miércoles 27 de mayo de 2009

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

(viene del anterior)
ANÁLISIS DE LA VIDA COMO MANIFESTACIÓN
DE LA REENCARNACIÓN


¿POR QUE SUFRE EL SER?

Si ofrecemos a la vida la oportunidad de una sola existencia ¿qué sana lógica puede explicarnos el por qué de la subnormalidad y del mongolismo dentro de unos cánones de Sabiduría y Justicia Divinas?

Si como generalmente se cree, todo empieza en el acto de nacer y acaba cuando sobreviene la muerte, ¿en dónde reside la causa de las deformaciones físicas, a veces desde el nacimiento y las más a muy corta edad?

¿Y los desequilibrios mentales, como la locura, por qué se producen? Hablamos aquí de los que. no proceden de lesiones físicas.
¿Qué clara y convincente respuesta, podríamos ofrecerle, a quien ciego o sordo desde su nacimiento no dispone de las mismas facultades que los demás? Se objetará que quizás al no haberlas conocido, tampoco entiende la finalidad de las mismas. Pero persiste el interrogante y el por qué esto es así.
Convengamos en que para dar clara satisfacción a todas estas y otras muchas preguntas, es insuficiente y poco esperanzadora, la base en la creencia en una sola vida.
Y de ahí a negar la existencia de Dios, al mismo creador, porque no se encuentran soluciones, sólo hay un paso, pues se concluye en que da a unos lo que les quita a otros, haciendo de El un ser déspota, al que rebajamos incluso a la altura del hombre.
Es entonces cuando se hace imprescindible analizar bajo otro ángulo el objeto de la vida y buscar otros horizontes mucho más dilatados que hablen de una unidad de miras en el Universo, de un Dios Todopoderoso, Misericordioso, Justo y Bueno, como así se consigue con la perspectiva de la Reencarnación.
Porque sino, ¿qué sigue sucediendo con el salvaje respecto del hombre civilizado?, ¿por qué ese abismo tan inmenso de aquél a éste?

Y de los seres muertos en edades tempranas, ¿qué mal habrá tenido ocasión de hacer, por ejemplo el niño que muere a corta edad?

Si proseguimos en la base de admitir una única existencia, ¿vamos a condenar por toda una eternidad al que ha cometido un crimen? ¿No sería un tiempo muy largo e ilimitado que habría que pagar por ese error?

¿Y qué diríamos del suicida?

Es bien cierto que nadie tiene el derecho de disponer de la vida de otro y no lo es menos que tampoco se tiene el derecho de la propia, somos todo lo más, simples depositarios de ese Don inapreciable que es la vida. Aún así insistimos, en lo que supone una grave falta y es en la ausencia de poder ensayar nuevas oportunidades, hasta poder conseguir rescatar la deuda, cosa que no se consigue en una sola vida.

Digamos por el contrario a que sólo se vive una vez, que hemos vivido y que viviremos muchas veces, avanzando, progresando siempre, jamás retrocediendo, puesto que existe el estancamiento por más o menos tiempo, pero nunca el retroceso.

En que el espíritu, o alma, tiene por delante para conquistar el progreso espiritual infinito, ilimitado, que es el de la comprensión de las Leyes Universales establecidas y adquirir con ello la Sabiduría necesaria para su aplicación en los distintos mundos en donde se desarrolla la vida.
En la Reencarnación encontramos una respuesta clara a todos los interrogantes, porque nos explica que, a consecuencia de lo que en otras vidas sembramos de un modo espontáneo a través de nuestros actos, recogemos ahora de manera irrevocable el fruto, cuyos efectos constatamos en las pruebas a que la vida nos somete.

De ello deducimos que según sea nuestro comportamiento hoy, edificamos el mañana.

Admitamos que el salvaje de ayer, puede ser en esa ley que todo lo concatena, un día, el hombre civilizado, después de una serie de existencias necesarias a su evolución.

En que ese salvaje no lo será eternamente, y en que ese civilizado de hoy tampoco, puesto que hay otras formas de civilizaciones y de progreso mucho más depuradas y afinizadas por la Divinidad que la que hoy vivimos.

Es ésta la única forma que nos permite establecer un puente de unión e igualdad entre todos los seres, y un fin más providencial a todo lo Creado.

Que el criminal tiene todavía por ejercer el peso de su voluntad sobre los actos delictuosos a que se habrá entregado y que llegará un instante impostergable en que comprenderá el grave estado en que se encuentra su espíritu endeudado con las leyes Eternas y con su propia conciencia y no necesitando de verdugo pues, que el ser que comprende el error en que se encuentra y desea enmendar, él mismo es el propio verdugo; solicitará en vidas sucesivas el paso en propia experiencia de lo que él ha hecho sufrir a los demás.

