sábado 27 de diciembre de 2008

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

(CONTINUACIÓN DEL MES ANTERIOR)


EL ESPIRITISMO Y LOS TIEMPOS MODERNOS

3) ¿Cómo podemos realizar y vivir el Espiritismo en un Futuro inmediato?
Ya hemos hablado anteriormente de la evolución del espírita en relación a la evolución de la sociedad. Pero esta evolución de la humanidad ha supuesto un cambio en la mentalidad y una constante transformación de las ideas. Esto ocurre también con las ideas espirituales que no se quieren anquilosar, y es debido, ni más ni menos, a que, nuevos tiempos, exigen nuevos horizontes espirituales.

Para que los espiritistas, podamos ofrecer a la humanidad lo que necesita en estos momentos, hemos de tener en cuenta, en primer lugar el factor de la "renovación', sin ella es imposible adaptarse y por lo tanto debe ser colocada como primer cambio de actitud en nosotros. Siempre dejando bien claro, que en ningún momento nos podríamos apartar del fin concreto que la doctrina espírita persigue: "El progreso moral de los espíritus, tanto encarnados como desencarnados–.

En segundo lugar, tendríamos que buscar un modelo de trabajo y unos métodos de actuación que estén avalados por resultados comprobables. Se trataría de conseguir un nuevo trabajo de grupo, más compacto y uniforme, y con amplios resultados prácticos. Para ello, fijaremos a continuación una serie de características que no son fruto de la improvisación, sino experimentadas ya ampliamente en varios grupos de todo el mundo y avaladas por excelentes resultados.

Sobre bases como el razonamiento, la libertad de pensamiento, la libertad de decisión, la explicación a fondo del conocimiento de las leyes espirituales y en concreto de la Reencarnación y sobre todo, la explicación y localización de las imperfecciones morales, es como podremos poner en marcha un grupo sano, encargado de recoger las inmensas inquietudes espirituales que la juventud de hoy tiene y que a veces, mal canalizadas, lleven al desengaño y al materialismo.
Esta labor es ardua y difícil, pero es la que nos hemos comprometido a realizar los espíritus y por lo tanto, no podemos eludir la responsabilidad. No olvidemos, que muchas veces, de nosotros dependerá el que las personas tomen conciencia de su responsabilidad aquí en la tierra y el que la quieran llevar hacia adelante. Por ello, para no desviar a nadie de su verdadero camino y para realizar nosotros el nuestro nunca debemos imponer que lo nuestro es lo único y verdadero; debemos ofrecer e invitar, dejando libertad de decisión a la persona que nos escucha.

4) Características principales del nuevo trabajo de grupo:

Hemos hablado anteriormente de que el trabajo del espirita se desarrolla fundamentalmente en grupo, y de que este grupo debe renovarse para ir en consonancia con los tiempos que corren y la nueva mentalidad de las gentes. Para ello, podemos enmarcar algunas de las características que, a nuestro modo de ver, debería reunir un grupo de este tipo:

Ansias de trabajo y de superación constante: Es necesario, antes que otra cosa, que los componentes de este grupo deseen trabajar en lo espiritual, para ello deben tener una conciencia clara del por qué y para qué de la vida, este conocimiento lo obtendrían a través del estudio sistemático de la doctrina. Al mismo tiempo, con una constante vigilancia de nuestros defectos morales e intentando que no afloren y perjudiquen a los demás, estaríamos consiguiendo el ponernos en condiciones para formar parte de ese grupo.
Mentalidad libre y analítica: Es necesaria una mentalidad libre y racional, para poder estar en condiciones de aceptar nuevas ideas que sirvan al enriquecimiento de la doctrina. Al mismo tiempo, una exposición clara y sencilla de las ideas, dejando la libertad de decisión para el que escucha, es altamente beneficioso, puesto que cuando esa persona ya ha decidido penetrar en la doctrina, lo hace por sí misma y convencida plenamente. Este convencimiento lleva a la persona a una mayor responsabilidad de sus actos.

