jueves 30 de abril de 2009

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

ANÁLISIS DE LA VIDA COMO MANIFESTACIÓN
DE LA REENCARNACIÓN


INTRODUCCION

Al acometer la difícil tarea de presentarles un tema como el de la Reencarnación, fue para nosotros adquirir un serio com­promiso, que se tradujo ya en su momento en una gran respon­sabilidad.

Pues no nos pasó desapercibido un hecho, y es que sobre lo que pretendíamos escribir, existe una amplia y veraz documen­tación y más extensa bibliografía de toda una serie de autores, inclusive médicos y científicos, cuya experiencia está avalada por largos años de dedicación y serio estudio del tema que nos ocupa.

Esto, dicho así de repente, puede no significar mucho, pero al reflexionar sobre ello, vemos que hacemos mención a una realidad, y es que la reencarnación ha sido, desde mucho, objeto de un profundo análisis por parte de la misma Ciencia. Esta, ha investigado hasta el punto de ofrecernos hoy revela­doras y esclarecedoras respuestas sobre un tema que tanto preocupa al ser humano, como es la continuidad de la vida después de la muerte.

No obstante, con todo lo que de trascendente tiene que el Espiritismo vea hoy confirmadas y apoyadas sus bases en la reencarnación, por los resultados y logros científicos, no nos podemos olvidar y será bajo este aspecto que vamos a desa­rrollar la ponencia, el valor incalculable de conocimientos y experiencia que la Codificación de Kardec aporta al respecto de la reencarnación o sobrevivencia del alma.

OBJETO DE LA REENCARNACIÓN

¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Existe la reencarna­ción? ¿Por qué sufre el ser?

El hombre se ha hecho infinidad de veces, durante si­glos, estas y otras preguntas, pero quizás nunca como ahora determinó tanto esfuerzo e interés en investigar las cosas del Más Allá.

"Con su Sabiduría Divina quiso Dios que la Reencar­nación sirviera con el propósito de hacer alcanzar la perfección"

"Para unos constituye una misión, para otros una expia­ción, pero para llegar a esta perfección deben sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal, ya que la materia es el mejor instrumento para ello".

"La encarnación tiene asimismo otra finalidad, con­sistente en poner al espíritu en condiciones de afrontar la parte que le cabe en la Obra de la Creación".

Siendo solidarias entre sí las diversas encarnaciones de los espíritus, éstos llevan en sí mismos en cada existen­cia terrena, el germen de los actos de sus vidas anteriores.

Por ello, debido a los compromisos y responsabilidades que se adquieren unos con otros se constituye la Ley de CAU­SA y EFECTO, por lo que es preciso que los espíritus realicen muchas existencias en común, participando del mismo cáliz de dolores y en las mismas alegrías terrestres.

La reencarnación ofrece además como medio más eficaz, la más consoladora alternativa para el ser humano de que más allá de las puertas del túmulo se dilata la existencia, a modo que ésta, no sólo no interrumpe la vida, sino que la prolonga con todas las consecuencias de las facultades del alma.

Despiertos sus sentimientos, despierta la propiedad del pensamiento, con el libre albedrío de ir y de venir, con la cualidad esencial de seguir procurando por el bien y la feli­cidad de cuanto ama, de proseguir ensanchando el campo de sus conocimientos, de profundizar en el estudio de cuan­to desee dedicarse en el vasto Laboratorio del Universo, incli­nando cada cual su atención y sus deseos de investigar a las razones de sus predilecciones.
Este, en el campo de las Ciencias; aquél, en el campo del Arte; el otro, en el conocimiento de las Leyes Divinas; el otro aún, en el interés de darse a los demás con abnegación, con el solo propósito de provocar el despertar a este otro mundo de sus hermanos más rezagados en el progreso.

Y así, prolongándose en la escala infinita a modo de ser imposible de enumerar aquí, todas las cualidades esenciales a que le es dado llegar a todos los seres en la Creación.
Cabría preguntarse aquí, qué sucede con aquellos que abandonan el plano físico inconscientes del acto a que se enfrentan. Solamente las almas preparadas tienen compren­sión real de la verdadera situación que confrontan en el acto de la muerte del cuerpo.
Cuando no es así, que el espíritu no tiene clara concien­cia, se enfrenta a un mundo de turbación, desasosiego y desa­liento, quedando a merced en el ámbito espiritual de sus propias creaciones mentales.