Que el suicida que tal vez sea uno de los máximos transgresores de ese precepto, "No Matarás", a pesar de esa grave falta como es atentar contra la propia vida, no queda exento de la protección y dirección Divinas, provocando a la vez que por el propio trabajo redentor ese espíritu recapitule por dónde ha fallado, para emprender tarde o temprano la reestructuración en una nueva vida.

Así irán remontando, adquiriendo conocimiento, valor y sabiduría, hasta obtener la total recuperación de la deuda pendiente. No quedando ya condenados por ninguna Eternidad.

Que el niño que muere en edad temprana puede muy bien completar el curso de otra existencia anterior, incompleta por alguna causa.

Aunque en muchas circunstancias el niño o ese joven en la materia, sean espíritus ya con mucha experiencia y se ofrezcan por amor y abnegación a sus progenitores, para con semejante prueba, provocar en ellos ese despertar tan esencial de la criatura humana hacia los conocimientos de orden superior, a la verdadera vida como es la del espíritu.

Y pasen de ahí a investigar, a analizar el por qué ese niño o niña ha permitido Dios, las más de las veces cruel e injusto en estos casos, bajo la visión de esos padres, llevarse de su lado a seres tan adorables.

Porque si son imparciales y sinceros y se entregan sin preconceptos al estudio de la sobrevivencia del alma, no tardarán en darse cuenta de que ese hijo o hija, sigue vivo en otra realidad del espíritu y bajo esta otra perspectiva adquiera la vida otra profundidad y dimensión a sus ojos, y un fin más justo a todos los acontecimientos.

Que acaso ese hijo de hoy, pudo haber sido el padre o madre de ayer.

Ya que la alternativa que el Espiritismo nos ofrece y así mismo, la Doctrina de la Reencarnación, contrariamente a lo que se cree con la muerte, ni se destruyen, ni se disuelven los lazos de afecto y que los espíritus o las almas, solidarias entre sí, se buscan, se encuentran y juntos formando familias, sociedades enteras, pueblos, luchan por un mismo fin, causa e ideal.

Que los estados reflejados de subnormalidad, mongolismo, locura, etc., se trata de expiaciones impuestas al abuso que se ha podido hacer de ciertas facultades. Siendo más bien un período de purificación para esos seres.

Que el espíritu que habita ese cuerpo o vehículo físico es con frecuencia más inteligente de lo que pensamos, por lo que sufre con la insuficiencia de los medios de que dispone para comunicarse, por cuanto le priva de una libre manifestación de lo que piensa, siente y vive. Y que semejante estado le ocasiona un serio constreñimiento por cuanto para consigo mismo y en su fuero interno tiene conciencia de lo que le rodea.

Que se cumple la verdadera regeneración y se eleva en la escala espiritual del progreso, el espíritu que ingresa en una nueva vida, en un cuerpo en esas condiciones, soportando con valor esa dura y difícil prueba, no rebelándose y sabiendo aceptar el curso de los acontecimientos.

Con la creencia en el Espiritismo y como base en la inmortalidad del alma, le permitirá a esos padres obtener una clara y lógica respuesta a sus naturales preocupaciones, cuando en su seno les nazca un hijo en tales circunstancias.

El convencimiento de que existe una vida futura, de que no todo termina en la actual, entendiendo que su estado presente, sólo es debido a causas anteriores, les permitirá sin lugar a dudas, una amplitud de miras y una visión más exacta de las pruebas y vicisitudes a que se ve sometida la criatura humana, sin apercibirse del por qué de las mismas.

Las conclusiones que se ofrecen a quienes como esos padres se dediquen al estudio del Espiritismo, entre otras es, la certeza en ese intercambio incesante que se produce entre ambos planos, por causa de los afectos que nos hemos creado con otros seres a lo largo de muchas vidas.

Permitiendo de este modo manar hacia nosotros insospechada fuente de consuelo, que produce saberse querido y comprendido aún de quienes no están a nuestro lado físicamente y alcanzar una paz y equilibrio espirituales tan indispensables como para aceptar las pruebas realmente difíciles.

Operándose así también para ellos la Ley del progreso en la escala de valores espirituales.
Son muchas las consideraciones que llevan al espíritu, en vías a encarnarse de nuevo, a querer prescindir según sean las causas que lo motiven, de algún o determinados órganos que le priven de una libre manifestación en la vida.

Su visión prescindiendo de la materia, siendo mucho más profunda y penetrando más en el sentido de la vida, le dicta junto a su conciencia, las normas básicas para obtener el debido rescate de las faltas cometidas, ya que ello le va a procurar la necesaria ascensión espiritual.
Se objetará a esto que al no guardar recuerdo de todo ello no tenemos por qué ser responsables de lo que hicimos, puesto que al nacer partimos de cero.

