domingo, 28 de junio de 2009

PALABRAS DE ALIENTO

NO HUYAS DEL DEBER



Todo ser humano enfrenta períodos difíciles en su vida.

Hay momentos en que la esperanza parece desaparecer en el horizonte.

En esas oportunidades, todos los sueños y planes se desvanecen.


La armonía familiar, tan cuidadosamente construida, cede lugar a las peleas.

La profesión, llevada con el máximo cariño, pasa a ser motivo de tormento.

La salud, habitualmente vigorosa, se torna débil y vacilante.

Amigos de largo tiempo se alejan en razón de desentendimientos fortuitos.

Muchas veces, es posible identificar, en el propio comportamiento, el fallo que desencadenó la catástrofe.

Una inmoralidad, una palabra mal dicha, la falta de dedicación o de cariño pueden provocar la desarmonía.

En esos casos, se torna evidente lo que debe ser corregido, a fin de evitar nuevas crisis.

Pero, a veces, no hay una causa visible para una tragedia que nos abate.

Es el trabajador dedicado y honesto que pierde el empleo.

El marido fiel y cortés traicionado por la mujer.

El hijo amado y cuidado que se entrega a las drogas, y causa infinitas aflicciones a los padres.

La amistad antigua que termina a consecuencia de calumnias.

En otras oportunidades, parece que la vida exige una cuota muy grande de esfuerzos.

La enfermedad de un familiar consume vastos recursos económicos. Además de eso, el enfermo exige atención y cuidados constantes.

La manutención de un negocio difícil y poco rentable.

Un patrón que se muestra exigente y avaro.

El trabajo que se convierte en un tormento.

La unión de la familia que solo se mantiene a costa de esfuerzos extraordinarios.

Entre incomprensiones y dificultades, la tarea parece gigantesca.

Muchas veces, hay una salida fácil. En otras, eso no ocurre.

Delante de un familiar enfermo, un hijo drogadicto, o del único empleo disponible que se torna muy difícil, ¿qué hacer?

En esas situaciones, se observa condiciones muy severas impuestas por la vida.

Si no hay causas identificables en la presente existencia, ellas se encuentran en el pasado.



* * *

El destino del ser humano no es regido por el acaso.

Delante de las situaciones ineluctables y graves, nadie debe sentirse víctima.

Piensa que estás teniendo la oportunidad de redimirte frente a tu propia consciencia.

El sacrificio actual representa la liberación de una deuda antigua.

El familiar que ahora reclama atención y cuidados puede haber sido, en otro tiempo, conducido por ti al vicio y a la degradación.

Ayudarlo hoy no representa un favor, sino la reparación de un error.

Quizás, el jefe insensato haya sido un servidor tuyo, explotado en el pasado. Si él no tuvo la fuerza necesaria para superar el episodio, cabe a ti entenderlo y disculparlo.

Los recursos económicos que hoy te faltan, pueden haber sido desperdiciados en otro tiempo.

Sé digno frente a las dificultades que la vida te presenta. Ellas son las más adecuadas a tus exactas necesidades de aprendizaje y reparación.

No pienses en abandonar el barco, huir del deber.

Las leyes divinas no pueden ser burladas.

Ellas siempre presentan el justo retorno a los méritos y a los equívocos.

Si alguien te traiciona o perjudica, perdónalo.

Actúa con valor y cierra el ciclo del dolor.

Aprende a vivir y a servir con alegría, a pesar de las dificultades.

Para seguir adelante, es necesario ajustar las deudas con el pasado.



Redacción del Momento Espírita.



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