primero hemos conseguido internamente la paz que, queremos y tene­mos la obligación de dar a los demás.

Así pues, podemos concluir diciendo que a lo largo del tiempo, se han ido observando cambios en la-actitud del espí­rita, estas modificaciones han sido motivadas por multitud de circunstancias: sociales, de mentalidad, espirituales, etc... No obstante, siempre y cuando hayan servido para una mayor comprensión y análisis de las verdades divinas y del desarrollo del Amor en el hombre, es obvio, que dichas modificaciones han sido altamente beneficiosas.

2) Ventajas dé la actuación y las vivencias del Espiritismo en grupo:

Desde sus comienzos, la actuación del espírita se ha ve­nido desarrollando en grupo. Sin duda, aquel espírita que haya vivido también una etapa en solitario, se habrá dado cuenta de los inconvenientes que ésta conlleva. La actuación en solitario, puede tener su importancia, pero generalmente se encuentra uno limitado, y al mismo tiempo, la soledad lle­va muchas veces al desánimo y la frustración, ya que los frutos que se puedan conseguir trabajando individualmente son casi siempre escasos.

En un grupo, el trabajo del espíritu reúne dos facetas cla­ramente diferenciadas, la primera es la personal; aquella que nadie puede realizar por otro, porque se trata del esfuerzo personal por la superación moral; la segunda es la colectiva: de cara a los demás miembros del grupo de la sociedad.

Este trabajo de grupo se desarrolla con mayor fluidez que en solitario, unos a otros fraternalmente se ayudan y se dan ánimos en los momentos de flaqueza, al mismo tiempo que, si son numerosos, pueden realizar empresas, imposibles de conseguir en solitario.

En la convivencia, es cuando más sobresalen nuestros gustos, tendencias y personalismos, siendo ésta la mejor forma de localizar nuestras imperfecciones y de poder superarlas. Al mismo tiempo, el encontrarse en un grupo supone una mayor entrega y un mayor aliciente, pues puedes comprobar el trabajo de tus compañeros y su resultado, hecho que te ayuda a esforzarte cada día más y a tener la certeza de que estás en el mejor de los caminos.

Conscientes de lo que acabamos de exponer, sería de desear que la mayoría de los espíritus intentaran agruparse y formar una colectividad unida por ideales comunes de perfec­cionamiento y progreso, para, de esta manera realizar con mayor facilidad obras de caridad y ayuda a los demás, en estos tiempos de tantas dificultades y en los que la negatividad mani­fiesta toda su potencia.

Así pues, es necesario trabajar en grupo para poder en­frentar con éxito la nueva etapa que nos corresponde realizar. Debemos buscar un modelo de grupo, que reúna una serie de características capaces de realizar un espiritismo actual, dinámico, consciente y responsable y cuya mejor propaganda sea la de su propio ejemplo. Hemos de fijar unas bases y trabajar sobre ellas, para de esta forma conseguir aquello que todos anhelamos: El reconocimiento del Espiritismo a nivel mundial y más concretamente nacional.

A.LL.F.



lunes 24 de noviembre de 2008

PALABRAS DE ALIENTO

CUESTIÓN DE ACTITUD


Lucas era el tipo de persona que te encantaría odiar. Siempre estaba de buen humor y siempre tenia algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, él respondía: "si pudiera estar mejor, tendría un gemelo".

Era un Gerente único porque tenia varias camareras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las camareras seguían a Lucas era por su actitud. Él era un motivador natural: Sí un empleado tenia un mal día, Lucas estaba ahí para decirle al empleado cómo ver él lado positivo de la situación. Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Lucas y le pregunté:

No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo. ¿Cómo lo haces?... Lucas respondió: "Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, Lucas, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor". "Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello


Escojo aprender de ello". "Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida". Si, claro, pero no es tan fácil, protesté. "Sí lo es", dijo Lucas. "Todo en la vida es acerca de elecciones.

Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección". "Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú eliges cómo la gente afectará tu estado de ánimo, tú eliges estar de buen humor o mal humor".

"En resumen, TU ELIGES COMO VIVIR LA VIDA". Reflexioné en lo que Lucas me dijo... Poco tiempo después, dejé la industria hostelera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Lucas cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar contra ella.

Varios años más tarde, me enteré que Lucas hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante, dejó la puerta de atrás abierta una mañana y fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación.

Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Lucas fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una Clínica tenía dos opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir" No sentiste miedo. , Le pregunté. Lucas continuó -"Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asusté. Podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar una decisión." ¿Qué hiciste?, pregunté.