Es en esta breve exposición, que encontramos ya para nosotros la apremiante necesidad que le supone al ser humano, huir de la ignorancia en que se encuentra, para adquirir los debidos conocimientos que le supondrán mejor preparado para recibir, aún con alegría el tránsito de la muerte.

(CONTINUARA)

SANTIAGO GENE

domingo 26 de abril de 2009

PALABRAS DE ALIENTO

EL SILENCIO DE DIOS

Cuenta una antigua leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor a Cristo crucificado, impulsado por un sentimiento generoso. Se arrodillo ante la cruz y dijo:

- Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.

Y se quedo Fijo con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta.

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:

- Siervo mio, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.

- Cual, Señor? - pregunto con acento suplicante Haakon. - Es una condición difícil? Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!, - respondió el viejo ermitaño.

- Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre.

Haakon contesto:

- Os, lo prometo, Señor! - Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz y a su vez el Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y este por largo tiempo cumplió el compromiso al pie de la letra, a nadie dijo nada.

Pero un día, llego un comerciante rico a la ermita; después de haber orado, dejo allí olvidada su bolsa de dinero. Haakon lo vio y callo. Tampoco dijo nada cuando un campesino pobre, que vino dos horas después,encontró la bolsa de oro del del comerciante y, al verla sin dueño, se apropio de ella. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postro ante el poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.

Pero en ese momento volvió a entrar el comerciante en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:

- Dame la bolsa que me has robado!.

El joven sorprendido, replicó:

- No he robado ninguna bolsa!.
- No mientas, devuélvemela enseguida!.
- Le repito que no he cogido ninguna bolsa!

Fue la rotunda afirmación del muchacho. El rico arremetió, furioso contra el. Sonó entonces una voz fuerte:

- Detente!
El rico miro hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, y gritó, defendió al joven, e increpó al rico por la falsa acusación. Este quedo anonadado, y salio de la Ermita. El joven salio también porque tenia prisa para emprender su viaje. Cuando la Ermita quedo a solas, Cristo Se dirigió a su siervo y le dijo:

- Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.

- Señor, - dijo Haakon - Como iba a permitir esa injusticia?.

Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedo ante la Cruz. El Señor, siguió hablando:

- Tu no sabias que al comerciante le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El campesino, por el contrario, tenia necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para el resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tu no sabias nada. Yo si. Por eso escucho las plegarias y callo.

Y el Señor nuevamente guardó silencio.

Muchas veces nos preguntamos: por que razón Dios no nos contesta? por que razón se queda callado Dios ante nuestras plegarias? Muchos de nosotros quisiéramos que El nos respondiera lo que deseamos oír pero Dios no es así. Dios nos responde aun con el silencio. Debemos aprender a escucharlo. Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que, El sabe lo que esta haciendo. En su silencio nos dice con amor: Confiad en mi, que se bien lo que debo hacer!



martes 14 de abril de 2009

REENCARNACIÓN

EL SEXO EN LA REENCARNACION

El espíritu en sí mismo, el Ego como ser espiritual, es asexual, carece de sexo; pero, sí lo contiene el cuerpo que le envuelve: alma o psicosoma. Este es un cuerpo fluídico, de sustancia etérea, más o menos sutil, más o menos densa, según su condición moral; conservando el sexo de su última existencia terrena, ya que, en cuanto a la forma, es análogo al cuerpo físico.

Cada alma humana conserva su característica sexual intrínseca. Sigue sintiéndose como mujer o como hombre, según cual haya sido; con los mismos gustos y tendencias, ya que el alma no cambia (mentalmente) con el simple tránsito a la vida espiritual.

El sexo en la reencarnación, está supeditado a la necesidad de progreso espiritual del ser reencarnante, y general-mente se efectúa en el mismo sexo durante un número de veces NO prefijado, sino cuando ello es necesario para un mayor progreso del Espíritu y de acuerdo con el programa a realizar o destino en cada nueva vida.

Como el Espíritu tiene que pasar por todas las experiencias a fin de adquirir la sabiduría que el mundo pueda ofrecerle, llega un momento de su vida inmortal, que necesita ensayar, que necesita vivir la vida del sexo opuesto.

