domingo 28 de junio de 2009

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

LA REENCARNACION EN LA FILOSOFIA ESPIRITA
COMO FACTOR EVOLUTIVO


Hermanos concurrentes a este congreso inicial, en esta década de apertura a la libertad de pensamiento, voy a someter a vuestra consideración y análisis algunos argumentos sobre la reencarnación de las almas como factor evolutivo, que está implícita en la filosofía espírita.

El objeto de esta exposición, no es para dar a conocer ni demostrar la verdad de la reencarnación como ley de Vida; porque, desde el momento que estáis aquí, es porque os habéis identificado con la filosofía y doctrina espírita, en la cual está implícita y explícitamente demostrado el concepto de la reencarnación de las almas, comprendida en la Ley Palingenésica o ley de los renacimientos.

El objeto de esta exposición, es tratar de llevar a vuestro conocimiento la necesidad imperiosa de divulgar esta verdad, entre vuestros relacionados en el ambiente en que cada uno de vosotros os desenvolvéis, a fin de contribuir a su progreso y evolución.

Porque, todos y cada uno de nosotros que hemos conquistado un cierto grado de conocimiento, tenernos la obligación ante la Ley, de divulgar ese conocimiento para contribuir al progreso y evolución de nuestros semejantes, y con ello, estaremos contribuyendo a nuestra propia evolución.

De esto no tengamos la menor duda.

Y, ¿cómo podremos contribuir a su progreso y evolución? preguntareis.

Sencillamente, divulgando la verdad de la reencarnación o la ley de los renacimientos, así como la verdad de la ley de consecuencias o causa y efecto.
Porque, es el desconocimiento, la ignorancia de estas dos leyes de la Vida, la que lleva a las personas a cometer tantos errores generadores de las causas de dolor humano.
Y, ¿cómo podremos divulgar estos conceptos en nuestro ambiente, en el momento actual en que, una parte de nuestra sociedad está absorbida por el materialismo y hedonismo imperante; y la otra parte apegada también a lo mismo y a los conceptos y dogmas de fe de las organizaciones religiosas?

Difícil, ¿verdad?
Cierto. Pero, es lo difícil, hermanos míos, lo que tiene mérito ante la Ley. Lo fácil lo hace cualquiera.

Es precisamente en las dificultades, venciéndolas,- en las vicisitudes de la vida, superándolas; cuando desarrollamos nuestras facultades mentales y nos capacitamos para mayores realizaciones.

Dije que, contribuyendo al progreso y evolución de los demás, realizando esta tarea con amor y deseo de ayudar a iluminar las mentes, estaremos contribuyendo a nuestro propio progreso espiritual; porque, en esa acción estamos dándonos y contribuyendo a un mundo mejor.
Y por si alguno lo ignora o no lo recuerda, debo decir que, el progreso espiritual, es el verdadero objeto de las vidas humanas.

Y para ayudar a realizar esa tarea fraterna, permitidme exponer algunos argumentos:
Primero, necesario es que conozcamos que, nosotros y todo lo que existe, está inmerso en un TODO COSMICO que está regido por leyes, y que la ley madre de todas las leyes cósmicas, leyes divinas, es la Ley del Amor.

Y dentro de esa ley cósmica —Ley del Amor— está comprendida la Ley de Evolución, que presiona sobre todas las formas de vida, hacia un transformismo constante, en una continuada palingénesis universal, cual es la ley de los renacimientos. En una toma y retoma, en constante transformación de las formas en los reinos mineral y vegetal, y encarnación tras encarnación en los reinos animal y hominal.

Y si estudiamos las obras de los precursores de la filosofía espirita: Allan Kardec, León Denis, Gustavo Geley y otros; podréis verificar lo que acabo de exponer.

Dije al comienzo, que no voy a tratar de demostrar la verdad de la reencarnación, porque estoy convencido de que, salvo alguna excepción, todos sabéis que la reencarnación de las almas es una verdad cósmica.

Pero sí, indicaré algunos puntos que nos ayudarán en nuestra labor, en nuestra tarea de divulgación de la verdad de la reencarnación. Porque, en el momento actual en que vivimos, ello es muy necesario.

