domingo 25 de octubre de 2009

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

EL ORGULLO COMO PERDICIÓN DEL ESPIRITA

Muchos centros espiritistas han fracasado por el orgullo. Sin darnos cuenta, llevamos un gusanillo dentro de nosotros, al que vamos animando cada vez más, hasta que llegamos a perder el control.

Cuando un hermano nuestro da señales de ser un médium, todos le damos ánimos, le apoyamos para que se desarrolle; comienza a darnos unas comunicaciones satisfactorias y lógicas, pero que siempre las debemos de analizar. Un día, no está en condiciones de recibir a entidades superiores, y sin darse cuenta, piensa que si no puede decir nada, qué opinarán los demás. No sólo eso, sino que aquí viene la segunda parte, la de los hermanos del grupo: ¿cómo es que hoy no se han comunicado por ti? Ahí sale el gusanillo. El médium se siente un poco defraudado y abre las puertas de su materia. Y como no podernos ignorar que siempre alrededor nuestro hay hermanos con ganas de entrar por esas puertas que no les pertenecen, nos dan un concierto muy agradable y nos llena; porque esos seres nos dan bienestar y muchas satisfacciones, diciendo que somos buenos y que sabemos más que los otros. ¿Y por qué no rechazamos nosotros esas comunicaciones que se identifican como las de San o San . . . . . . . . . ? Hermanos, creo en el refrán "quien bien te quiere te hará llorar”. Pensemos que estamos en un planeta en evolución y necesitamos más consejos que alabanzas.

El espiritista tiene mucha responsabilidad, y si no intentamos erradicar el orgullo, tendremos muchos fracasos en los grupos espiritistas. Creo que nosotros podemos matar ese gusanillo del orgullo, porque cuando un hermano nuestro hace un mérito, para la doctrina o para lo que sea, no se le tiene que alabar tanto, porque no le estamos beneficiando, sino perjudicando, y lo estamos encerrando en esa envoltura del orgullo.

Cuando él haya hecho un mérito, es porque antes lo dejó por hacer y lleva un retraso en su carrera. No se le puede aplaudir al último de la carrera y por aquí, fallamos todos por lo general.
Damos una imagen del espiritismo no muy recomendable. Muchos grupos fracasan por los motivos más o menos explicados. Nosotros no podemos ignorarlos y tenemos que evitarlos. ¿De qué manera? Muy sencillo, no dando importancia a lo que hacemos. Cuando lo hagamos, pensemos que eso no es todo, que podemos hacer más y mucho mejor.

Nos debemos de mentalizar, que en un grupo espiritista no hay ni primero ni último. No obstante, siempre en los grupos tiene que haber portavoces, como es lógico, pero no jerarquías, porque entonces nos vemos envueltos por el orgullo.

Los grupos que crean que tienen seres de alta categoría y que siempre están con ellos, que piensen que en la Tierra, hay millares de grupos espíritas y que funcionan a veces, a la misma hora. Por tanto ese espíritu, es imposible que a la misma hora esté en tantos sitios al mismo tiempo. Quiero aclarar este asunto. Sabemos que un espíritu muy elevado, puede dar fluido a muchos grupos a la vez, pero no comunicarse más que en un sólo grupo en concreto.

Hermanos, se ha celebrado este Congreso para poder conocernos los espiritistas españoles y de esta manera, todos aprender y enseñar. Consideremos que a los espiritistas nos tienen catalogados con una mala imagen, debido entre otras cosas, al orgullo. Nosotros podemos y debemos quitar esa imagen que tiene el espiritismo español. Con nuestro ejemplo y sin interés material, poniendo lo que cada uno sabe, sin importarnos lo que la gente diga de nosotros; que vean que el espiritismo español no se "comercializa"; que todos somos conscientes de lo que hacemos y de lo que pretendemos, SOLO EL BIEN DE LA DOCTRINA Y EL BIEN DE A HUMANIDAD, para que la humanidad sepa por qué viene y dónde va.