"Bueno, uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y respirando profundo grité -Sí, a las balas- Mientras reían, les dije: estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto". Lucas vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente, la ACTITUD, al final, lo es todo.


Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Lucas fue dado de alta aún con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Lucas seis meses después del accidente y cuando le pregunté cómo estaba, me respondió: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo". Le pregunté qué pasó por su mente en el momento del asalto. Contestó: "Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás.


Extraído de www.reflejosdeamor.com y publicado con su autorización, nuestro mas sincero agradecimiento.

http://www.reflejosdeamor.com/PalabrasDeAliento/palabras01.html

sábado 22 de noviembre de 2008

REENCARNACIÓN

OLVIDO DEL PASADO

Hay quienes, en su orgullo y vanidad, se resisten a admitir que puedan haber pasado por formas inferiores de vida. Y para refutar la verdad de la reencarnación o pluralidad de existencias, sostienen que tendrían que conservar la memoria de su vida anterior. Aun cuando éste es un juicio simplista, pero que puede surgir también en personas bien intencionadas, deseosas de conocer la Verdad de la Vida, necesario es aclarar este punto.

A éstos, les diremos: si una simple conmoción cerebral es lo bastante para que olvidemos los hechos de nuestra vida presente, ¿cómo ha de ser posible conservar recuerdo alguno de los hechos en nuestras existencias pasadas, no estando grabadas en el cerebro de la nueva personalidad? Si bien la Mente espiritual (o mente subconsciente de la psicología) conserva la esencia de las experiencias y aprendizajes de su vida anterior y anteriores, carece de las imágenes necesarias en el nuevo cerebro físico de la nueva encarnación.

Conservamos, sí, las ideas generales y experiencias que hayan quedado grabadas en la Mente espiritual o subconsciente. Nuestra actual personalidad, lo que consideramos nuestro carácter, todo ese conjunto de gustos y tendencias, capacidad intelectual, dinamismo, etc., son el resultado de experiencias adquiridas, de gustos y disgustos, de las vicisitudes pasadas en anteriores existencias.

Además, no recordamos nuestras vidas pasadas, sencillamente porque no están grabadas en la memoria de nuestra actual personalidad. La memoria nos refleja tan sólo aquello que, a través de los sentidos, haya sido grabado en las células del cerebro físico, ya que éste es el instrumento de manifestación de que se sirve la mente. Si bien en los individuos ya muy evolucionados, la Mente espiritual que radica en el Espíritu, se manifiesta con más intensidad, por lo que pueden recordar algunos pasajes de su vida anterior y hasta dos o tres vidas atrás. Aquellos que han alcanzado esta condición, pueden también vislumbrar, con mayor o menor intensidad, la vida y actuación en el plano o planos etéreos del espacio, de su vida espiritual antes de encarnar; por lo que, algunos de éstos en sus meditaciones, llegan a esos estados de desdoblamiento conocidos con la denominación de éxtasis. Pero en cambio, esta visión anterior al renacimiento por aquellos que hayan pasado por las zonas inferiores tenebrosas del astral, sería causa de grandísimos sufrimientos y otros males.

Las leyes de la Vida, emanadas de la Máxima Sabiduría Cósmica, son perfectas. Y si algo nos parece imperfecto, se debe a nuestro desconocimiento de esas leyes.

Hagamos algunas consideraciones acerca de las ventajas que significa el olvido del pasado. Analicemos con detenimiento.

¿No sería un martirio para nosotros, recordar nuestros actos delictuosos, nuestras víctimas, nuestros victimarios y aun nuestras vergüenzas de vidas recientes?

El conocimiento de un pasado lleno de errores, embrutecido, como el de la mayoría de nuestra humanidad actual, sería una carga tan pesada, que sólo los seres muy fuertes podrían, quizá, soportar. Pero, sería motivo de crueles in- quietudes para los seres más débiles en lucha con su destino.

Aquellas personas que en su última vida pasada hayan tenido una existencia fácil, de riquezas, lujos y derroches, y la vida actual de pobreza y dificultades sin cuento (compensación por la Ley de Consecuencias), ¿podría soportarla?

Si una persona que haya sido ultrajada, o le hubiesen 'ultrajado una hija, esposa o esposo en una vida anterior, y se encontrase con el ultrajador (identificándolo) en el círculo de sus relaciones sociales, ¿qué acontecería? Supongamos que una persona conservara la memoria del pasado y por ello identificara entre sus amistades a otra persona que, en alguna de sus vidas pasadas le hubiese acusado de un crimen no cometido y por el cual hubiese pasado varios años en una cárcel, en alguno de aquellos calabozos antiguos, o perseguido por el fanatismo religioso hubiese ido a parar a las mazmorras de la Inquisición ... ¿que acontecería?