La primera resistencia que encontrareis, será de aquellos que, por herencia familiar, por comodismo o por falta de valentía en desafiar los prejuicios, pertenecen aún al tradicíonalismo, cuando os digan: —"¿Y si la reencarnación es una verdad, por qué es desconocida entre nosotros? Las iglesias del cristianismo lo niegan”.

A esto podréis responderles que, por los mismos motivos que son desconocidas muchas verdades que han venido siendo ocultadas por los convencionalismos, por las mentalidades retrógradas, empeñadas en mantener la ignorancia de los pueblos.

Sin extendernos mucho, podemos referir las palabras del Mesías, citadas aún en las versiones actuales del Nuevo Testamento, en las cuales está demostrada, con toda claridad, la verdad de la reencarnación.

El Evangelio del apóstol Mateo (Cáp. XI v. 14-15) nos dice que, refiriéndose a Juan el Bautista, el Mesías dijo a la multitud que le seguía: "Y si queréis oírlo, él es Elías que había de venir. El que tiene oídos que oiga”.

Pues, esta vuelta de Elías a la carne, había sido ya anunciada por el profeta Malaquías. (IV-5)., Está bien claro, ¿verdad?

Y a esos que nos digan que las iglesias niegan la reencarnación, podremos decirles que, toda iglesia o miembro de la misma que niega la reencarnación, está negando lo afirmado por los Evangelios.

Y en otra parte del Evangelio del apóstol Mateo (XVII, 12-13) dice bien claro al referirse a Juan el Bautista: "Pero yo os declaro que Elías ya vino y no le reconocieron, sino que hicieron de él cuanto quisieron. Así también harán ellos padecer al hijo del hombre. Entonces entendieron los discípulos que les había hablado de Juan el Bautista.

Y a mayor abundamiento, podemos decirles que, no sólo el apóstol Mateo, sino también el apóstol Marcos hace mención en ese pasaje, cuando refiere la conversación de los discípulos con el maestro Jesús. Véase el Cáp. IX vers. 10 al 12, en los cuales, las versiones actuales rezan así: "Y le preguntaron, ¿pues cómo dicen los fariseos y los escribas, que ha de venir primero Elías? Y entre otras cosas dijo: "Elías ha venido ya en la persona del Bautista"

O sea que, Jesús el Mesías, afirmó con claridad que Elías, el espíritu de Elías, naturalmente, había vuelto a la vida física: había pues, reencarnado o encarnado de nuevo en la persona de Juan el Bautista (Johanan, hijo de Zacarías e Isabel).

Y aquí surge esta interrogante: ¿Por qué, entonces, es ocultada esta verdad por las iglesias que se dicen ser cristianas?

Negar la reencarnación, es negar lo afirmado en los Evangelios.
Y aquí, es donde podemos hacer hincapié.
Podemos decirles, porque es una verdad, que todos los cristianos en los primeros siglos del cristianismo, ese cristianismo de amor y renunciamiento, creían y sostenían la doctrina de la reencarnación de las almas.

Pues, la reencarnación formaba parte de la doctrina cristiana. Y entre otros, citaremos las palabras del más instruido de los padres de la primitiva Iglesia Cristiana, Orígenes, discípulo de San Clemente; que decía: "Cada alma recibe un cuerpo de acuerdo con sus merecimientos y previas acciones en sus vidas pasadas—.

Y para aquellas personas de mayor cultura, podremos decirles que, el concepto de la reencarnación no es nada nuevo, ya que es conocida y aceptada como verdad desde la antigüedad y sostenida por las diversas religiones y filosofías de toda Asia, y por las escuelas filosóficas y esotéricas en las antiguas civilizaciones. (CONTINUA)

SEBASTIAN DE ARAUCO



PALABRAS DE ALIENTO

NO HUYAS DEL DEBER



Todo ser humano enfrenta períodos difíciles en su vida.

Hay momentos en que la esperanza parece desaparecer en el horizonte.

En esas oportunidades, todos los sueños y planes se desvanecen.

La armonía familiar, tan cuidadosamente construida, cede lugar a las peleas.

La profesión, llevada con el máximo cariño, pasa a ser motivo de tormento.

La salud, habitualmente vigorosa, se torna débil y vacilante.

Amigos de largo tiempo se alejan en razón de desentendimientos fortuitos.

Muchas veces, es posible identificar, en el propio comportamiento, el fallo que desencadenó la catástrofe.