Y la Doctrina de los espíritus nos sigue descorriendo el velo, respondiéndonos que en absoluto, no es una base cierta, firme, el que al nacer se parta de cero, traemos con nosotros todo el bagaje de virtudes y defectos que conforme el crecimiento y el desarrollo se van acentuando en nuestra personalidad, traduciéndose al punto en las cualidades innatas que todo individuo sin excepción posee y que no son producto de la herencia, ni de la educación, ni de la casualidad, sino de la CAUSALIDAD. Ya que en cada nueva existencia, el espíritu toma como punto de partida el alcanzado en su vida precedente.

De lo contrario, ¿cuál sería el origen de ciertas facultades extraordinarias de algunos individuos que sin haber hecho estudios previos, disponen del conocimiento necesario para desarrollar distintas ramas del saber, como los idiomas, cálculo matemático, las ciencias. Así como en el arte, la música, la pintura, etc...? Habiendo aún quienes poseen una memoria extracerebral respecto de hechos acaecidos en vidas anteriores. No nos quepa ninguna duda, que si por otro lado hubiese sido menester guardar recuerdo de las vidas pasadas le llevaríamos con nosotros con la misma naturalidad de que disponemos de otras facultades tales como, la de oír, hablar, de pensar, etc.

Analizando un poco el por qué, de no ser así no nos costará deducir, partiendo de este axioma que se aplica en nuestras ciencias, de que todo EFECTO posee una CAUSA, que en nosotros, apreciando los efectos de hoy, no nos costará pensar en qué causas sembraríamos ayer.

Que el recuerdo de las vidas pasadas nos supondría graves inconvenientes tales, como ser reconocidos en la actual existencia por fechorías cometidas, acaso por robo, por ofensas graves, dadas y recibidas, por avaros, habiendo tal vez usurpado aún a nuestro propio hermano lo que a él pertenecía.

Así como también podría ensalzar nuestro orgullo y vanidad caso de que nos supiéramos autores de alguna obra que a nuestro entender fuera meritoria.

Y qué diríamos si en nuestros núcleos familiares reconociésemos en nuestro padre, hermano, o hijos a aquellos que cometieron calumnias y actos detestables, y hoy quedan a nuestro lado como objeto de la Providencia, que no trasmitiendo el recuerdo de lo anterior, permite una vez más, con extrema Sabiduría ejercitar para la reconciliación acaso a espíritus, o seres antagónicos y enemigos de siglos y siglos.

Reconozcamos una vez más que todo cuanto se desarrolla en la vida obedece a unas sabias y justas Leyes Eternas que no varían su curso jamás, por más que el hombre se empeñe en negarlas y en no reconocerlas.

Vano empeño, pues que con los continuos descubrimientos de la Ciencia experimental confirma como verdades irrefutables hoy, lo que ayer eran locuras y quimeras y así podrían ofrecerse innumerables ejemplos al símil de como la navegación a vapor que llegaba al mundo de la mano de Tomás Fultón, en Francia, por causa del sarcasmo y la ironía con que fue recibida la idea del parecer científico, diciendo que era imposible, no tuvo el privilegio de lanzar e impulsar semejante invento, por cuanto tuvo la osadía de ser distinto a cuanto se había concebido hasta entonces.

O como Nicolás Copérnico que revolucionó al mundo con su teoría heliocéntrica, diciendo que no era más la Tierra el Centro del Universo, sino que la misma como un astro más, era la que giraba alrededor del Sol. Fue anatematizado en su época por haber tenido el valor de adelantarse a su tiempo.

Un hecho, o conclusión de todo ello, entresacamos, y es que los movimientos de oscurantismo que de tiempo en tiempo afloran en la humanidad, de un modo absoluto, no ahogan la necesidad vital del ser humano por descifrar las grandes incógnitas de la vida.

Una esperanza nos queda, en que día llegará no muy lejano en que los valores clásicos de la sociedad trasmutarán y pasarán a admitirse como un hecho de lo más natural, la realidad de la pluralidad de existencias.

Por lo muy complejo que es un análisis sobre la reencarnación, mucho hemos tenido que sintetizar aquí, no obstante para un más exhaustivo estudio nos remitimos a la Doctrina Espirita, fuente de donde nos hemos inspirado.

SANTIAGO GENE MATEU

GRUPO DE REUS





domingo 24 de mayo de 2009

PALABRAS DE ALIENTO

Ayúdate, que el cielo te ayudará


Se cuenta que un sabio caminaba con los discípulos por un sendero escabroso, cuando encontraron un hombre piadoso que, arrodillado, le rogaba a Dios que lo ayudara a sacar su coche del lodazal.