Y por último, ¿podría un niño soportar el recuerdo de las escenas de actos malvados ejecutados en vidas anteriores o persecuciones en el pasado? Sin duda, enfermaría en la mayoría de los casos, y hasta enloquecería con la repetición en formas de alucinaciones.

SEBASTIAN DE ARAUCO



Nota: Publicado en Amor paz y caridad Nº 17 noviembre 1983 del libro "3 enfoques sobre la reencarnación"







miércoles 19 de noviembre de 2008

PÁGINA POÉTICA

Rumbos Aciagos


Un día más, va pasando

la procesión de la Vida

por los caminos del tiempo,

en su carrera infinita.


Y bajo el temor morboso

de la muerte incomprendida,

los eternos caminantes

apresurados caminan.


Como la Vida es un soplo,

hay que apurarla deprisa,

por si no hay tiempo mañana

para gozarla y vivirla.


No se dan cuenta que el tiempo

no tiene fin ni medida,

y que todo lo que muere

se renueva cada día.


Su objetivo es caminar

tras del placer y la dicha,

de los valores del alma

renunciando a la conquista.


Dios no existe, es un engaño,

la materia es lo que prima,

lo real y verdadero,

lo demás... es fantasía.


El dinero es lo importante,

quien hace grata la Vida;

quien da el poder y la gloria,

el que todo lo conquista.



Y así, un día tras otro,

la procesión de la Vida,

con sus luces y sombras,

eternamente camina.


Y el hombre, sin comprenderla,

en las tinieblas se abisma

en pos del filón del oro,

tras del placer y la dicha.


Y cuando llega la muerte

-prolongación de la Vida-

le coge desprevenido,

sin consciencia de la misma.


Y de nuevo en las tinieblas

vaga su alma, cautiva

de las pasiones, humanas,

prisionera de si misma. . .


Negación tras negación,

el hombre se auto aniquila,

y sumido en las tinieblas,

vida tras vida camina.


Por los goces de la carne,

los del alma sacrifica,

no importándole el mañana,

sino el presente hedonista.


No se da cuenta que el tiempo

no tiene fin ni medida,

y que todo lo que, muere

se renueva cada día.


Porque la Vida es eterna

y en ella todo palpita,

nada se extingue y se muere,

porque Dios todo lo anima.



Por más que el hombre le niegue,

es la energía Divina

que sustenta el Universo

y todo lo inmortaliza.


El es la luz de las almas

que ante Sus Leyes se humillan,

y al encuentro de Su Amor

esperanzadas caminan.


El que alumbra nuestros pasos

sin descanso, noche y día,

cuando en nuestros corazones

sabemos darle acogida.


JOSÉ MARTINEZ

domingo 9 de noviembre de 2008

RECORDANDO EL PASADO

EL MEJOR CAMINO


El desenvolvimiento de la Vida se hace tan pesado y difícil, que el hombre curtido en las luchas por la existencia tiembla pensando cuál será el trabajo encomendado y cuál el fin de su realización; pero si ese hombre busca y analiza las causas, el porqué de tan tristes y pesados acontecimientos, puede muy bien desenvolverse sintiendo en su conciencia la voz de la razón, que ha de guiarle por sendero recto y seguro, capeando cuantos escollos e inconvenientes se le presenten.

La vida para el hombre de altas cualidades no puede ser otra que un espectáculo interesante con emociones más o menos intensas, y que él, como simple espectador, si a esto se ajusta, no ha de sacar más que las sensaciones propias por la mala o buena representación. Aunque en el teatro en que nos encontramos, todos tomamos parte en esa obra que se llama progreso del espíritu; puede ser uno simple espectador desde el momento en que es posible estar fuera del alcance de las bajas y ruines pasiones, deteniendo el brazo fratricida, parando el golpe de su adversario.

Muchas veces, pensando en el, al parecer, desconcierto de la Vida, me he hecho ciertas reflexiones, sacando en consecuencia lógicas apreciaciones. Dos son las palancas que mueven al hombre en su desenvolvimiento: el bien y el mal. Dejemos a un lado los adornos más o menos adecuados de que muchas veces se ven revestidos estos dos elementos, precisa presentarlos completamente desnudos para mejor apreciar sus cualidades. Aquellos seres que por egoísmo o mala fe siembran la semilla de la discordia, han de más tarde el fruto insano que se llama remordimiento, tocando las consecuencias del mal; y aquellos que con sentimientos nobles y altruistas enjuagan las lágrimas del que sufre, se hallan dentro del verdadero bien y han de sentir la satisfacción propia por el acto realizado.