Conciencia de una misión, seguridad y fe: Una vez convencida esa persona de la decisión que ha tomado, el paso siguiente sería el volverse consciente de la responsabilidad que se tiene y de la necesidad de realizar lo mejor posible la misión para la que ha venido a la tierra. La fe surgiría de dos formas: una innata; que es la que todos, en mayor o menor medida llevamos dentro, y otra, razonada; que vendría dada por la comprensión de las leyes espirituales. La seguridad se obtendría por los resultados que el grupo fuera cosechando paulatinamente: "Por el fruto se conoce el árbol—.

Convivencia, unión y seguridad: La experiencia de los grupos que están llevando a cabo estas directrices, nos está confirmando que este punto es básico y que gracias a él, se cosechan resultados más rápidamente. La convivencia sería doblemente necesaria. Por un lado, ayudaría a la superación personal; ya que es precisamente conviviendo con los demás, cuando más afloran y se manifiestan nuestros defectos, teniendo la oportunidad de localizarlos mejor para poder erradicarlos cuanto antes. Y en segundo lugar, la convivencia, llevaría al logro de una mayor unión y sinceridad entre todos los componentes de dicho grupo, formando de esa manera un bloque compacto en ideas y actuación y capaz de responder con seguridad ante cualquier tipo de eventualidad. La convivencia aporta también una mayor seguridad en cada uno de los componentes de ese grupo, pues, se dan perfecta cuenta de que no están solos recorriendo el camino y al mismo tiempo tienen la certeza de que los demás les van a ayudar en los momentos de flaqueza.

Alegría y esperanza constatada: Conscientes de la responsabilidad y con las ideas claras acerca de su actuación, se necesitaría del entusiasmo que proporciona la alegría en cada uno de los componentes de ese grupo. La fuerza del optimismo alejaría para siempre la negatividad de la depresión y si aún esta surgiera, el ánimo y la alegría de los demás componentes del grupo, sacarían a esa persona hacia adelante. La esperanza de que se está en el camino y de que se trabaja en lo que nos hemos comprometido, vendría constatada por el progreso y avance espiritual de cada uno de los componentes y por los resultados del propio grupo en general.
Trabajando a fondo en estos objetivos, se lograría la solidez necesaria para una difusión de las ideas más puras y limpias. Ya no habría peligro de una separación, porque habría seguridad y unión, ya que el esfuerzo constante de cada uno de los componentes del grupo por eliminar sus defectos, evitaría cualquier roce o fricción. Al mismo tiempo, se conseguiría un ambiente permanente de armonía y de paz que sería altamente beneficioso para divulgar la doctrina y para realizar cualquier tipo de manifestación o trabajo con el "Más Allá".

Así pues, con todo lo dicho, debemos de sacar la conclusión de que está en nosotros, y siempre ayudado por lo Alto, el conseguir unas metas más amplías de superación y progreso. De esta forma, daremos al Espiritismo el prestigio que merece como doctrina de la nueva era y de esclarecimiento del hombre.

Sería de desear que lo que aquí hemos expuesto, fuese sometido al análisis de la razón y pudiera servirnos de algo para caminar más deprisa en el sendero de la evolución. Nos sentiríamos doblemente satisfechos, si lo dicho anteriormente, nos fuera provechoso para solucionar problemas que se presentan, a la hora de poner en práctica líneas y métodos de actuación en los grupos espíritus.

CONCLUSION

Hemos querido finalizar este sencillo trabajo, con una alusión concreta al problema que nos ocupa en este Congreso y que sin duda, se está convirtiendo ya en una realidad maravillosa: LA UNION DEL ESPIRITISMO ESPAÑOL.

Las circunstancias que han marcado a nuestra nación durante un largo tiempo, han impedido que el Espiritismo Nacional pudiera continuar la brillante carrera de principios de siglo. No obstante cuando los detractores del Espiritismo creían haber acabado con él, es entonces cuando surgen por doquier espíritus de antaño y de ahora, jóvenes y adultos que, unidos por un ideal común, intentan reavivar el Espiritismo Nacional y colocarlo en el lugar que merece; de ahí la realización de este Congreso.

Sin embargo, el tiempo ha hecho verdadera mella y ha conseguido que se perdiera el contacto que muchos tenían, las circunstancias sociales impedían hasta hace poco, la divulgación de la doctrina. Esto ha hecho que los grupos sean escasos, o si bien los hay numerosos, que no tengan unas líneas muy definidas por su juventud. Por ello, es ante todo necesario, el formar y unificar grupos con líneas claras de actuación, para ello, pudieran humildemente servir, las que hemos esbozado en esta ponencia.