Todos miraron al devoto, se sensibilizaron y siguieron su camino.

Unos kilómetros más adelante, había otro hombre, que estaba, igual que el anterior, con su coche detenido en un atascadero. Éste, no obstante, vociferaba reclamando, pero intentaba con mucho empeño rescatar el vehículo.

Conmovido, el sabio propuso a sus discípulos que lo ayudaran.

Reunieron todas sus fuerzas y consiguieron retirar el transporte del atascadero. Tras agradecer el viajante se marchó feliz.

Los aprendices sorprendidos, indagaron al maestro: “Señor, el primer hombre oraba, era piadoso y no lo ayudamos.”

“Éste, que era rebelde e incluso rogaba plagas, recibió nuestro apoyo. ¿Por qué?”
Sin perturbarse, el noble profesor contestó:
“Aquél que oraba, esperaba que Dios viniera a efectuar la tarea que a él competía.”
“El otro, aunque desesperado por ignorancia, se empeñaba, y merecía ayuda.”

***

Muchos de nosotros solemos actuar como el primer viajante. Ante las dificultades que nos parecen insolubles, nos acomodamos, esperando que Dios haga la parte que nos cabe para solucionar el problema.

Nosotros podemos y debemos emplear nuestros esfuerzos para mejorar la situación en la que nos encontramos.

Hay personas que quieren ver los obstáculos retirados del camino por manos invisibles, y se olvidan que esos obstáculos, en su mayoría, han sido allí colocados por nosotros mismos, cabiéndonos ahora, la responsabilidad de retirarlos.

Algunos se dejan caer en un aletargamiento alegando que la situación está difícil y que de nada vale luchar.

Otros no tienen perseverancia, y abandonan la lucha tras ligeros esfuerzos.

Con propiedad afirma la sabiduría popular que “piedra que rueda no forma limo”, sugiriendo alteración de ruta, movimiento, dinamismo, realización.

No basta pedir ayuda a Dios, es necesario buscar, según enseña Jesús: “buscad y encontraréis”, “llamad y se os abrirá”.

Debemos, por lo tanto, hacer nuestra parte que Dios nos ayudará en lo que no esté en nuestro alcance para solucionar.

¡Piense en ello!

Sería ideal que, sin reclamar y pensando correctamente, hiciéramos esfuerzos para retirar del atolladero el coche de nuestra existencia, para que siguiéramos adelante, felices, con coraje y disposición. Confiantes de que Dios sostendrá nuestras fuerzas para que podamos triunfar.
¡Pensemos en eso!

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sábado 16 de mayo de 2009

REENCARNACIÓN

DESTINOS

Siguiendo los dictados de la razón, en el análisis de los dos capítulos .anteriores, vislumbramos una continuidad causal y consecuencial en el devenir de nuestras vidas. Dicho de otro modo, somos los forjadores de nuestro propio destino; pues, en las actuaciones de cada día, con nuestros pensamientos y sentimientos, estamos creando fuerzas mentales y anímicas que actuarán en nuestro favor o contra nosotros, para un futuro de dicha o desdicha.

Basados en la lógica de los fundamentos expuestos y en la diversidad de aspectos y condiciones humanas, podemos afirmar que, todos los humanos venimos al mundo ya con nuestro destino. No obstante, el destino por adverso que sea, puede ser modificado mediante el propio esfuerzo; pues, DESTINO NO ES FATALISMO CIEGO, SINO UN DETERMINISMO DE LAS CAUSAS. Sin embargo, hay ciertos aspectos del determinismo de la Ley de Consecuencias, que fatalmente han de suceder, siempre y cuando el individuo no restablezca voluntariamente el equilibrio violado o alterado con sus acciones contrarias a la Ley, conscientemente en el pasado.

La Ley ofrece al ser espiritual, el tiempo necesario para su reajuste voluntario: pero, llegado al límite marcado por la Ley, ésta actúa, produciendo el reajuste indispensable para mantener el equilibrio psicocósmico (del propio ser), lo cual se efectúa
por medio del dolor purificador.

Así vemos en los tiempos actuales esos cambios bruscos de fortuna, como el caso de Cuba y otros; personas, familias a quienes todo les sonreía, viéndose desposeídos de sus bienes con los cuales contaban para su vejez. Muchos otros aspectos de desmoronamiento económico-social, así como enfermedades incurables y hasta accidentes fatales; que nos llevan a la conclusión de que los afectados llegaron al límite marcado por la Ley.