Se que alguno contestará a mis apreciaciones con la sonrisa del que ve en estos actos la imposibilidad de su realización, diciendo que la humanidad es egoísta y no está en condiciones de apreciar tales virtudes ni ejecutar actos de tal transcendencia, pues el egoísmo se impone y destruye los más grandes ideales y principios. A estas objeciones puede contestarse fácilmente tomando como punto de partida la realización del bien por el bien mismo.

Figurémonos una sociedad cual la presente donde impera la lucha de clases, guiados todos por un fin, el de mejorar su condición y estado valiéndose de los medios que más se ajustan a sus ambiciones y deseos, sin mirar si estos medios se salen del cauce de la justa y noble lid; tendremos como consecuencia lo que hoy tocamos: una terrible lucha, poniendo en juego los más ingeniosos ardides y las armas más repugnantes, viviendo en constante zozobra por verse sujeto por el lazo de sus mismos amigos.

Al grande y al poderoso, se le ve revestido de la coraza de la fuerza como un salvoconducto por temor de una triste sorpresa del más pequeño, cuyo peso le anonada, y por lo tanto, su felicidad está muy lejos de él.

El pobre, el indigente, sugestionado por el odio, la envidia y la falta de medios de subsistencia, maldice al potentado, y como hambriento lobo espera coger su presa para devorarla; ese ciego antagonismo destierra de él la dicha tan deseada, creando en su conciencia la ponzoña de la desesperación.

El que puede desenvolverse con alguna facilidad, recogiendo con noble trabajo el fruto que haga frente a sus perentorias necesidades, éste ni es odiado ni envidiado, pero sufre por el ambiente que le rodea, por ser el intermediario de los dos extremos, tocando las consecuencias de uno y otro estado.

No es que yo quiera hacer descender al más poderoso confundiéndole con el más humilde, sólo quiero y veo en ello posibilidad, que el mayor no tema y el pequeño no odie, complemento que traería la relativa felicidad de todos.

El Espiritismo, que como lema principal tiene el Amor y como programa hacer la gran familia universal, puede muy bien hacer desaparecer ese antagonismo de las clases con sólo atraerse a su seno a esas potencias diciéndoles: a mi lado seréis felices si os desprendéis de ese egoísmo insano que a nada conduce más que a vuestra constante intranquilidad. El Dios verdad aquí lo encontraréis, sólo con el pequeño sacrificio de amaros los unos a los otros.

RAMÓN ESQUEMBRE MARCOS


Publicado en “La luz del porvenir” de Valencia el 1 de febrero de 1912.







domingo 2 de noviembre de 2008

LEYES UNIVERSALES

EL BIEN Y EL MAL





Algunos argumentos sobre estos dos aspectos.

Libre albedrío como factor evolutivo.



El bien y el mal son dos aspectos contrapuestos consecuenciales del uso que las gentes hacen de su libertad o libre albedrío; libertad que la Sabiduría Cósmica concede al Espíritu humano.



A diario vemos personas con una tendencia bien marcada hacia la práctica del bien, así como otras personas inclinadas al mal. Y en los tiempos actuales podemos apreciar ya la existencia de organizaciones humanas orientadas hacia el bien, pero también organizaciones humanas orientadas hacia el mal en los diversos y lamentables aspectos; por lo que, algunas personas, juzgando por las apariencias, creen que el mal existe y que es algo esencialmente negativo. Sin embargo, el mal no es más que una consecuencia, un efecto de las actuaciones del ser humano (encarnado y desencarnado) haciendo uso de su libertad. Y en el curso de esta lección, será explicada brevemente la influencia y acción de los seres del mal (desencarnados) y como se contrarrestan.



Como ya conocemos, el Universo todo está regido por leyes sabias y justas. Leyes emanadas de la Sabiduría Cósmica, en un funcionamiento perfecto para el progreso y felicidad de todo lo creado. Y siendo el mal contrario al progreso y a la felicidad, la más elemental lógica nos lleva a la conclusión que el mal no es creación de Dios, sino de los hombres. Luego, el mal no tiene existencia propia sino resultado de la acción del hombre en el uso de su libertad. El bien, es la manifesta­ción de la Ley del Amor. El mal es el efecto de la transmuta­ción de la vibración positiva en negativa, cuando el individuo, desoyendo la “voz de la conciencia” (que es la llamada del Espíritu), se deja dominar por alguna pasión que le obceca y le torna intransigente, o por el egoísmo y ambición económica y de poder, que llegan a turbar la razón.