Pero al mismo tiempo, el contacto y la convivencia de unos con otros nos debe servir de mucho; no sólo para conocernos, sino para intercambiar experiencias, problemas, soluciones, a fin de que podamos unificar criterios y marchemos unidos hacia la meta común.

Sabemos que compartimos los mismos ideales, no obstante, nuestra forma de hacer las cosas puede variar, porque variados y diferentes somos unos de otros, esto, no puede ni debe ser un obstáculo para la unificación, sino un aliciente más, que aporte un mayor acervo de experiencias y maneras de hacer las cosas. De esta forma, tendremos más opciones, a la hora de decidir, qué es lo más correcto y cómo debemos ponerlo en práctica. Para ello deberemos fijarnos en los resultados; indudablemente, una idea que vaya avalada por resultados comprobables y altamente satisfactorios, será más digna de tomar en cuenta, que no otra, que manifieste pobreza a la hora de los logros conseguidos.

Otro obstáculo, que pueda impedir la unificación, podría ser nuestra falta de humildad; si creemos que nadie nos vaya a enseñar nada y que lo nuestro es lo mejor, difícilmente podremos aceptar nada que venga del hermano de al lado y que esté demostrando que es algo más práctico, real y beneficioso de lo que nosotros tenemos. Por ello, debemos ya, de una vez por todas eliminar el orgullo de nosotros para, con una mentalidad libre y analítica, poder asimilar y aceptar como propias, aquellas ideas que contribuyan al engrandecimiento de la doctrina y del Espiritismo Español.

Una vez estemos en este camino de unificación, es deber importante para nosotros, el cumplir con la responsabilidad que tenemos adquirida. Para eso, debemos concienciarnos de la misión a realizar y olvidándonos de todo tipo de prejuicios—que nos limitan en nuestra actuación— pasar a divulgar la doctrina amplia, valiente, honrada y eficazmente. Nuestro ejemplo corroborará que el espiritismo es la doctrina que necesitan en estos momentos la humanidad y los españoles podremos colocarnos a la altura de nuestros hermanos espiritas de otros países.

La unión que pretendemos conseguir, debe ser, en todo momento, realizada bajo nuevos criterios que amplíen y engrandezcan la aportación del Espiritismo Español al Espiritismo Mundial, y que borre para siempre la nefasta imagen que tiene de él la sociedad española.

No nos quepa duda de que si nosotros, materiales, ponemos todos los esfuerzos necesarios para conseguir esta unión, desde lo Alto recibiremos, no sólo ayuda espiritual, sino la complacencia del Padre, que verá con satisfacción que su excelsa voluntad está siendo cumplida.


A.LL.F.

jueves 25 de diciembre de 2008

PALABRAS DE ALIENTO

NAVIDAD ES...


Navidad es mucho más que adornos, regalos, fiestas, luces y celebraciones...

Navidad quiere decir nacimiento, vida, crecimiento...

Y la Navidad de Jesús tiene un significado mucho especial para el Mundo.

Generalmente no se celebra el nacimiento de alguien que murió hace más de dos milenios, a
menos que ese nacimiento tenga algo a nos enseñar.

Pensando así, la Navidad de Jesús debe ser meditada todos los días, y vivida de la mejor
manera posible.

Si así es, debemos convenir que Navidad es mucho más que rellenar un cheque y hacer un
donativo a alguien que necesita de esa ayuda.

Es mucho más que comprar una cesta básica y dársela a una familia pobre...

Es mucho más que el cambio de regalos, tan de costumbre en esa época.

Es mucho más que reunir la familia y cantar.

Es mucho más que patrocinar la cena de la empresa y reunir jefes y empleados alrededor de la misma mesa.

La verdadera celebración de la Navidad de Jesús es la vivencia de Sus enseñanzas en el
día-a-día.

Es mirar a los ojos de aquellos que conviven con nosotros y buscar entender, perdonar, envolver con cariño eses seres humanos que trillan el mismo camino que nosotros.