GRUPO FRATERNIDAD HUMANA
 TARRASA

sábado 24 de octubre de 2009

PALABRAS DE ALIENTO

Estableciendo metas



Si no sabes adonde ir ¿cómo podrás llegar a alguna parte?

Esta es una cuestión obvia. Por eso, cuando se planean vacaciones elegimos un lugar.

Porque, dependiendo del lugar elegido seleccionaremos el tipo de transporte, haremos las reservas para el hospedaje, nos proveeremos de la ropa adecuada.

Cuando salimos de paseo, igualmente decidimos el local. ¿Iremos al campo, a la playa, a la casa de los amigos?

Justamente a partir de esa definición ajustaremos horarios, invitaremos esa o aquella persona, haremos los contactos preliminares.

Sin embargo, de una manera muy paradójica, cuando hablamos de nuestros objetivos existenciales pocas personas tienen metas bien definidas.

Esa es una de las causas de la depresión en los días actuales.

La persona dice que quiere tener una vida normal, simplemente. Pero, no establece lo que sería esa vida normal. Lo que desea para sí.

¿Qué le gustaría hacer?

Profesionalmente, ¿qué pretende? ¿Dónde desea trabajar, con quién, qué cursos aún planea hacer, qué perfeccionamiento anhela?

Personalmente, ¿piensa en casarse, tener hijos, vivir en una casa o en un piso, en el campo o en la ciudad, en este o en otro país?

Culturalmente, ¿desea perfeccionarse en el estudio de idiomas, en el arte o artesanía?
Cuando surgen las preguntas, las respuestas son casi siempre evasivas: No sé, cualquier cosa, lo que sea está bien.

Algunas personas se rehusan a idealizar, a soñar. Dicen que actúan así para no sufrir decepciones.

Otras, se dicen incapacitadas de soñar sus propios sueños. Piensan en realizarse por intermedio de otras personas.

O que otras personas las hagan felices.

Ahí está la cuestión: si no hay una meta preestablecida, si no existe un objetivo a ser alcanzado, ¿cómo encontrar ánimo y energía para vivir con intensidad cada día?

¿Dónde está la alegría de la conquista? ¿Dónde está la sonrisa de la victoria? ¿Dónde está la satisfacción de confirmarse vencedor?

Sin metas no se vive. Simplemente se obedece a los automatismos.

Es un adormecer psicológico que conduce al ser humano a estados de indiferencia, desanimo, descontento, hasta el desprecio por la vida.

Para tener salud es imprescindible establecer un proyecto personal, definiendo exactamente lo que se desea.

Lograrlo o no es otra cuestión. Pero lo importante es el esfuerzo, la lucha continuada.
Pensemos en eso y hagamos un análisis de nuestras metas, nuestros sueños.

Si hasta ahora estamos viviendo por vivir, trabajando, estudiando, porque está en el contexto en que nos movemos, es mejor que hagamos una parada.

Replanteemos nuestra vida. Elijamos por lo menos una meta a realizar.

No nos dejemos intimidar por los años transcurridos o por los muchos días ya vividos.

Siempre es tiempo de aprender, de ser feliz.

Piensa en eso.


Redacción del Momento Espírita
 30.06.2009.



domingo 18 de octubre de 2009

REENCARNACIÓN

ACCIÓN DE LA LEY DE CONSECUENCIAS

DESPUÉS DE LA MUERTE


Aun cuando no es objeto de esta obra entrar en la descripción o análisis de la vida en el Mis Allá, después de la muerte del cuerpo físico, necesario es hacer algunas aclaraciones breves, a fin de llevar al conocimiento del lector algunos aspectos que pueden ser le muy útiles en sus reflexiones.

Comencemos con ese fenómeno psicofisiológico denominado muerte.

¿Qué es la muerte?

Variadas pueden ser las repuestas, según los conocimientos y creencias de cada cual.

Para muchos, es el final de la vida, el final de todo. Para otros, es un fantasma aterrador que (arbitrariamente) les priva de la vida, de sus placeres y lujos, de sus comodidades o del poder de autoridad que disfrutan. Y a todos estos, les asusta pensar en lo que pueda haber
después de ese accidente.