¡Cuántos se enredan en los caminos del mal, llevados por una ambición material que acaso les dé lo que anhelan; pero, perturbando su paz interna que vale más que la riqueza material, hipotecando la felicidad de vidas futuras!.



Otros, en su ambición de autoridad, sacrifican su propia conciencia y dignidad, prestándose para abusos de autoridad, creando con ello destinos futuros de dolor.



Ciertas mentalidades miopes que solo buscan el dinero y posesión de bienes materiales a cualquier precio, sin percatarse que van creando en su psiquismo una desarmonía vibratoria que les arrastrará irremisiblemente a la frustra­ción. Y lo curioso es que no se percatan de ello hasta que han caído en ese estado, cuyos síntomas primeros son: el tedio, hastío y aburrimiento (que tratan de disiparlo en las diversio­nes) hasta caer en la ansiedad y desesperación. Porque, la riqueza material por sí sola, es incapaz de crear felicidad. Sólo el bien, en sentimiento y acción, puede generar felicidad. La ambición humana va creando para sí destinos de dolor en sus acciones de mal, efectuadas en su ceguera psíquica. La ambición, el orgullo y el amor propio, dominan a muchos y no les deja ver el precipicio de la frustración hacia el cual se encaminan inconscientemente.



Aquellos que, cegados por una pasión hacen sufrir o en algún modo hacen daño a sus semejantes, están creando y alimentando inconscientemente unas fuerzas que actuarán contra ellos mismos en el futuro, pasando por el sufrimiento y daño causado.

Aquellos que, para imponer su conveniencia o capricho pisotean la dignidad y los derechos de los más débiles, serán a su vez pisoteados. Aquellos que, para obtener un beneficio económico o posición, engañen o perjudiquen a los demás; están engañándose y perjudicándose a sí mismos.



Y de estas reflexiones fundamentadas en la Ley de Consecuencias o Causa y Efecto, podéis sacar conclusiones en los varios otros aspectos de la vida.



La práctica del mal es el mayor error que el ser humano pueda cometer. Y dado el primer paso en el camino del mal, se desciende rápidamente en la pendiente de ese camino, en el que medra el vicio y el crimen. Es en el comienzo cuando se debe reflexionar, antes de continuar descendiendo y caer en la perversidad.



Y, ¿por qué las gentes practican el mal? Sencillamen­te, por ignorancia, por desconocimiento de las consecuencias. Por tanto, es necesario llevar a las gentes el conocimiento de estos conceptos de verdad, y con ello estaremos contribuyendo a reducir el sufrimiento (al contribuir a evitar las causas), así como a la felicidad de esas gentes.



Cierto es que no todos os escucharán, ya que hay personas que en su ceguera mental y en su atraso evolutivo, no ven el sol de la verdad, y suelen resistirse a todo aquello que les aparte del fango en que se hallan. Para esos hablará el dolor.



No obstante, si lleváis a la comprensión de las gentes que toda acción de mal recaerá sobre el mismo que la haga, puede que en el momento os parezca que no le dan importancia; pero, esa verdad, ese concepto de verdad dado con amor, irá repitiéndose en su mente y rendirá su efecto.



No os dejéis engañar por la pasividad y el comodismo, que son fuerzas psíquicas frenadoras de las realizaciones e impedimento del progreso espiritual.



Nada ni nadie puede apartarnos del camino del bien, si estamos firmemente determinados a transitar por él. Las circunstancias y las fuerzas del mal pueden llegar a ejercer presión sobre nosotros, incidiendo en nuestras debilidades; pero, si recurrimos a nuestro poder interno y lo ponemos en acción, seremos invencibles. Haciendo uso del libre albedrío, podremos crear el deseo y éste mueve la voluntad que lleva a las realizaciones.



Nadie da ni quita la paz del Espíritu, pues ella se gana o se pierde en el camino elegido: hacia el bien o hacia el mal. Tenemos el libre albedrío, esa libertad de acción que, por sí sola nos refleja la sabiduría de las leyes divinas. De como la apliquemos, atraeremos hacia nosotros la felicidad o la infelicidad, nos elevaremos o nos hundiremos.