Una inmoralidad, una palabra mal dicha, la falta de dedicación o de cariño pueden provocar la desarmonía.

En esos casos, se torna evidente lo que debe ser corregido, a fin de evitar nuevas crisis.

Pero, a veces, no hay una causa visible para una tragedia que nos abate.

Es el trabajador dedicado y honesto que pierde el empleo.

El marido fiel y cortés traicionado por la mujer.

El hijo amado y cuidado que se entrega a las drogas, y causa infinitas aflicciones a los padres.

La amistad antigua que termina a consecuencia de calumnias.

En otras oportunidades, parece que la vida exige una cuota muy grande de esfuerzos.

La enfermedad de un familiar consume vastos recursos económicos. Además de eso, el enfermo exige atención y cuidados constantes.

La manutención de un negocio difícil y poco rentable.

Un patrón que se muestra exigente y avaro.

El trabajo que se convierte en un tormento.

La unión de la familia que solo se mantiene a costa de esfuerzos extraordinarios.

Entre incomprensiones y dificultades, la tarea parece gigantesca.

Muchas veces, hay una salida fácil. En otras, eso no ocurre.

Delante de un familiar enfermo, un hijo drogadicto, o del único empleo disponible que se torna muy difícil, ¿qué hacer?

En esas situaciones, se observa condiciones muy severas impuestas por la vida.

Si no hay causas identificables en la presente existencia, ellas se encuentran en el pasado.



* * *

El destino del ser humano no es regido por el acaso.

Delante de las situaciones ineluctables y graves, nadie debe sentirse víctima.

Piensa que estás teniendo la oportunidad de redimirte frente a tu propia consciencia.

El sacrificio actual representa la liberación de una deuda antigua.

El familiar que ahora reclama atención y cuidados puede haber sido, en otro tiempo, conducido por ti al vicio y a la degradación.

Ayudarlo hoy no representa un favor, sino la reparación de un error.

Quizás, el jefe insensato haya sido un servidor tuyo, explotado en el pasado. Si él no tuvo la fuerza necesaria para superar el episodio, cabe a ti entenderlo y disculparlo.

Los recursos económicos que hoy te faltan, pueden haber sido desperdiciados en otro tiempo.

Sé digno frente a las dificultades que la vida te presenta. Ellas son las más adecuadas a tus exactas necesidades de aprendizaje y reparación.

No pienses en abandonar el barco, huir del deber.

Las leyes divinas no pueden ser burladas.

Ellas siempre presentan el justo retorno a los méritos y a los equívocos.

Si alguien te traiciona o perjudica, perdónalo.

Actúa con valor y cierra el ciclo del dolor.

Aprende a vivir y a servir con alegría, a pesar de las dificultades.

Para seguir adelante, es necesario ajustar las deudas con el pasado.



Redacción del Momento Espírita.



www.momento.com.br

domingo 21 de junio de 2009

REENCARNACIÓN

(Viene del mes anterior)

DESTINOS

Muchas inteligencias son veladas por la expiación. Bajo mezquinas y penosas apariencias, y aún en los idiotas y en los locos, grandes seres ocultos en la carne, expían un pasado de errores y a veces temible.

El ciego de nacimiento o a temprana edad por accidente, nos indica que encarna un espíritu arrepentido y decidido a sufrir en sí mismo el daño de haber privado de la vista
a otro (como en los casos de la antigua inquisición o venganzas ruines, por ejemplo) u otra falta grave que da motivo a esa expiación; a fin de limpiar su alma, por el dolor, de ese magnetismo deletéreo que no le permite avanzar en su ascensión espiritual.

El mudo, que encarna al que usó la palabra para calumniar o traicionar, con lo cual hizo sufrir. El manco, el cojo, el paralítico, etc., son demostraciones visibles y elocuentes de sus faltas anteriores. Ciertas enfermedades congénitas y falta de salud desde la infancia, suelen ser consecuencias de vidas anteriores de desorden y despilfarro de energías.

SON DESTINOS DOLOROSOS, CONSECUENCIAS DEL MAL USO DE SU LIBRE ALBEDRIO.