Entonces se efectúa el cambio, en el plano astral, mediante la ayuda de guías espirituales superiores, colaboradores en la obra divina de progreso de la humanidad. Para ello, necesita condicionar, con los fluidos del alma reencarnante, el molde fluídico o periespiritual que da forma a los elementos celulares, fijando el sexo, según fue explicado al tratar del proceso reencarnatorio, y situándolo en el vaso uterino de la que va a ser la madre (ésta en estado de sueño), a cuyo molde o modelo dínamo-espiritual van uniéndose, por atracción, las moléculas orgánicas en el proceso de gestación, hasta completar la formación del feto.

Aun cuando esta tesis no está admitida por la ciencia oficial todavía, ya que el sexo del feto es atribuido a la influencia de los cromosomas sexuales (X-Y); otras fuentes del conocimiento sostienen que el sexo es fijado ya en el molde fluídico del reencarnante.

Naturalmente que, el psiquismo de la nueva personalidad sufre, en grado mayor o menor, el cambio de sexo cuando éste se efectúa; según sea también su grado de evolución.

De aquí que, presenciemos con alguna frecuencia, ciertos casos de mujeres con ademanes varoniles y hombres con ademanes femeniles, a más de otras anomalías, tales como aversión al sexo opuesto, afición al propio sexo y otras más, que son consideradas como psicopatías congénitas por los psicólogos y psiquiatras. Y esta aversión al sexo opuesto, es la que produce el mayor número de célibes voluntarios.

La energía del sexo es de origen psíquico. Y esa energía psicogenética, genera cargas magnéticas de atracción hacia el sexo opuesto, en relación al grado de energía propia, la cual es necesario controlar.

En este sentido, nuestros deseos y pasiones crean sentimientos y pensamientos que salen, se proyectan hacia el espacio en forma de vibraciones (ondas electromagnéticas) y que, por ley de afinidad, se unen y atraen unas con otras de la misma naturaleza.

Por tales motivos, a quienes la muerte física sorprende con esos deseos groseros, así como odios y otras pasiones, corren el riesgo de ser atrapados por entidades perversas al traspasar el umbral de lo desconocido.

De aquí la necesidad de superar voluntariamente estos aspectos negativos, que tanto retardan el progreso espiritual del individuo.

La vejez, establecida por las leyes sabias de la Vida, esa fase de la vida tan temida por algunos, viene a desempeñar esa importante función de debilitamiento del sexo, a la vez liberadora del deseo sexual, con su función neutralizadora de las fuerzas psicogenésicas.


SEBASTIAN DE ARAUCO


Nota: Publicado en Amor paz y caridad Nº 20 febrero 1984 del libro "3 enfoques sobre la reencarnación"





jueves 9 de abril de 2009

PÁGINA POÉTICA

HASTA PRONTO MARÍA


Un pedazo de piel que se me escapa,
un trozo de mi mundo sin sentido,
un puñado de sueños y añoranzas
que han dado su penúltimo latido.

Porque aún queda el latido de la vida,
el latido más fuerte de uno mismo,
por querer comprender que tu partida,
ha sido un noble gesto del destino.

Ha sido un dulce ejemplo que nos habla,
y desde el cielo azul siempre nos mira,
y revive en nosotros con más ansia,
al recordar tu cálida sonrisa.

Al recordar tu nombre cada instante,
cuando en nuestro dolor la aurora siga,
con el mismo color que tuvo antes,
pero ya sin tu estrella, más vacía.

Rota como este aliento que nos falta,
como una huella triste en nuestra siembra,
rota como el sentir de mis palabras,
cuando en mi corazón ya no hay más fuerza.

No pensemos que el día ha terminado,
que no hay más primaveras que renazcan,
que nuestra fe ha de ser como un regalo
que lancemos al aire hasta su casa.

Que su casa no existe en este mundo,
no encaja ya la luz de su mirada,
no encaja su semblante moribundo,
cuando ha hecho tanto bien por esta causa.

Pero Dios es amigo de los justos
y ha abierto en su regazo una morada,
donde los buenos tienen el triunfo,
de elevar sus hermosas enseñanzas.

Que ella lo ha sido todo es casi poco,
si acogemos su lucha ilusionada,
porque si alguna vez cerró sus ojos,
siempre nos tendrá cerca entre su alma.

Siempre seguirá eterna entre nosotros,
uniendo nuestras manos enlazadas,
para que en la verdad de nuestros logros
escuchemos la voz de su esperanza.

Te has marchado muy lejos a otra tierra,
sin darnos una breve despedida,
que hay veces que estas cosas no se esperan
¿verdad que tan siquiera lo imaginas?