Cada uno de nosotros es el heredero forzoso de sus propias conquistas en el pasado, así como de sus errores. Con nuestra actuación en el pasado, hemos creado las vicisitudes que componen nuestro actual destino. Y con nuestra actuación presente, crearemos nuestro destino o predestinación futura. Los que ahora se encuentran ocupando altas posiciones, pueden descender a bajas condiciones sociales en su próxima vida o vidas futuras. Así, el déspota renacerá esclavo o para ser un inválido u otras modalidades dolorosas; la mujer altanera y envanecida por su belleza, renacerá en un cuerpo feo, y hasta deforme y achacoso (según las causas), a fin de superar su vanidad y soberbia; el ocioso, renacerá en los ambientes de vida dura y difícil, a fin de despertar su Espíritu y sacudir la molicie, que es un impedimento de progreso. Quien haya hecho padecer, vendrá a una vida de dolor, consecuencial con sus propias acciones en el pasado; porque, el porvenir es la consecuencia del presente y del pasado.

La riqueza ociosa conducirá a una vida futura de pobreza; mientras que el trabajador industrioso y esforzado en la vida presente, está creando las bases para una vida futura de grandeza. El estudio y el trabajo desarrollan las facultades mentales y capacitan para mayores realizaciones en el futuro, y aún en la vida humana actual.

Las vidas difíciles que no encuentran calma y de las que parece huir toda felicidad, son reajustes, son las que van pagando las maldades cometidas en ésta o en otras existencias; porque las diversas vidas humanas de cada ser espiritual, son solidariamente responsables entre sí. Pues, si bien las personalidades pasadas o cuerpos carnales fueron diferentes, el Espíritu es el mismo y por ende responsable. ¡Cuántos de los ricos inescrupulosos, insensibles al sufrimiento y a las miserias humanas en sus pasadas vidas, les vemos hoy en cuerpos lastimosos mendigando la caridad pública! Y, ¡ay, de los grandes de hoy que abusen de su autoridad o superioridad circunstancial, porque renacerán pequeños!; cerca de los mismos con quienes han abusado, engañado o despojado, renacerán para reparar sus errores.

Tenemos, por ejemplo, el caso de antiguos burgueses egoístas que, condenados a renacer en la misma condición de aquellos a quienes antaño. explotaban, les vemos hoy convertidos en esos obreros inconformistas, factores de huelgas, subversiones y desórdenes, porque un vago instinto les hace insoportable su nueva situación.

Los ociosos y maleantes; los embaucadores; los abogados que, por medio de triquiñuelas de procedimiento jurídico despojan a otros; aquellos médicos que, mirando tan sólo su conveniencia, desatienden y hasta abandonan a pobres criaturas porque no pueden pagar; aquellos médicos funcionarios, que insensibles al dolor humano descuidan al enfermo por no molestarse; profesores, que no cumplen con la responsabilidad asumida al aceptar la alta misión del magisterio, en cualesquier de sus grados; etc. etc. ¡Qué dolorosas expiaciones están generando!


SEBASTIAN DE ARAUCO


Nota: Publicado en Amor paz y caridad Nº 22 febrero 1984 del libro "3 enfoques sobre la reencarnación"

domingo 10 de mayo de 2009

PÁGINA POÉTICA

FE

La fe es un gran legado
de lo Alto ofrecido al mundo,
es un diamante trabajado
con el esfuerzo más profundo.

La fe es el baluarte
de la suprema esperanza,
con ella todo se alcanza,
de Dios su más alto estandarte.

Su esencia es infinita,
es puerta abierta al mañana,
nos abre el corazón de forma humana,
llenando el interior de luz bendita.

La fe es del espíritu el corazón
que bombea la sangre de la esperanza,
regando nuestro interior de confianza
y alimentando de esencia a la razón.

Ella es mágico atributo,
del Amor nos abre su camino,
llena de ilusión el destino
rindiendo tan noble tributo.

Manantial de sublime luz
y de fuerza sin igual,
por excelencia la virtud
del Amor y la Verdad.

No distingues raza ni color,
filosofía alguna o religión,
riqueza, pobreza o dolor,
todos ven en ti la comprensión.

Tú que reinas en la intimidad
conoces una a un a las personas,
sabes ofrecerles la Verdad,
y alcanzando el sentimiento emocionas.

De la razón la aliada,
del corazón la más fiel compañera,
de la Verdad la mensajera,
la inocencia y la bondad son tu morada.

La esperanza es tu bandera,
tu mástil la comprensión,
ondeas con alta intención,
nada detiene tu veloz carrera.

Tu meta es el corazón,
de los humanos vas a la conquista,
no hay obstáculo que resista
tu gran poder de persuasión.

En todos los mundos te encuentras
realizando tu misión,
no te frenan las tormentas,
la esperanza es tu razón.

Sigue calando en las gentes,
sigue sembrando el Amor,
de los hombres cambia las mentes
para que encuentren a Dios.


J.A.C.S.