Todas esas vidas oscuras, atormentadas, dolorosas, son crisoles en que el alma se despoja de sus impurezas, donde las pasiones bajas se transmutan poco a poco, por divina alquimia, en pasiones elevadas de bien. Pero, por la falta del conocimiento de las leyes que rigen la vida, en muchas de las veces se rebelan, con lo cual impiden el proceso depurador (catarsis) como será explicado al tratar el próximo capítulo sobre el dolor; pero, pasado el período de prueba, ya en el plano extrafísico, aprecian que esa vida de dolor no ha sido estéril y sí beneficiosa.

¡Tengamos compasión de esos seres, ya que son espíritus arrepentidos! Ayudémosles, con amor, a pagar sus viejas deudas, aunque sea con un pensamiento de compasión y cariño. Siendo Dios, amor supremo, que sólo por expansión de Su amor dio vida a cuanto existe , sin pedir ni esperar de sus criaturas sino que sean felices eternamente, y para cuyo objeto ha creado leyes sabias, y que con harta frecuencia violamos; se deduce que, el dolor NO es enviado por EL, sino consecuencia de nuestros errores en el pasado, del dolor sembrado por nosotros conscientemente. Son las trasgresiones, las faltas en contra de la sublime Ley Universal del Amor, las que atraen al alma dolorosas consecuencias. Asimismo que, las obras de amor, grandes o pequeñas, son las que atraen mayor felicidad y progreso.

Todo bien, todo esfuerzo que hagamos desinteresadamente con amor en beneficio de alguien, no se pierde. No importa que hayamos recibido ingratitudes y hasta traiciones, pues la Ley todo lo recoge y nos lo devolverá tarde o temprano. El tiempo, tal como lo entendemos en la vida humana, no existe en la vida eterna del Espíritu.

Reconstruir por la fraternidad y el amor todo lo que destruye el odio de los hombres, es y será siempre la obra que salvará la humanidad.

La superioridad de nacimiento de ciertos seres, es el resultado de sus obras anteriores.Somos espíritus más o menos jóvenes o viejos, hemos vivido múltiples vidas ,hemos probado los placeres y dolores, la riqueza y la pobreza,hemos pasado por vidas de esclavos y de amos, avanzando siempre hacia más elevados destinos.

La riqueza proporciona magnífica s oportunidades de estudio, permitiendo darle al Espíritu una cultura mas amplia, y pone en sus manos los medios de aliviar a sus semejantes de los sufrimientos de la miseria y contribuir a su mejoramiento. Por desventura, la generalidad de las gentes presionadas por el ' egoísmo y por las atracciones del medio ambiente, no piensan más que en sí mis mas, por desconocimiento de las consecuencias. La riqueza. endurece, con harta frecuencia, el corazón humano, impidiendo escuchar el llamado del Espíritu que se manifiesta por medio de esa sensación de compasión y lástima. No escuchar ese llamado, es desperdiciar una magnífica oportunidad de progreso.

y el progreso en una existencia, da derecho para nacer bajo mejores auspicios, lo que proporciona una vida más feliz. Y cuando ese progreso haya llegado a cierto grado, será para vivir en plena luz, sin las alternativas de la vida y de la muerte en los planos físicos.

A medida que el ser humano avanza en su eterno camino de ascensión, su inteligencia y demás facultades se desarrollan como consecuencia del ejercicio de su mente, así como nuevos y más amplios horizontes con nuevas experiencias y nuevos conceptos se presentan ante él que le atraen. Es la ley universal del progreso que le llama, que le invita a avanzar en su eterno camino de ascensión; pero , no siempre el individuo responde a este llamado. En las más de las veces , cede a las atracciones de su medio ambiente circundante, siendo arrastrado por el espejismo de las sensaciones, y se estanca, retardando su progreso. Pero, como el estatismo es contrario a la Ley, ésta actúa de un modo NO siempre agradable, y por medio de circunstancias que los humanos denominamos adversas, le conduce amorosamente (como hacen los buenos padres con sus hijos) hacia el ejercicio de sus facultades, obligándole a la solución de dificultades y superación de obstáculos, con lo cual se capacita para mayores realizaciones, contribuyendo con ello a su propio progreso y evolución.


SEBASTIAN DE ARAUCO


Publicado en Amor paz y caridad Nº 23 febrero 1984 del libro "3 enfoques sobre la reencarnación"

PÁGINA POÉTICA


ALOCUCIÓN


Si te sientes hermano de los hombres,
si confías de Dios en el Amor,
rasga de las tinieblas el capuz
y combate del mal la imperfección.