Hasta pronto, María, no olvidamos
que eres en nuestro grupo tan querida,
que sigas más feliz a cada paso,
que ofrezcas más amor desde allá arriba,
esperamos tal vez que con los años
podamos abrazarte un nuevo día.

E.M.V.


Este mes se cumplen 12 años de la desencarnación de María Marín. Fue compañera, amiga y guía de todos aquellos, que tuvimos la fortuna de compartir una etapa de nuestra vida, llena de experiencias, que nunca olvidaremos. Sirva esta poesía para recordar esos momentos.

domingo 5 de abril de 2009

RECORDANDO EL PASADO


ACCIÓN DE DIOS EN EL MUNDO Y EN LA HISTORIA


Dios, foco de inteligencia y de amor, es tan indispensable para la vida interior como el sol para la vida física.

Dios es el sol de las almas. De El emana esta fuerza, que es a la vez energía, pensamiento, luz; que anima y vivifica todos los seres. Cuando se pretende que la idea de Dios es inútil, indiferente, es como si se dijese que el sol es inútil, indiferente para la naturaleza y la vida.

Por la comunión de pensamiento, por la elevación del alma a Dios, se produce como, una penetración continua, una fecundación moral del ser, un desarrollo gradual de las potencias escondidas en él, pues estas potencias, pensamiento y sentimiento, no pueden despertarse, crecer, sino por medio de aspiraciones, por los anhelos de nuestro corazón. Fuera de esto, todas esas fuerzas latentes dormitan en nosotros; quedan inertes, adormecidas.

¿Hemos hablado de oración? Expliquémonos aún más sobre esta palabra. La oración es la forma, de expresión más potente de comunión Universal. No es, a nuestra vista, lo que tantas personas suponen, una recitación trivial, un ejercicio monótono y a menudo repetido. ¡No! Por medio de la verdadera oración, la oración improvisada, la que no consiente fórmulas, el alma se lana hacia las regiones superiores; adquiere fuerza, luces, encuentra allí un sostén que no puede conocer ni comprender los que desconocen a Dios y a la comunión con El. Obrar es volverse hacia el Ser eterno; es exponerle nuestros pensamientos y nuestras acciones para someterlas a su ley y hacer de su voluntad la regla de nuestra vida; es procurarse por ello la paz del corazón, la satisfacción de la conciencia; en una palabra, procurarse aquel bien interior, que es el mayor, el más imperecedero de todos los bienes.

Diremos, pues, que desconocer, descuidar l creencia en Dios y la comunión de pensamiento que con ella se relaciona, la comunión con el alma del Universo, con este foco donde irradian para la siempre inteligencia y el amor, sería, al mismo tiempo, desconocer lo más elevado que existe y diseñar las potencias interiores que constituyen nuestra verdadera riqueza. Sería pisar nuestra verdadera dicha, todo lo que puede lograr nuestra elevación, nuestra gloria, nuestra felicidad.

El hombre que desconoce a Dios y no quiere saber qué fuerzas, qué medios, qué auxilios vienen de El, de la comunicación con El, este hombre puede compararse a un indigente que habita junto a palacios llenos de tesoros y que va a morirse de hambre delante de la puerta que esta abierta y por lo cual todo le invita a entrar.

A veces se oye a ciertos profanos decir: “ ¡Yo no necesito a Dios! ” . Palabra triste y deplorable, palabra orgullosa de los que sin Dios no serian nada, no hubieran jamás existido. ¡Oh, ceguedad del espíritu humano, cien veces peor que la del cuerpo! ¿Habéis oido nunca decir a la flor: “yo no necesito del sol”? ¿Habéis oído decir nunca al niño: “no necesito padre”? ¿Al ciego: “no necesito la luz” ?

Pues, ya lo sabemos. Dios no es solamente la Luz de las almas; es también el amor. Y el amor triunfa de todas las potencias brutales. Acordemonos de que si la idea cristiana venció al mundo antiguo, triunfo de la potencia romana, de la fuerza de los ejércitos, del dominio de los Cesares, fue por el amor, venció por estas palabras: ¡Felices los que tienen la dulzura, pues ellos poseerán la Tierra!
Y en efecto, no hay hombre, por duro, por cruel que sea, que no está desarmado contra vosotros, si está convencido de que queréis su bien, su dicha, y lo queréis de una manera real y desinteresada.