Es detenerse delante de un niño y prestar atención en lo que sus ojos dicen sin palabras...

Es sentir compasión por el más perverso criminal, entendiendo que él es nuestro hermano y que se hace violento porque desconoce la paz.

Es preservar y respetar la naturaleza que Dios nos concede, como medio de progreso, y hacer
esfuerzos reales para construir un mundo mejor.

La Navidad es para ser vivida en los momentos en que todo parece sucumbir...

En las horas de enfermedades, en las horas en que somos traicionados, que alguien nos
calumnia, que los amigos nos abandonan...

Todo eso puede parecer raro y hasta podrás pensar que esas cosas no tienen nada que ver con
la Navidad.

Entretanto, Jesús solo vino a la Tierra para enseñarnos a vivir, y no para ser recordado de año
en año, con prácticas que no reflejan madurez, o deseo sincero de aprender con Esa Estrella de primera grandeza...

Él vivió el amor a Dios y al próximo...

Él vivió el perdón...

Sufrió calumnias, abandono de los amigos, traición, injusticias variadas...

Dedicó Sus horas a las almas sedientas de amor y conocimiento, no importando si eran ricos o
pobres, justos o injustos, poderosos o sin prestigio ninguno.

Su vida ha sido el mayor ejemplo de grandeza y sabiduría.

Por ser sabio, Jesús jamás estableció cualquier diferencia entre los pueblos, no creó ningún
templo religioso, no instituyó rituales ni recomendó prácticas exteriores para adorar a Dios o como condición para conquistar la felicidad.

Él hablaba de las verdades que bien conocía, de las muchas moradas de la Casa del Padre, de
la necesidad de adorar a Dios en Espíritu y Verdad, y no aquí o allí, de esta o de aquella manera.

Dijo que el Reino de los Cielos no tiene apariencias exteriores, y no es un lugar a que
llegaremos un día, sino que está en la intimidad del ser, para ser conquistado en la vivencia diaria.

Y es ese reino de felicidad que precisa ser buscado, aprendido y vivido en los mínimos detalles, en todos los minutos de nuestra corta existencia...

Bueno, Navidad es todo eso...

Es vida, y vida abundante...

Es camino y verdad...

Es la puerta...

Es el Buen Pastor...

Es el Maestro...

Es el mayor Amigo de todos nosotros.

Piensa en todo eso, y busca vivir bien estas Navidades...



sábado 20 de diciembre de 2008

REENCARNACIÓN

OLVIDO DEL PASADO (2)

Saliendo recién nuestra humanidad de la bestialidad feroz, ¿qué ventajas podría darnos el recuerdo de un pasado de odios e injusticias, de vergüenzas y lágrimas que hemos hecho derramar, de dolor y sangre vertida por culpa nuestra?.

¿Qué puede ser el pasado de cada uno de nosotros? Bestialidad, resentimientos, odios, venganzas, injusticias y toda una larga lista de errores que perturbarían nuestro equilibrio psíquico, convirtiendo la vida en un tormento. El Espíritu, débil aún, no podría resistir.

No obstante, mediante el olvido de todo ese pasado, renaciendo a una vida nueva, en un ambiente generalmente distinto, con una nueva educación, la perspectiva cambia completamente.

Siendo cada vida una nueva oportunidad de progreso, este recuerdo sería un gran impedimento para cumplir el destino de cada cual. ¡Bendigamos el olvido temporario, que el Eterno Amor nos concede a través de Sus leyes! El conocimiento integral de nuestras vidas pasadas, nos presentaría inconvenientes temibles, horrorosos, no tan sólo desde el punto de vista individual, sino también colectivo; puesto que introduciría en la vida social elementos de discordia, fermentos de odio que agravarían e impedirían todo progreso moral espiritual. Los criminales de la historia reencarnados para expiar, verían de nuevo las vergüenzas las iniquidades de todos los siglos, expuestas ante sus ojos. El pasado acusador, sería la causa de múltiples sufrimientos. Dios, en su infinita sabiduría y amor, nos evita todas estas torturas y otras más, mediante este fenómeno psíquico (dentro de la Ley de Vibración), cual es la privación del recuerdo y conocimiento de nuestro pasado, una vez entrado en el cuerpo carnal.