Sumérgete del Bien en la ambrosía
y hazte un rayo de luz de a Esperanza
para los corazones que en tinieblas
caminan al encuentro del mañana.

Haz un alto en la senda del dolor
y detente a pensar en los demás.
¡Son tantos los que sufren más que tú...,
los que no ven la luz del Más Allá!

Afírmate, hermano, en el deber,
desenfunda la espada del Amor
y combate del mal la iniquidad,
abriendo a los demás el corazón.

Pon a Dios al alcance de los hombres
por medio del Amor y de la Verdad,
por el conocimiento y la Virtud,
por la superación espiritual.

El mundo necesita de tu esfuerzo
para regenerarse y ser feliz,
para no despeñarse en el abismo
y ver con confianza el porvenir.

de sus aguas revueltas clarifica
el río turbulento, arrollador,
con la luz del glorioso espiritismo,
del bien y del Amor irradiación.

El hombre esta sediento de agua pura,
el hombre esta sediento de verdad,
y es preciso acercar hasta sus labios
del maestro Kardec el manantial.

Hacerle comprender que Dios existe,
que todo está con El en relación;
que el alma no se extingue con la muerte
y vibra eternamente en el Amor.

Su visión de la Vida es inmediata,
no alcanza a comprender su magnitud,
y todo su campo es confusión
porque del Más Allá no ve la luz.

Los dogmas le han turbado la razón,
no han dejado pensar ni discernir,
y se aparta del Bien y la Esperanza,
buscando en los placeres ser feliz.

Del dolor se resiste al correctivo,
no combate del mal la iniquidad,
y se deja llevar por la corriente
de un mundo corrompido y sin moral.

A Dios no sabe hallar en parte alguna,
necesita palpar para creer,
y ciego de pasión va por la vida,
desprovisto de Amor, de Luz y Fe.

Por eso es necesario imprescindible,
al hombre devolverle la razón
y hacerle comprender que es inmortal,
una “chispa” divina del Creador.



José Martínez







sábado 13 de junio de 2009

RECORDANDO EL PASADO

ADELANTE SIEMPRE ADELANTE

No hay lucha, no hay batalla, no hay combate que pueda compararse a los que sostiene el alma humana contra sí misma, cuando se apercibe de los mil defectos que la manchan.

Bajo la máscara de aparente tranquilidad exterior, el interior es un volcán en el que la razón que acaba de despertar a la ley moral lucha sin tregua contra las pasiones odiosas y hediondas que hasta entonces han formado el fondo del carácter.

La voluntad que trata de imponerse a la voluntad por las inmoralidades y flaquezas pasionales, lucha contra sí misma, sin parar, sin descanso. A cada momento de la Vida se presenta en el palenque el enemigo mortal del alma. Ese enemigo es ella misma, es decir, sus propias miserias, sus imperfecciones, los hábitos y costumbres viciosas adquiridas durante los siglos pasados con la repetición de actos contrarios al Amor y al Bien.

Batalla con denuedo contra esos enemigos que, a veces, forman legiones. Ahora es orgullo; luego la soberbia; después la lujuria, la ira, el egoísmo, pretendiendo dominar el alma.

El afán del ser que ya ha echado una mirada al interior de su propio corazón y ha descubierto en él tanta maldad, consiste en extirparla, en desechar de sí el orgullo bajo todas sus formas; acogerse al amor puro y grandioso que ha de regenerarle y revivirle.

Pero, allí está la costumbre adquirida que arrastra al vicio y a los desplantes de absolutismo del alma. Y a pesar suyo, sangrando su corazón, se ve arrastrado al abismo, es decir, a seguir la pendiente en la que se encuentra, por más fuerte que el presente; el pasado vicioso es maduro, mientras que el presente virtuoso no es más que un niño. La vida nos ofrece una imagen de lo que ocurre con ese niño. Hay que cuidarlo mucho y a pasar años y más años con él para que se transforme en hombre. Pues lo mismo pasa con éste.

Es más potente el vicio en el alma que despierta a la luz moral que la virtud; y en la lucha entablada entre los dos, no es extraño que bastantes veces sea vencida la segunda. Pero esa lucha es necesaria y altamente beneficiosa, aun cuando en ella cada combate aumenta las fuerzas del alma; de cada refriega titánica consigo misma sale más desarrollada la voluntad, esa facultad que es el todo del hombre, su personalidad, su constante realización, sin cuyo desarrollo le es imposible a la virtud alcanzar la anhelada victoria.