Nota: Publicado en Amor paz y caridad nº27 octubre 1984

miércoles 6 de mayo de 2009

RECORDANDO EL PASADO

LA TOLERANCIA


La tolerancia es preconizada por y todas las escuelas filosóficas, pero raramente es llevad a la práctica por los mismos que la encomian y aconsejan.

Sabiendo, como sabemos, que cada ser da en un momento determinado el fruto adecuado a su estado moral e intelectual (no pudiendo dar otro sino ése) y no siendo dicho estado el mismo para todos, ¿cómo exigir que veamos las cosas del mismo modo? ¿Quién puede jactarse de tener más razón que los otros, siendo así que esa sola presunción, señal de orgullo, bastaría para probar el atraso del que así pensara?

En el terreno del pensamiento, la tolerancia debe ser virtud dominante; es prueba de humildad en quien la tiene y del equilibrio en la doctrina que la practica y sustenta; aconséjanla la bondad, la justicia, la sana razón y la solidaridad fraternal.

La tolerancia mutua nos hará descubrir, cada día más, puntos de afinidad entre las teorías espiritualistas y llegar así a una creencia armónica que satisfaga a los más, sintetizando en una comunión de amor las aspiraciones de todos.

Merced a ella surgirá una creencia más universal, más pura, más perfecta y, por lo tanto, más elevada, que nos llevará hacia la humanidad Una.

Y cuando luzca de igual modo para todos la Verdad eterna, reinará la solidaridad en los corazones y brillará esplendorosa la Armonía Divina.

No por lejana que nos parezca la realización de estas ansiadas perspectivas y largo el camino que a ellas nos lleve, hemos de renunciar a unir nuestros esfuerzos a los de aquéllos que trabajan en la obra inmensa de la fraternidad humana.

Anhelamos la luz, la posesión de la Verdad. Pero, ¿qué importa que nos venga por un camino o por otro, con tal que nos llegue?

¿No tiene cada cual su especial modo de ser, su individualidad propia y, por consíguiente, su manera de pensar, necesaria y lógica, derivada de su estado peculiar en moralidad e inteligencia? ¿No razona forzosamente en concordancia con dicho estado? Si no podemos igualarnos a espíritus que nos son superiores ¿por qué exigimos a nuestros inferiores que nos igualen? ¿No hay diversidad de criterio (oculto o manifestado) aun entre los que comulgan en un mismo credo? Dejemos pues a cada uno la libertad de pensar, juzgar y escoger los principios y creencias que más cuadren a su conciencia, que ésta es la justa medida del deber individual. No pidamos a nuestros Hermanos más de lo que Dios mismo nos pide. Recordemos al Salvador y preguntémonos si somos tan puros que poda mos tirar la piedra. Las convicciones basadas en la buena fe, no deben ser atropelladas jamás. Sometido a la ley del progreso, todo vive, cambia y se perfecciona con el tiempo y por la fuerza de las cosas; y por diversas que nos parezcan las diferentes creencia, hay entre ellas muchos puntos de contacto que irán haciéndose cada vez más visibles, facilitándose así su aproximación y su unión gradual, precursora de la fusión definitiva. Del mismo modo que cada rayo de sol nos trae una parcela de luz, así cada filosofía, cada religión, nos brinda lo que contiene de la absoluta Verdad. La tolerancia recíproca es el camino seguro para llegar a la síntesis de todas las creencias que tienen por base común y esencial la afirmación de la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Todas las convicciones sinceras que tomen ese fundamento son hermanas, puesto que emanan de la misma fuente y atienden al mismo fin. La diferencia de los medios empleados para lograr éste, no altera en nada su mérito respectivo.
Siendo, como somos, solidarios, debemos evolucionar hacia la armonía universal coronada por el amor, y sólo la aceptación de un gran pensamiento unitario, de una filosofía irrefutablemente demostrada podrá unirnos y orientarnos hacia Dios, Unidad Suprema. Busquémosle por uno u otro camino; seguros estamos de encontrarle, porque El tiene abiertos siempre sus brazos para estrechar en ellos a todas sus criaturas.

Esta es la tolerancia, la que comprende la necesidad que tiene cada hombre de aprender tal o cual lección en un momento dado, porque sabiéndose, será mejor que lo que es actualmente.

Hay que tener por guía ese pensamiento divino, esa tolerancia, que no pide al hombre más que lo que pide Dios mismo, es decir, una gradual y lenta evolución.