El olvido del. pasado que la Divina Misericordia nos ofrece, constituye una bendición; a fin de que no veamos en las personas con ,quienes. convivimos como familiares o como amigos, un posible enemigo de vidas anteriores. Y esto es lo que significa el concepto del perdón. Muchos teólogos sostienen ya que el perdón no exime de la expiación. Un nuevo cuerpo físico, es un gran auxilio para las almas torturadas por los remordimientos de un pasado tenebroso,de grandes errores o crímenes. Una vida nueva, es una inteligente manera de olvidar los sinsabores y volver a rehacer el trabajo interrumpido, sin la angustia del hastío. Es un renovarse semejante a un florido despertar, porque nuevos bríos nacen con la nueva vida.

¡Cuántas cosas quisiéramos borrar todos, aun de nuestra vida actual, que son otros tantos obstáculos para nuestra paz interior!

¿No vemos hoy, a la psicoterapia moderna, aplicando procedimientos hipnóticos y otros, para borrar de la memoria de algunos pacientes psicópatas torturados por recuerdos desagradables o dolorosos de su vida actual?

Recibimos un cuerpo nuevo con un cerebro virgen, en el cual se irá grabando lo que los sentidos físicos perciban, y a través del cual serán nuestros recuerdos, como humanos.


EN CADA EXISTENCIA TENEMOS UNA OPORTUNIDAD

DE PROGRESO. ¡¡APROVECHEMOSLA!!



SEBASTIAN DE ARAUCO


(CONTINUA)



Nota: Publicado en Amor paz y caridad Nº 18 enero 1984 del libro "3 enfoques sobre la reencarnación"

martes 16 de diciembre de 2008

PÁGINA POÉTICA

SUPERATE

Si el dolor de vivir te lacera
y el perfume del lirio te embriaga
bajo el cielo de la primavera,
¿No es menor el dolor que te llega?

Si la mano del bien te desvía
de las sombras del mundo y del mal,
¿no es placer el sufrir cada día
para hacerse más fuerte y cabal?

Si en las sombras del mundo caminas
con la luz de la muerte en el alma,
¿no es mejor coronarse de espinas
que vivir sin sosiego y sin calma?

Siembra amor, siembra luz sin recelo;
no te inquiete el dolor de vivir.
La semilla germina hacia el cielo
para darnos su fruto y morir.

Quien su frente corona de rosas,
no es de Cristo discípulo fiel;
ni es un cáliz de piedras preciosas
portador de la luz de su hiel.

Doblegarse al dolor de la vida
sin negarse del bien al placer,
aunque sangre del pecho la herida,
es de todo cristiano el deber.

Como el cisne agoniza en el canto
que la muerte le inspira al morir,
entre espasmos de risas y llantos,
es preciso luchar y vivir.

Con los bienes del alma gozando
y el dolor de la carne sufriendo,
por la senda del bien caminando,
hacia Dios hemos de ir ascendiendo.

Siempre fiel a tu propio destino,
hazte fuerte en la senda del bien;
no te inquiete el dolor del camino
si Jesús va contigo también,

Quien de rosas corona su frente,
no se adueña de su corazón;
ni enriquece su alma el creyente
sin las hieles de la expiación.


supérate a ti mismo en el dolor
y no dejes vencerte por el mal,
haciendo cada día sin temor
la siembra del amor universal.

Sin la luz y sin amor del Más Allá,
la cosecha del alma es negativa;
eternamente en sombras vivirá
si deja de luchar y ser activa.

JOSÉ MARTÍNEZ

lunes 8 de diciembre de 2008

RECORDANDO EL PASADO

SOBRE LA VERDAD

No ha transcurrido época alguna, en la vida de la Humanidad terrena, en la que el hombre no se haya sentido impulsado a investigar y conocer la Verdad. Y este impulso, que en la más expresa acepción ha constituido, en su esencia, el afán de conocimiento de qué es la Vida y cuál es el destino de los seres en el Más Allá, ha alcanzado, en cada una de aquellas épocas, el premio a los afanes del hombre mediante el conocimiento de la verdad buscada, en relación siempre con el adelanto adquirido y con el medio ambiente en que las humanidades se han desenvuelto, con arreglo a las prescripciones de la Ley Universal.