Al presenciar en sí misma la derrota de los principios buenos que quiere implantar en su ser, el alma sufre terriblemente y el desmayo y el desaliento intentan apoderarse de ella.

Hay que resurgir en contra de esa propensión; no debemos desmayar ni desalentarnos cuando, después del rudo combate, han resultado vencedores en nosotros el vicio, el amor propio, etc. Al contrario; debemos volver. Nuestro escudo debe ser el valor y sobre todo, la fe en nuestro destino que es el Bien final para todos; es decir, la fe en la Ley, en Dios que nos ayuda a luchar, y a adelantar en el camino de nuestro progreso. No hay que acobardarnos cuando nos convencemos en el terreno de la práctica, de que cuesta mucho más de lo que nos creíamos arrancar de nuestro Yo un sencillo defecto. Tengamos ánimo y adelante, adelante, siempre adelante.

Ahora bien, no porque se convenza el alma de que es costosísimo el dar ese paso adelante, debe abandonarse en su propia labor. De ningún modo. Si lo hiciera así adquiriría una gran responsabilidad y se vería detenida para largo tiempo en su ascensión progresiva.

Es preciso seguir luchando contra nosotros mismos, en todos los instantes de nuestra vida para transformarnos moralmente. Considerando, sobre todo, que tenemos la obligación ineludible de sembrar el amor en todos los corazones que nos rodean y que nuestro orgullo, nuestro egoísmo, nuestros vicios y defectos hacen sufrir muchísimo a esos seres, a esos mismos corazones.

Esta idea que es exacta nos hará luchar sin reposo para conquistar cada día un átomo más de humanidad, de ternura, de pureza, de amor divino, para ofrecer ese fruto de nosotros a Dios y a nuestros semejantes.

Tengamos ánimo, valor y fe en el Padre y sigamos adelante a pesar de las múltiples derrotas que suframos; y lo que nos parece imposible se realizará en nosotros con relativa facilidad.


Artículo extraído de la revista “La luz del Porvenir”, nº 43, editada en Villena el 1 de Octubre de 1908.

jueves 4 de junio de 2009

LEYES UNIVERSALES

MEDITACIÓN Y ORACIÓN


La meditación y oración como factores evoluti­vos.

Ventajas de su práctica en la vida diaria.



La meditación es el arte de examinar un asunto, analizándolo es sus diversos aspectos, mediante la concentra­ción mental sobre el mismo, para conocerlo mejor. Y en esa concentración mental y en un análisis pausado y sereno, la mente humana puede entrar en contacto con la Mente Espiritual superior, donde radican las múltiples experiencias de las vidas pasadas, y puede llegar a percibir con mayor claridad el objeto motivo de la meditación. Para ello es necesario comenzar con una concentración durante unos minutos, concentración que debe hacerse con elevación, a fin de hacer contacto con la Mente superior.

Y para obtener los resultados benéficos deseados de la meditación, es necesario perseverar en ese propósito, sin desánimos en el comienzo, hasta establecer el hábito que facilita esa unión, la unión de la mente humana con la Mente espiritual. Pues, mientras no se produzca una buena concentra­ción, mientras no se haya aprendido a rechazar los pensamientos extraños al objeto de la meditación, no podrá conseguirse la unión de la mente o conciencia humana con la Mente o Conciencia superior.



Y para que la meditación rinda los frutos deseados, requiere perseverancia en su práctica, a fin de establecer el hábito; pues en el comienzo, los pensamientos sobre los asuntos de la vida diaria suelen entorpecer la concentración plena, indispensable para conseguir la conexión referida. La práctica de la meditación es una necesidad para un más acertado actuar en la vida humana. Son múltiples los aspectos sobre los cuales podemos meditar con frecuencia, diariamente. Pero, a lo que debemos dar preferencia, si deseamos perfeccionarnos es a la naturaleza de nuestros sentimientos, pensamientos, deseos y reacciones. Analizar con frecuencia estos aspectos de nuestro carácter, nos permitirá ver nuestros puntos débiles, así como la necesidad de superar­los. Pues como fácil es comprender, nadie puede corregir ni superar una imperfección si la desconoce.