Para otros, sin embargo, es el descanso, el final de una vida de sufrimientos, entre quienes hay que esperan un más allá feliz, aunque desconocido, y quienes no esperan nada (pero, aun estos tienen sus dudas).

Muchos esperan ser recibidos en el Cielo, por pertenecer a alguna de las creencias religiosas y haber cumplido con los dogmas y requisitos que la misma establece. Sin embargo, las religiones, por sí mismas, no salvan a nadie; porque todas las religiones y seudoreligiones, con sus rituales y dogmas contrarios a la Lógica y a la razón, son creación de los hombres. Al pasar el umbral del Más Allá,
al entrar en la cuarta dimensión: ASTRAL ( I ) , las religiones no tienen valor alguno y solo cuentan las buenas obras realizadas. La verdadera religión es la que profeso el sublime Nazareno y otros grandes Mesías: la religión del amor universal, sintetizada en estas frases: «AMA A TUS SEMEJANTES COMO TE AMAS A TI MISMO, porque “SOLO POR EL AMOR SERA SALVO EL HOMBRE”».

Para algunos otros, la muerte es el final de una jornada mis, de la cual llevan un bagaje de conocimientos y experiencias, o de una misión cumplida, y esperan la muerte con confianza y hasta con deseo; porque, Para estos, la llamada muerte no es mis que el tránsito de una vida a otra vida plena de actividad y esplendor, es disfrutar de la libertad, libre ya de la prisión que Para el Espíritu es el cuerpo carnal.

Como puede apreciarse, aunque igual en apariencia, cada cual tiene formada una idea diferente de ese trance: acertada o desacertada.

En realidad, la muerte viene a ser el final de una jornada y el comienzo de una nueva vida, Para mejor o Para peor, según haya sido el comportamiento. Es el fenómeno de la resurrección, ya que el ser real resucita verdaderamente a una vida nueva. Por medio de ese trance, tan temible Para algunos, el Ser real, Espíritu, deja el vehículo físico-carnal que ya no necesita ni le sirve Para la vida en esa otra dimensión. Diremos, desencarna.

Ahora bien. Debemos tener presente que, al cruzar el umbral de entrada en esa otra dimensión desconocida (desconocida Para la gran mayoría, por haber sido ocultada y su divulgación perseguida por los convencionalismos), Llevamos los mismos pensamientos y sentimientos, creencias y tendencias, amor U odio, y deseos que mantenemos en la vida humana.

De inmediato se produce una turbación que varía mucho en cada caso, es un oscurecimiento de las facultades mentales, como cuando encarno, pero mas bien corto, aunque depende de la condición moral. Esto acontece en la generalidad de los casos por enfermedad; pues, en las muertes violentas, es muy diferente. Los seres ya muy progresados, despiertan momentos después de entrar el cuerpo físico en estado de coma y agonía (muy suave y apenas perceptible en los buenos), surgiendo a la vida espiritual y asisten conscientes a la extinción de la vida de su cuerpo carnal, elevandose seguidamente a las moradas celestes, cuyo resplandor ya vislumbran. Pero para los egoístas, malvados y aquellos apegados a la vida material, esa turbación puede durar mucho tiempo, años, según haya sido su vida. Y aquellos que solo hayan vivido Para los placeres de los sentidos, acumulación de riquezas y poder mal habidos; los hipócritas, malvados y criminales en diversas clases sociales; todo aquel que haya abusado de su autoridad, haya engañado o estafado, etc.; son los que sufren mayor turbación, despertando en una oscuridad tenebrosa, denominada también tinieblas, y en las cuales pasan sumidos por un tiempo que varía también en cada caso, y que es Causa de la desesperación que es de suponer. En muchos casos, estas tinieblas van acompañadas de horribles visiones y sufrimientos, cuyo fin no pueden vislumbrar. Y aquí es ... «el crujir de dientes» que refiere el Evangelio.