Por lo mismo, el afán de ascender hacia la Verdad única ha de ser eterna aspiración de la vida humana, es por lo que la relatividad de su conocimiento y de los esfuerzos que los seres han de realizar para irse acercando a aquella Verdad, han de ser también eternos.

¿Dedúcese de esto que nosotros, los hombres de hoy, porque en nuestro medio de adelanto individual hemos conseguido analizar, científica y experimentalmente, la Verdad actual, hemos de dar al desprecio y al vituperio aquellas verdades de los tiempos pasados?

No, en manera alguna; no, porque aquellas verdades fueron nuestra Verdad en anteriores existencias; no, porque en ellas y por ellas laboramos para nuestro propio adelanto; no, porque ellas nos prepararon para llegar al conocimiento de la que hoy proclamamos y, sobre todo, porque ellas eran, y así debemos considerarlas, la Verdad absoluta infiltrándose gradualmente en nuestras almas para traernos al estado presente.

Es pues la Verdad, estudio e investigación constantes para los seres inteligentes; estudio e investigación a que se sienten obligados por imposiciones de la Verdad misma, y estudio e investigación a los cuales les obliga más y más el conocimiento que respecto a Ella hayan alcanzado.

En ninguna de las manifestaciones de la intelectualidad y del adelanto moral del hombre, se ha dicho hasta este instante, ni se dirá en los momentos venideros, la última palabra, porque esta frase envuelve la idea de lo infinito y la Vida, y las verdades que en Ella se alcanzan son y serán infinitas e inacabables.

El no creerlo así, el aferrarse a los conocimientos adquiridos y a las conclusiones de las verdades de ellos deducidas, con todas las aberraciones de la vanidad y del amor propio, que se resisten a la confesión de que hay algo en lo que no se ha profundizado bastante, de que hay algo que se ha escapado a la investigación, revela un craso error y un mediano adelanto moral.

La Verdad es la eternidad, y por esto, es de todos los tiempos y está al alcance de todos los que con buena voluntad y de buena fe la buscan: que cada uno la encuentre y la conozca , según sus alcances y su anhelo, es tan seguro como lógico y equitativo.

Por eso es por lo que, cuando cualquiera pretende circunscribir los conocimientos y las creencias de los hombres a sus propios conocimientos y creencias, tratan de oscurecer la Verdad de su tiempo y dan muestras de un atraso moral incalificable por la escasa armonía que guarda con su desarrollada mentalidad.

Por eso es preciso que los sabios se den cuenta de cuanto al comienzo de este trabajo queda asentado y proclamen que para conocer la Verdad, que para sostenerla sin error y sin miras pasionales o egoístas, es preciso investigar constantemente, rectificar a cada momento y declarar ingenua y paladinamente "que no se sabe nada dentro de lo absoluto, porque el Progreso es Eterno, constante y siempre relativo, y porque la Verdad de ese hoy que sólo existe en nuestro convencionalismo, es siempre la mentira de mañana en la eternidad del tiempo y del espacio".


Augusto Ferrer



sábado 6 de diciembre de 2008

LEYES UNIVERSALES


EL DOLOR


Breve análisis sobre el origen del dolor y los sufrimientos.
El dolor en su acción del alma humana.
Superación del dolor.



Hoy nos corresponde el estudio de ese algo impondera­ble, que el solo nombre atemoriza a mucha gente, y que tan a disgusto es soportado por la mayoría de los afectados, por desconocimiento de su origen y función.

Necesario es borrar de la mente ese concepto, carente de verdad, de que el dolor humano es un castigo de Dios, como algunas gentes en su ignorancia así lo suponen; sino que es consecuencial, es la reacción de las energías psíquicas y aún biológicas desequilibradas por nosotros mismos, con nuestras actuaciones contrarias a las leyes que rigen la Vida en sus aspectos: físico, psíquico y espiritual.

El dolor y sufrimiento humano pueden ser: físico, psíquico y espiritual.