Si bien es cierto que los compromisos humanos del diario vivir, puramente materiales, absorben la atención de la mayoría de las personas, dejando que la mente sea impregnada de pensamientos, muchas veces desarmónicos, que les apartan del verdadero objeto de la vida; no es menos cierto que, con una práctica de reposo mental, recogiéndose en sí mismo por un breve espacio de tiempo todos los días a la hora más propicia, puede adquirirse una mayor claridad mental acerca de las mismas actividades humanas y una mayor visión de la vida.



Para todo principiante, las primeras prácticas de meditación son las más difíciles porque, a la mente llegan a tropel pensamientos e imágenes mentales del diario vivir que, mientras no se aprende a desechar, pueden perturbar un poco, así como el recuerdo de disturbios emocionales. Pero, a medida que se va ejercitando la concentración de una sola idea, rechazando todo pensamiento ajeno al momento, y a medida que se hace de la meditación un hábito, su práctica se hace ya más fácil.



Por ello, el primer paso en la meditación es cultivar el hábito, mediante la práctica diaria, en el momento y hora más propicio. Nadie podrá argüir, por ocupada que su vida sea, que no puede disponer de 15 a 30 minutos en las 24 horas. Y con esos 15 a 30 minutos diarios de meditación y elevación de pensamiento, podrá ir estableciendo ese contacto con la propia Conciencia espiritual, cúmulo de experiencias, con lo que podrá obtenerse una mayor energía y claridad mental. Cierto es que el ego inferior, impregnado como está de los asuntos y conveniencias humanas, tratará e inventará muchos pretextos para disuadir de la práctica de la meditación y oración; impidiendo con ello la manifestación del Ego superior, que es la realidad, y a la que debemos facilitar su manifestación, si queremos progresar.



Variados pueden ser los puntos objeto de la medita­ción, los cuales mucho podrán contribuir en nuestra autorreali­zación; como por ejemplo:



*El análisis sobre nuestros sentimientos para con las demás personas con quienes nos relacionamos, ya que esos sentimientos nos inducen a la creación de pensamientos análogos y estos a la acción; acción o acciones que, como ya sabéis, crean causas buenas o malas, crean karma benéfico o maléfico, según la naturaleza de las mismas.



*Sobre nuestras imperfecciones, analizando sus aspectos perjudiciales.



*Sobre nuestras actuaciones y comportamiento en las relaciones humanas y muy especialmente en el hogar.



*Reflexionando sobre algunos aspectos que vais conociendo, a medida que vais penetrando en el conocimiento espiri­tual, y para lo cual puede seros de gran ayuda las lecciones que vais recibiendo y que os pueden orientar hacia una meditación transcendental.



*Sobre la grandeza de la Divinidad y Sus leyes, mediante la observación y análisis de los diversos aspectos de Su manifestación.



Diversas también son las técnicas y medios indicados por las diversas escuelas, así como diversos son los tempera­mentos y grados de evolución, por lo que no puede ser fijado un método único, sino hacer ciertas indicaciones para que cada cual las adapte a su propia necesidad, y descubra por sí mismo la clase de meditación más adecuada. Como vía de indicación, hacemos las siguientes sugerencias:



1.Buscar un lugar apropiado y fijo (en el hogar si es posible) y silencioso, que ayuda a disponer el ánimo para la meditación y facilita la concentración.



2.Una completa quietud mental-emocional es necesaria. Un desentenderse momentáneo del mundo en que vive, a fin de desprenderse de los pensamientos dominantes.



3.Introspección o búsqueda del contacto con el Ego o Conciencia superior, donde radican las experiencias de las múltiples vidas. Esto es importante en la búsqueda del porqué de los problemas humanos y su solución.



4.Elevar el pensamiento hacia la Superconciencia (o sea pensamientos de amor y comprensión hacia todos) para establecer la unión mental necesaria, a fin de recibir Luz y Fortaleza.



5.Analizar los diversos aspectos de las imperfecciones propias y estados afectivos, pasiones que amargan la vida e impiden el progreso espiritual; así como meditar sobre las leyes de la Vida, para grabarlas cada vez más en la mente humana, a fin de no transgredirlas y coordinar nuestra vida de acuerdo con las mismas.



6.Tomar, de vez en cuando, algunos de los temas o conceptos de las lecciones recibidas y por recibir.