En eso consiste la tolerancia; en aceptar lo que una criatura humana puede dar, sin exigir más de ella. No pidáis, por ejemplo, a una mujer frívola, la sabiduría que sólo es propia de una gran alma; ella también tiene experiencias por qué pasar, y no lo hará más pronto ni mejor, si los más adelantados en la evolución la menosprecian. No pidáis a nadie sino lo que pueda dar en su punto actual de desarrollo. Sed tan indulgentes con los otros como severos para con vosotros mismos. Exigid de vosotros todo cuanto podéis hacer; a los otros solamente lo que puedan. Pedidles buena voluntad. Eso es lo que entendemos por “tolerancia”.

LUCÍA DE CALDERON


domingo 3 de mayo de 2009

LEYES UNIVERSALES

ARMONÍA


Armonía cósmica y armonía humana.
Factores productores de armonía y desarmonía, y su influencia.
El Amor como fuerza armonizadora.


La armonía es Ley de la Vida en todas sus manifestaciones, aun cuando, por falta de conocimientos no sea apreciada. Y en los planos y dimensiones espirituales superiores, todo es completamente armónico; porque, en ellos reina el Amor, que es fuerza armonizadora por excelencia, y por ende, la base de una perfecta relación armónica entre los seres que en ellos habitan y actúan; así como la fuerza de la perfecta relación entre los diversos astros, planetas y mundos del espacio infinito.

La armonía es consecuencia natural del amor y de la actitud mental positiva. No está en armonía, ni podrá estarlo, quien se aparte de la Ley del Amor, manteniendo sentimientos negativos como los de egoísmo, envidia, rencor, malquerencia, celos, etc.: y no ejercite control sobre sus pensamientos. Porque, esos estados afectivos con una actitud mental desordenada, sin control, generan fuerzas psíquicas desarmonizantes en alto grado, que inducen a cometer errores.

Todos los aspectos de la Naturaleza son armónicos por excelencia, porque están impregnados de esa vibración cósmica: AMOR. Vibración que también llega al ser humano, como parte de esa Naturaleza; y crea, o puede crear, ese estado de armonía mental-emocional generador de paz, cuando se le da cabida a esa vibración divina. Pero, por desventura, el ser humano la polariza con su egoísmo, transmutando la armonía en desarmonía, creando para sí mismo esos estados de infelicidad y amarguras.

“La armonía se obtiene por la virtud” -decía Platón. Y ¿qué es la virtud, sino la observancia de las leyes naturales y espirituales? Porque, es actuando dentro de las leyes que rigen la Vida, en su aspecto humano y en su aspecto espiritual (moral) que podremos mantenernos armónicos. Y esto es de suma importancia para el progreso espiritual, que es el verdadero objeto de las vidas humanas.

Cuando sintamos deseos de bien, cuando pensemos y actuemos con amor en nuestras relaciones humanas y en nuestro hogar, estaremos en armonía; nos colocaremos en sintonía con la vibración divina del Amor, transcendente en el Universo todo, que nos proporcionará esa sensación de paz interna tan necesaria. Y esa sensación de paz y felicidad, no es una ilusión, sino una realidad que el Alma superior percibe y proyecta a la mente y alma humana, produciendo ese estado de armonía psicofísica tan necesaria para una vida más agradable y feliz.

La desarmonía en la vida de algunas personas es consecuencia de su actitud mental y sentimental desacertada, al mantener esa actitud de egocentrismo que les enceguece y no les deja ver más allá de su inmediata y aparente conveniencia; actitud ésta, que crea un estado desarmónico y de fricción en las relaciones humanas y del hogar. Esas personas exigen de los demás lo que ellas mismas no dan, con lo cual amargan la vida de quienes con ellas conviven o se relacionan.

Todas las desarmonías en la vida, con sus discordias, asperezas y amarguras, tienen su origen en el individuo mismo, por falta de control sobre sus pensamientos, sentimientos y emociones. Son consecuencia de la desarmonía creada por esos estados mentales y afectivos. Los pensamientos y sentimientos elevados mantendrán en armonía a todo aquel que los sustente, ya que ellos están dentro de la Ley del Amor, que es armonía perfecta; mientras que los pensamientos y sentimientos bajos; ruines, conducen irremisiblemente a la desarmonía mental-emocional, que amargan la vida.

Todos construimos nuestro mundo con el material imponderable de nuestros pensamientos y sentimientos. Las vibraciones que emitamos determinarán la índole de nuestro mundo individual. Si las vibraciones emitidas por los pensamientos y sentimientos son armónicas, producirá salud, dicha y fortaleza, ya que por afinidad atraerán a nosotros otras vibraciones análogas que fortalecerán nuestra mente y alma. Pero, si son discordantes, desarmónicas, producirán dolencias, desdicha y debilidad; provocando un envejecimiento prematuro.

También las pasiones y toda esa retahíla de imperfecciones del carácter mantienen al individuo en constante desarmonía mental-emocional, que le arrastran a cometer errores que nuevamente son causa de más desarmonía. Y esos estados de desarmonía influyen grandemente sobre el sistema nervioso y sobre las glándulas de secreción interna afectando la salud.