Son físicos, cuando se reflejan en el cuerpo físico, como dolencias y enfermedades, cuyas causas pueden corresponder a hábitos de vida antinatural, en la alimentación, excesos, vicios y por estados afectivos desarmónicos. Según está ya comprobado por la ciencia médica, los hábitos degradantes ocasionan dolencias y enfermedades por el debilitamiento de las energías del propio organismo.

Son psíquicos esos estados anormales considerados como neurosis, psicosis en manifestación diversa, así como psicopatías en diversos grados; resultando, en su gran parte, de las tensiones emocionales, sentimientos de índole inferior, o de actitud mental desacertada frente a la vida, así como deseos de baja naturaleza.

Y son sufrimientos espirituales, las sensaciones de reproche y acusación que el Espíritu manifiesta en la persona, conocidos con esa frase: “La conciencia acusa”. Resultante de la debilidad del Espíritu ante los requerimientos negativos que hacen el egoísmo, la ambición, el rencor, la concupiscencia, etc. Sensaciones y reproches que no pueden ser acallados con las diversiones ni placeres pasajeros; llegando en ciertos casos a la desesperación.

El dolor, en sus comienzos con diversos síntomas o aspectos, es una llamada de atención a la ley violada, llamada que el ser humano recibe a fin de que pueda atender su amenazada salud física, psíquica o espiritual, y buscar las causas. Y cuando se desatiende esa llamada, el dolor se intensifica.

Las leyes que rigen la Vida, en sus tres aspectos: físico, psíquico y espiritual, están concebidas por la Sabiduría Cósmica dentro de un plan perfecto para un funciona­miento perfecto. Pero, los humanos en su acendrado egoísmo y ambiciones, o dominados por las pasiones, o en la búsqueda de los placeres; han ido adquiriendo hábitos contrarios a esas leyes. Y como consecuencia, reciben la reacción de las mismas, en forma de dolencias y enfermedades, así como trastornos psíquicos en diverso modo.

Desde tiempo inmemorial, el hombre, en su egoísmo, no se preocupó por el dolor que ocasionaba a los demás, buscando satisfacer sus ambiciones; ni pensó en el mal que se hacía a sí mismo, transformando en aparentes placeres sus necesidades de vida; placeres que pronto se transformaron en vicios que le dominaron, debilitando su cuerpo y su alma. Y así, ha venido creando hábitos de placeres morbosos en la alimentación y excesos sexuales que van agotando las energías, restando posibilidades de acción al Espíritu que, a través de la materia -su cuerpo físico- debe trabajar y experimentar en la Tierra para su progreso.

Sabemos ya que toda acción buena o mala que el ser humano realiza, crea una vibración que a él queda unida. Y como el hombre ha venido transitando por los caminos del egoísmo, engaños y falsedades, haciendo sufrir a sus semejantes; la Ley le devuelve, tarde o temprano, el sufrimiento y dolor que haya ocasionado o deseado ocasionar; para que aprenda a vivir dentro de la Ley del Amor, único modo de liberarse del dolor.

Si por negligencia o egoísmo, causamos sufrimiento o pérdidas a otras personas, la Ley de Consecuencias nos traerá fatalmente condiciones semejantes en fechas posteriores. Y no es que en ello haya castigo alguno de la Divinidad, no; sino que, con nuestra acción de mal hemos violado la Ley, y consecuencialmente la Ley nos lo devolverá.

La idea del castigo de Dios es incongruente con el concepto de un Dios infinitamente bueno. Inadmisible a la razón es el concepto de un Dios castigador, mientras que por otro lado, nos manda perdonar las ofensas, por la voz de Sus enviados, los mesías. Por ello, necesario es desechar tal concepto, y grabar bien en la mente que, las desventuras humanas son la consecuencia de sus propias actuaciones en el pasado, son la cosecha de la siembra. Dios es Amor, aun cuando en nuestra limitada capacidad intelectiva no seamos capaces de comprenderlo. Grabad bien en vuestra mente que, los dolores humanos son consecuencia de los errores humanos, cometidos en una u otra de las vidas sucesivas que el Espíritu inmortal vive, hasta conquistar la purificación que le da derecho a alcanzar los reinos de felicidad sublime que el Dios-Amor ofrece a sus criaturas.