El amor es todopoderoso; es el calor que hace derretir el hielo del escepticismo, del odio, del furor; el calor que vivifica las almas adormecidas, pero prontas a abrirse y dilatarse bajo el rayo del amor; notadlo, las fuerzas sutiles sutiles e invisibles son las reinas del mundo, las dueñas de la naturaleza.

Si comprendiésemos qué alturas, qué grandes y nobles tareas nuestro espíritu puede alcanzar por una comprensión profunda de la obra divina, por una penetración del pensamiento de Dios en nosotros, quedaríamos transportados de admiración.

Hay hombres que creen que continuando nuestra ascensión espiritual, acabaremos por perder la existencia, por anonadarnos en el Ser Supremo. Grave error éste; muy al contrario, como la razón lo indica y como lo confirman todos los grandes espíritus, más nos desarrollamos en inteligencia y en moralidad, más se afirma nuestra personalidad. El ser puede extenderse y radiar; puede crecer en perfección, y en sensación, en sabiduría, en amor, sin dejar por eso de se él mismo. ¿No lo vemos en los espíritus elevados que son personalidades poderosas? Y nosotros mismos, ¿no sentimos que cuanto más amamos, nos volvemos más susceptibles de amar, que cuanto más comprendemos, más capaces nos sentimos de sentir y comprender?

Estar unido a Dios es sentir, es realizar el pensamiento de Dios. Pero ese poder de sentir, esa posibilidad de acción del espíritu no destruye a éste. No pueden sino engrandecerle. Pero cuando ha llegado a ciertos grados de ascensión, el alma vuélvese a su vez una de las potencias, una de las fuerzas del Universo; truecase en uno de los agentes de Dios en la obra eterna, pues su colaboración se extiende sin cesar. Su papel consiste en transmitir las voluntades divinas a los seres que están debajo de ellas; de atraer a su luz, a su amor todo lo que se agita, lucha y sufre en los muchos infiernos. No se contenta con una acción oculta. A veces encarna, toma un cuerpo y llega a ser uno de aquellos misioneros que pasan como meteoros por la noche de los siglos.

A nosotros, hombres encerrados en la carne, nos es difícil formar idea del papel del espíritu que lleve en sí todas las potencias, todas las fuerzas del Universo, todas las bellezas y esplendores de la vida celeste, y los hace radiar sobre el mundo. Pero lo que podemos y debemos comprender es que esos espíritus poderosos, esos misioneros, esos agentes de Dios han sido, como nosotros, hombres de carne, llenos de debilidades y miseria; si han llegado a esas alturas, es por sus investigaciones y estudios, por la aplicación en todos sus actos de la Ley divina. Ahora bien, todo lo que ellos hicieron podemos hacerlo nosotros; todos tenemos en nosotros mismos los gérmenes de una potencia y de una grandeza iguales a su potencia y a su grandeza. Todos tenemos los mismos destinos espléndidos, el mismo porvenir grandioso, sólo depende de nosotros el realizarlo a través de nuestras existencias innumerables. Gracias a los estudios psíquicos, a los fenómenos telepáticos, estamos al menos en situación de comprender, que nuestras facultades no se limitan a nuestros sentidos. Nuestro espíritu puede radiar de nuestro cuerpo: puede recibir las influencias de los mundos superiores, las impresiones del pensamiento divino. El llamamiento del pensamiento humano es oido por el pensamiento divino; el alma rompiendo las fatalidades de la carne, pueden lanzarse hacia ese mundo espiritual, que es su herencia, su futuro divino. Por eso es preciso que cada uno llegue a ser su propio médium y aprenda a comunicar con el mundo superior del espíritu.

Este poder ha sido hasta aquí el privilegio de algunos iniciados. Hoy es necesario que todos lo adquieran y que todo hombre llegue a comprender las manifestaciones del pensamiento superior, a lo cual puede llegar por medio de una vía pura y sin mancha y por una preparación gradual de sus facultades.

De la obra “El gran Enigma”, de LEON DENIS

miércoles 1 de abril de 2009

LEYES UNIVERSALES

ARMONÍA


Armonía cósmica y armonía humana.
Factores productores de armonía y desarmonía, y su influencia.
El Amor como fuerza armonizadora.