Hemos de considerar que, en las fases inferiores de la etapa humana, en la “infancia” espiritual, el Espíritu carente aún de las experiencias necesarias, es arrastrado por el egoísmo e inconscientemente cae en el mal; como podemos apreciar fácilmente en ciertos sectores de nuestro conglomerado humano. No obstante, al cabo de muchas y muchas vidas de error, el Espíritu va despertando y desarrollando sus facultades, va aprendiendo por medio de las vidas de dolor que el mal no debe practicarse. Y en cada nueva encarnación viene determinado a corregirse y vencer las tendencias que le han venido arrastran­do al mal. Pero, inmerso de nuevo en la carne, pierde el recuerdo de su compromiso. No obstante, en un grado de intensidad mayor o menor, según sea el progreso alcanzado, el Espíritu manifiesta por medio de sensaciones que denominamos “voz de la conciencia”, su deseo de superación contra las atracciones y circunstancias del medio ambiente. Y muchos espíritus bien intencionados sucumben de nuevo, por no sobreponerse a las atracciones que sobre su personalidad ejerce el medio ambiente y las circunstancias.



La práctica del bien es el camino más seguro para nuestra redención. Pero, para que ese bien sea fructífero, hemos de hacerlo con amor, desechando toda idea de retribución, ni siquiera la de agradecimiento, y con ello evitaremos las desilusiones y las amarguras de la ingratitud. Toda acción de bien debe ser realizada con amor sentido, o al menos con deseo de hacer el bien por el bien mismo, con lo cual el alma va sutilizándose para permitir al Espíritu continuar su ascensión.



La práctica del bien es la que nos permitirá el rescate voluntario de nuestros hechos delictivos en el pasado. El mayor criminal puede abreviar largos años de sufrimiento que le correspondería por sus maldades, entregándose a la tarea del rescate, a través del servicio fraterno y benéfico a sus semejantes. Todos hemos cometido errores más o menos graves, todos somos deudores ante la Ley, por errores incurridos voluntariamente o arrastrados por las circunstancias. Y la práctica del bien es nuestra puerta de salvación.



Debido a que son muchos los humanos que hacen daño a otros, que actúan en el mal, presionados y obsesionados por las fuerzas negativas del astral inferior, o seres del mal desencarnados, necesario es hacer una breve aclaración:



Libre albedrío.- Como vamos conociendo, el fin primordial de la vida humana y de toda la creación, es progresar, evolucionar. Y a tal fin están orientadas las leyes divinas. Y entre éstas, está la ley de la libertad o del libre albedrío, que concede al ser humano la facultad de tomar sus propias decisiones y realizarlas, de modo que el Ser o Espíritu sea el forjador de sus destinos.



El Libre albedrío es el derecho que nos otorgan las leyes divinas para dirigir nuestra propia vida, en el ejercicio de la libertad de acción. Pero, con ello, adquirimos también la responsabilidad del uso que de él hagamos. Podemos escoger el camino del bien o del mal, tenemos libertad para ello; pero responsables somos de los resultados. Si tomamos el camino del mal en vez del camino del bien, tendremos que afrontar las consecuencias dolorosas que la práctica del mal genera. Esa es la Ley, y de la cual no podemos escapar, porque está inmanente en nosotros mismos.



Quien transite por el camino del bien, percibe una paz y armonía que hacen agradable la vida, y ayuda a superar las vicisitudes adversas que, para el desarrollo de las facultades del Espíritu, se nos presentan; con lo cual se engrandece y asciende. En cambio, si abusa de este derecho y se aparta libremente del camino del bien y del amor, practican­do el mal, desarmoniza su vida y comienza a descender hacia los abismos de la desesperación y del dolor, retardando su ascenso espiritual. El libre albedrío es relativo, tiene sus limitacio­nes. Está condicionado al grado de evolución alcanzado. Por ello, la responsabilidad es progresiva. Así, a mayor conoci­miento y sabiduría, mayor responsabilidad por su mayor capacidad de acción.



De todo lo expuesto puede decirse fácilmente que el mal no tiene existencia propia, sino como acción del hombre que, en su ignorancia, se desvía del camino del bien. El bien es la ley. El mal es la oposición a la ley. El bien sentido y practicado protege de las influencias de las fuerzas negativas, de las entidades maléficas, y va generando las condiciones creadoras de felicidad, mientras que el mal, atrae a las fuerzas negativas y va generando las condiciones causantes de infelicidad y dolor.



SEBASTIAN DE ARAUCO