Y para ello, el Amor Divino nos da tantas vidas humanas como necesitemos, para reparar el daño causado. Nadie tiene poder para perdonar las faltas de otro. Sino que, existe la ley justa de: a cada cual según sus obras, que se manifiesta y manifestará siempre a través de las vidas humanas del Espíritu inmortal. Quien haga daño, recibirá daño; quien cause dolor, recibirá dolor; a menos que repare el daño causado. Dicho de otro modo: toda transgresión a las leyes divinas, leyes de la Vida, oscurece y densifica el alma humana. Y solamente el dolor o la práctica del bien con amor sentido, aclara y sutiliza, purificando ese alma para la ascensión.

¿Por qué sostenemos que la práctica del bien, con amor, purifica también el alma humana? Porque, como ha sido expuesto en la lección 6, cuando practicamos el bien, con amor, estamos vibrando en esa sintonía y uniéndonos vibratoriamente a esa fuerza Cósmica Purificadora, Ley del Amor, que actúa en armonía con la Ley de Consecuencias.

Debéis conocer que, la Ley del Amor es tan poderosa, que puede modificar el efecto, la consecuencia de la transgre­sión, sin desvirtuar la Ley.

Mirando el dolor desde otro ángulo, en su aspecto transcendente, podremos apreciar otras funciones benéficas, aunque no comprendidas por las gentes, debido a una educación deficiente; como son: ablandar la dureza del alma en algunas personas soberbias, orgullosas y dominantes. Por ello, ciertas vicisitudes, consideradas desgracias, así como las enfermedades incurables, son benefactoras, aun cuando no aceptadas humana­mente.
Y en nuestra ceguera, los humanos maldecimos nuestras existencias oscuras, monótonas y dolorosas; pero, cuando levantamos la mirada por encima de los horizontes limitados de la vida terrenal, cuando llegamos a comprender el verdadero motivo de la vida humana, entonces vemos con claridad que esas vidas son indispensables para dominar el orgullo y doblegar la soberbia (tan común en nuestra humanidad) y someternos a la disciplina moral evangélica, sin la cual no hay progreso espiritual.

Todos se resisten a aceptar el dolor, por desconoci­miento de su acción depuradora sobre el alma; y sólo llegamos a comprender su utilidad, después que hemos abandonado el mundo físico, donde el dolor ejerce su imperio. Sin embargo, en el crisol del dolor es donde se forjan las almas grandes; ya que la acción del dolor depura el magnetismo mórbido generado por los apetitos groseros, los vicios, los sentimientos y acciones de mal realizadas por egoísmo, orgullo o dominados por las pasiones.

Debemos evitar todo lamento de nuestras propias dolencias, de nuestras propias desventuras. El lamento aumenta la sensación de la dolencia y no ayuda, en absoluto, a superar las desventuras; antes al contrario, el lamento o lamentaciones hacen que las desventuras y vicisitudes adversas, cuales sean, nos parezcan mayores e insuperables, ya que esa actitud debilita las fuerzas necesarias para superarlas.

En todo momento difícil, no cometamos el error de rebelarnos. Jamás demos cabida en nosotros a la rebeldía ante el dolor o vicisitudes adversas; porque, de ese modo nada resolvemos. Aceptemos, sin lamentaciones, como algo que debe correspondernos; pero, no pasivamente, sino que, con calma, con la mayor calma posible, buscar el modo y manera de superar esos aspectos, despertando las fuerzas internas existentes en todo individuo. Tened presente que, nadie pasa por vicisitudes y desventuras que por ley no le correspondan, ni que carezca de los medios y fuerzas internas para superarlos. Esa es la Ley. Por ello, rebelarse, es absurdo. A más que, toda rebeldía, impide el proceso depurativo que el dolor efectúa en el alma humana.

Todos los aspectos considerados adversos o desventu­ras, son necesarios para desarrollar las facultades del Espíritu, que es la realidad; pues, nosotros como personas, no somos la realidad, sino la manifestación de la realidad espiritual en su actuación en el plano físico. Tengamos siempre presente que el objeto de la vida o vidas humanas, es el progreso del Espíritu; y que las vicisitudes de la vida, son necesarias para adquirir las experiencias; experiencias que debemos aprovechar para ese progreso, que nos liberará del dolor.


SEBASTIAN DE ARAUCO