La armonía es Ley de la Vida en todas sus manifestaciones, aun cuando, por falta de conocimientos no sea apreciada. Y en los planos y dimensiones espirituales superiores, todo es completamente armónico; porque, en ellos reina el Amor, que es fuerza armonizadora por excelencia, y por ende, la base de una perfecta relación armónica entre los seres que en ellos habitan y actúan; así como la fuerza de la perfecta relación entre los diversos astros, planetas y mundos del espacio infinito.

La armonía es consecuencia natural del amor y de la actitud mental positiva. No está en armonía, ni podrá estarlo, quien se aparte de la Ley del Amor, manteniendo sentimientos negativos como los de egoísmo, envidia, rencor, malquerencia, celos, etc.: y no ejercite control sobre sus pensamientos. Porque, esos estados afectivos con una actitud mental desordenada, sin control, generan fuerzas psíquicas desarmonizantes en alto grado, que inducen a cometer errores.

Todos los aspectos de la Naturaleza son armónicos por excelencia, porque están impregnados de esa vibración cósmica: AMOR. Vibración que también llega al ser humano, como parte de esa Naturaleza; y crea, o puede crear, ese estado de armonía mental-emocional generador de paz, cuando se le da cabida a esa vibración divina. Pero, por desventura, el ser humano la polariza con su egoísmo, transmutando la armonía en desarmonía, creando para sí mismo esos estados de infelicidad y amarguras.

“La armonía se obtiene por la virtud” -decía Platón. Y ¿qué es la virtud, sino la observancia de las leyes naturales y espirituales? Porque, es actuando dentro de las leyes que rigen la Vida, en su aspecto humano y en su aspecto espiritual (moral) que podremos mantenernos armónicos. Y esto es de suma importancia para el progreso espiritual, que es el verdadero objeto de las vidas humanas.

Cuando sintamos deseos de bien, cuando pensemos y actuemos con amor en nuestras relaciones humanas y en nuestro hogar, estaremos en armonía; nos colocaremos en sintonía con la vibración divina del Amor, transcendente en el Universo todo, que nos proporcionará esa sensación de paz interna tan necesaria. Y esa sensación de paz y felicidad, no es una ilusión, sino una realidad que el Alma superior percibe y proyecta a la mente y alma humana, produciendo ese estado de armonía psicofísica tan necesaria para una vida más agradable y feliz.

La desarmonía en la vida de algunas personas es consecuencia de su actitud mental y sentimental desacertada, al mantener esa actitud de egocentrismo que les enceguece y no les deja ver más allá de su inmediata y aparente conveniencia; actitud ésta, que crea un estado desarmónico y de fricción en las relaciones humanas y del hogar. Esas personas exigen de los demás lo que ellas mismas no dan, con lo cual amargan la vida de quienes con ellas conviven o se relacionan.

Todas las desarmonías en la vida, con sus discordias, asperezas y amarguras, tienen su origen en el individuo mismo, por falta de control sobre sus pensamientos, sentimientos y emociones. Son consecuencia de la desarmonía creada por esos estados mentales y afectivos. Los pensamientos y sentimientos elevados mantendrán en armonía a todo aquel que los sustente, ya que ellos están dentro de la Ley del Amor, que es armonía perfecta; mientras que los pensamientos y sentimientos bajos; ruines, conducen irremisiblemente a la desarmonía mental-emocional, que amargan la vida.

Todos construimos nuestro mundo con el material imponderable de nuestros pensamientos y sentimientos. Las vibraciones que emitamos determinarán la índole de nuestro mundo individual. Si las vibraciones emitidas por los pensamientos y sentimientos son armónicas, producirá salud, dicha y fortaleza, ya que por afinidad atraerán a nosotros otras vibraciones análogas que fortalecerán nuestra mente y alma. Pero, si son discordantes, desarmónicas, producirán dolencias, desdicha y debilidad; provocando un envejecimiento prematuro.

También las pasiones y toda esa retahíla de imperfecciones del carácter mantienen al individuo en constante desarmonía mental-emocional, que le arrastran a cometer errores que nuevamente son causa de más desarmonía. Y esos estados de desarmonía influyen grandemente sobre el sistema nervioso y sobre las glándulas de secreción interna afectando la salud.