A este respecto, dice el escritor y educador norteamericano, O.S. Marden, en su obra “Los Caminos del Amor”: ...”Pocos son los que se dan cuenta y muchos no quieren creer que, cada arrebato pasional, cada excitación del ánimo, cada pensamiento desmayado, temeroso o pesimista, toda vibración de cólera, odio, avaricia, y demás ruines ambiciones; quedarán estampadas, no sólo en la urdimbre y trama de nuestro carácter, sino en los tejidos de nuestro organismo”.

“Análogamente -sigue diciendo- si enviamos una corriente de esperanza, amor, simpatía, gozo, benevolencia, generosidad y nobleza; no cesará hasta que, a través de nuestro sistema nervioso haya puesto todas las células de nuestro cuerpo en el mismo estado de vibración, estampando esperanza, gozo, generosidad y nobleza en los tejidos del cuerpo y en las facultades de la mente. Cada átomo de nuestro ser, asumirá el carácter e índole del pensamiento, actitud o emoción que lo puso en movimiento”.

Son muchas las personas que echan la culpa a los demás o al destino, de sus dificultades y desventuras, y andan empeñosos buscando quienes les liberen de ellas; por desconocimiento de que en sí mismas está la causa y la solución.

La causa, por la actitud mental y afectiva desacertada en contraposición a las leyes de la Vida, en sus aspectos espiritual, psicológico y biológico, y por ende en completa desarmonía vibratoria que amarga sus vidas.

Y la solución está en adaptar su vida al orden y armonía universal, comenzando por cambiar de actitud mental depresiva, desechando todo pensamiento negativo y sentimientos contrarios al bien; que son los productores de esos estados desarmónicos.

Si observáis en vuestras relaciones humanas, notaréis que las personas pesimistas y amargadas, no gozan de tan buena salud como las optimistas y alegres. ¿A qué se debe? Pues, sencillamente, a que las vibraciones emanadas de las mentes pesimistas, son depresivas. Los pensamientos temerosos de enfermedad, por ejemplo, crean una desarmonía mental-emocional generadoras de vibraciones cargadas de magnetismo mórbido que influyen sobre las glándulas de secreción interna, especialmente la pituitaria, que es muy sensible a los estados afectivos y emotivos.

Todas las miserias y desventuras de este mundo derivan de que el ser humano no acierta a comprender que nunca será verdaderamente dichoso hasta que se armonice con su naturaleza superior y domine su naturaleza inferior. Pues, mientras el individuo vaya tras el espejismo de los placeres o se deje dominar por las pasiones en que su ego inferior le envuelve, vivirá desarmonizado y consiguientemente la infelicidad será su compañera.

Si nuestra vida es desdichada es porque hay desarmonía interna. Las tristezas, desdichas e infortunios, son otros tantos acusadores de nuestra conducta. Son el riguroso cumplimiento de la Ley de Causa y Efecto, causas creadas por nosotros mismos, pero cuyos efectos podemos modificar. Modifiquemos nuestra actitud mental frente a las circunstancias desagradables que la vida diaria nos presenta, y ésta nos reflejará su otra cara, su otro aspecto.

Actuemos siempre dentro de los dictados de nuestra conciencia, que son la manifestación de nuestro Ego superior, y vivamos en armonía con las leyes de la Vida, único modo de alcanzar la felicidad, la felicidad alcanzable en nuestro mundo.

Realicemos con agrado, siempre, nuestras obligaciones, y demos un poco más de lo que sea nuestra obligación si queremos progresar en la vida y conformar una vida más agradable.

Vivir en armonía, es la base de la felicidad. En los hogares donde no hay armonía, todos se sienten desdichados. En cambio, en aquellos hogares donde hay armonía, hay felicidad; porque en esos hogares hay buenos sentimientos, hay amor, y la armonía es consustancial con el amor.

De todo lo expuesto se desprende la conveniencia, diré mejor, la necesidad, de mantenerse en armonía para una vida más feliz y progreso espiritual.

Si anheláis una vida más dichosa y libre de amarguras, cambiad vuestra actitud mental, manteniendo la mente libre de pensamientos negativos, y el alma libre de todo sentimiento de egoísmo, rencor, resentimientos, malquerencias, etc. Actuemos siempre con comprensión, bondad y justicia. Dignifiquemos nuestra vida, actuando sin egoísmos, con amor fraterno en nuestras relaciones humanas; y con ello cumpliremos el nuevo mandato que el Mesías indicó: “Amaos los unos a los otros”. Porque, solamente amando podremos ser felices.


SEBASTIAN DE ARAUCO