7.Tomar las resoluciones que de esa meditación sean indica­das, con el firme propósito de su realización.



Y cuando comencéis con la práctica diaria de la oración, que es una elevación o proyección del Espíritu hacia los Reinos Espirituales superiores a los cuales pertenece, os sorprenderá notar como el estado de ánimo frente a la vida diaria, va cambiando hacia aspectos más agradables, y la vida os parecerá más hermosa... No lo dudéis ni un momento. Pero, para obtener el máximo de provecho, es necesario perseverar hasta haber creado el hábito de la meditación y oración; con lo cual el Espíritu se fortalece para una mejor manifestación. Y una vez creado el hábito de la meditación y oración, os será la cosa más fácil del mundo. Más aún, comenzaréis a sentir la necesidad de su práctica.



Cada vez que elevemos el pensamiento a Dios estaremos uniéndonos a El vibratorialmente. No en el aspecto religioso de que El nos habla como persona; sino que, esa Grandiosidad Cósmica en la que estamos inmersos, está constantemente vibrando en Amor, Sabiduría y Poder; y, estaremos estableciendo unión con esas poderosas vibraciones que irán penetrando en nosotros más y más cada vez, iluminando la mente y purificando el alma, por la impregnación del Amor Divino, a la vez que fortaleciendo el Espíritu para resistir mejor las tentaciones y superar las dificultades de la vida humana.



La oración no es el rezo monótono de palabras y frases sin sentimiento, como algunos practican; sino la manifestación del deseo que el Espíritu siente de elevarse hacia su Creador, hacia la Fuente que le dio vida y unirse a El. Y ese acto, cuando se realiza con verdadero sentimiento, genera una fuerza, una energía, que puede atraer al plano físico energías vivificantes, purificadoras, sanadoras, armonizadoras y realizadoras. Todo aquel que cultive la oración con elevación y verdadero sentimiento de bien; va transformán­dose gradualmente en foco radiante de energías de la Divinidad; energías desconocidas por la grandísima mayoría de los humanos que, presionados por los deseos materiales, no alcanzan a comprender que, cuanto más se alejen de su condición espiri­tual, más y más desventurados serán.



Y para que la oración sea efectiva, tiene que ser intensamente sentida, y tener el alma libre de todo resenti­miento o cualquier otro modo de sentimiento negativo, y sólo con deseo intenso de bien. Toda actitud o sentimiento negativo, y aún una simple indisposición contra alguien, debilita la fuerza de la oración y malogra sus resultados benéficos. En su forma más elevada, la oración deja de ser una petición cuando elevamos el pensamiento a Dios y expresamos nuestro agradecimiento por todas las bondades recibidas; pidiendo que ilumine nuestro entendimiento para seguir por el camino recto, a la vez que fortaleza para dominar las pasiones y corregir las imperfecciones, a fin de realizar nuestro destino. Y cuando pedimos para los demás, con amor y fe, esa energía es encauzada por las Fuerzas Espirituales Superiores mediante nuestra invocación, que es la que establece el contacto vibratorio desde el plano físico; contacto vibratorio que se establece cuando elevamos nuestro pensamiento con fe y amor, para el bien de los demás y aún para nosotros mismos. Pero, no debemos pedir cosas materiales para nosotros, porque esa vibración conectaría con entidades del astral inferior que, si bien pueden responder, será siempre en perjuicio.Acostumbraos a pedir siempre el bien para vuestros hermanos. Y así, vuestro espíritu encontrará fácilmente el camino que le conectará con las Fuerzas de todo bien, cuando necesitéis pedir para vosotros mismos. Mucho os ayudará en la práctica de la meditación si al comienzo, después de unos minutos de concentración con elevación, hacéis la invocación con la que iniciamos nuestras clases:



MAESTRO JESÚS. POR AMOR OS PIDO ILUMINAD MI MENTE PARA PODER ADQUIRIR EL CONOCIMIENTO VERDADERO, A FIN DE ORIENTAR MI VIDA DENTRO DE TUS ENSEÑANZAS DE AMOR Y SABIDURÍA; PARA UN MÁS RÁPIDO PROGRESO Y EVOLUCIÓN Y MEJOR AYUDA A MIS SEMEJANTES.




SEBASTIAN DE ARAUCO