A este respecto, dice el escritor y educador norteamericano, O.S. Marden, en su obra “Los Caminos del Amor”: ...”Pocos son los que se dan cuenta y muchos no quieren creer que, cada arrebato pasional, cada excitación del ánimo, cada pensamiento desmayado, temeroso o pesimista, toda vibración de cólera, odio, avaricia, y demás ruines ambiciones; quedarán estampadas, no sólo en la urdimbre y trama de nuestro carácter, sino en los tejidos de nuestro organismo”.

“Análogamente -sigue diciendo- si enviamos una corriente de esperanza, amor, simpatía, gozo, benevolencia, generosidad y nobleza; no cesará hasta que, a través de nuestro sistema nervioso haya puesto todas las células de nuestro cuerpo en el mismo estado de vibración, estampando esperanza, gozo, generosidad y nobleza en los tejidos del cuerpo y en las facultades de la mente. Cada átomo de nuestro ser, asumirá el carácter e índole del pensamiento, actitud o emoción que lo puso en movimiento”.

Son muchas las personas que echan la culpa a los demás o al destino, de sus dificultades y desventuras, y andan empeñosos buscando quienes les liberen de ellas; por desconocimiento de que en sí mismas está la causa y la solución.

La causa, por la actitud mental y afectiva desacertada en contraposición a las leyes de la Vida, en sus aspectos espiritual, psicológico y biológico, y por ende en completa desarmonía vibratoria que amarga sus vidas.

Y la solución está en adaptar su vida al orden y armonía universal, comenzando por cambiar de actitud mental depresiva, desechando todo pensamiento negativo y sentimientos contrarios al bien; que son los productores de esos estados desarmónicos.

Si observáis en vuestras relaciones humanas, notaréis que las personas pesimistas y amargadas, no gozan de tan buena salud como las optimistas y alegres. ¿A qué se debe? Pues, sencillamente, a que las vibraciones emanadas de las mentes pesimistas, son depresivas. Los pensamientos temerosos de enfermedad, por ejemplo, crean una desarmonía mental-emocional generadoras de vibraciones cargadas de magnetismo mórbido que influyen sobre las glándulas de secreción interna, especialmente la pituitaria, que es muy sensible a los estados afectivos y emotivos.

Todas las miserias y desventuras de este mundo derivan de que el ser humano no acierta a comprender que nunca será verdaderamente dichoso hasta que se armonice con su naturaleza superior y domine su naturaleza inferior. Pues, mientras el individuo vaya tras el espejismo de los placeres o se deje dominar por las pasiones en que su ego inferior le envuelve, vivirá desarmonizado y consiguientemente la infelicidad será su compañera.

Si nuestra vida es desdichada es porque hay desarmonía interna. Las tristezas, desdichas e infortunios, son otros tantos acusadores de nuestra conducta. Son el riguroso cumplimiento de la Ley de Causa y Efecto, causas creadas por nosotros mismos, pero cuyos efectos podemos modificar. Modifiquemos nuestra actitud mental frente a las circunstancias desagradables que la vida diaria nos presenta, y ésta nos reflejará su otra cara, su otro aspecto.

Actuemos siempre dentro de los dictados de nuestra conciencia, que son la manifestación de nuestro Ego superior, y vivamos en armonía con las leyes de la Vida, único modo de alcanzar la felicidad, la felicidad alcanzable en nuestro mundo.

Realicemos con agrado, siempre, nuestras obligaciones, y demos un poco más de lo que sea nuestra obligación si queremos progresar en la vida y conformar una vida más agradable.

Vivir en armonía, es la base de la felicidad. En los hogares donde no hay armonía, todos se sienten desdichados. En cambio, en aquellos hogares donde hay armonía, hay felicidad; porque en esos hogares hay buenos sentimientos, hay amor, y la armonía es consustancial con el amor.

De todo lo expuesto se desprende la conveniencia, diré mejor, la necesidad, de mantenerse en armonía para una vida más feliz y progreso espiritual.

Si anheláis una vida más dichosa y libre de amarguras, cambiad vuestra actitud mental, manteniendo la mente libre de pensamientos negativos, y el alma libre de todo sentimiento de egoísmo, rencor, resentimientos, malquerencias, etc. Actuemos siempre con comprensión, bondad y justicia. Dignifiquemos nuestra vida, actuando sin egoísmos, con amor fraterno en nuestras relaciones humanas; y con ello cumpliremos el nuevo mandato que el Mesías indicó: “Amaos los unos a los otros”. Porque, solamente amando podremos ser felices.


SEBASTIAN DE ARAUCO