EL ALMA COMIENZA, ENTONCES, A PENETRAR EN LA ESENCIA DE LA LEY DE CONSECUENCIAS. ENCONTRANDO EN SI MISMA LOS RESULTADOS DE SU VIDA FINITA.

!cuánto pesan las creencias equivocadas al pasar ese umbral!

iCuantos van engalanados con promesas de salvación gratuitas que no pueden ser cumplidas! iQué doloroso despertar les espera!

Solo la practica del bien, las buenas obras practicadas con verdadero amor en nuestro diario vivir, serán las que únicamente podrán salvar el alma de los sufrimientos al pasar el umbral, y 'elevarse hacia las moradas de felicidad.


Publicado en “Amor paz y caridad” Nº 27 – Octubre - 1984

domingo 11 de octubre de 2009

PÁGINA POÉTICA

JUSTICIA DIVINA

Tenedme, Señor, clemencia;
mostradme, Señor piedad;
ya se acaba mi paciencia
en tan triste soledad.

Que siendo el alma inmortal,
yo no tengo inconveniente
(pecador y penitente),
que me juzgues por mi mal.

Pidiendo por mi clemencia
sentí en mi oído un rumor,
no sé si de mi conciencia
o de un ángel del Señor.

Toda tu desgracia vemos,
pero has de cumplir tu tasa;
piensa que hora que pasa
va quedando un “poco menos”.

Paciencia si ése es tu sino,
lleva la pesada cruz,
que luego tendrás más luz
para alumbrar tu camino.

Me causan mucho temor
de la vida las cadenas,
que las lágrimas y penas,
pesan mucho al pecador.

Ten paciencia en tu dolor,
ten paciencia y esperanza;
pesan más en la balanza
donde las pesa el Señor.

Porque Dios con su pericia
todo el mundo juzgará;
espera el sol de justicia
que tu vida alumbrará.

Que siendo el alma inmortal
es necesario creer,
lo justo, es comparecer
al más alto tribunal.



FRANCISCO MARÍN

lunes 5 de octubre de 2009

RECORDANDO EL PASADO

CONTESTACIÓN


Oímos decir a menudo a nuestro alrededor: puesto que el espíritu ha tenido tantas encarnaciones, y que cada una es un eslabón de la cadena de su progreso y consecuencia ineludible de sus existencias anteriores y puesto que en cada plano de vida, viene el alma a pagar, a purgar, a expiar su pasado, ¿no sería mejor conservar el recuerdo de ese pasado?

Hemos de afirmar a los que esto alegan que el olvido de las anteriores existencias es la mayor prueba de la sabiduría y del amor de nuestro Creador. Y, como no basta afirmar, vamos a tratar de demostrárselo así, dentro de la pequeñez de nuestros medios. ¿Cuál es el destino final de la Creación y por consecuencia, el de las almas que forman parte de ella? La armonización de todos los seres en una inmensa familia, la entronización por la armonía de las inteligencias y de los corazones, del Amor Universal, presidiendo al bien alcanzado por todos y gracias a los esfuerzos de todos.

Si suponemos otro fin a la Creación que el bien y la felicidad de todos, sería negar a Dios, puesto que El es Bien Sumo y que sólo el bien puede producir.

Mirándose el hombre en su interior, tiene que reconocer que está tan lejos de aquel fin como distante se halla de su principio. La eternidad de su vida pasada, la ve demostrada por su estado actual de progreso, comparando con el de las razas inferiores de la Tierra; la eternidad futura comprende su razón, la ve clara, cierta, en el bien infinito al que tiende de continuo, sin cansarse jamás, convencido que en el Universo, solo existen manifestaciones de vida y no de muerte.

Examinando su propio corazón, comprende que se halla a cierto nivel de civilización; pero, que este estado de progreso es aún muy deficiente, muy expuesto al orgullo, muy impregnado de egoísmo. Las leyes que rigen nuestras modernas sociedades lo demuestran así; aún mantienen en ellas todas las injusticias, la diferencia de clases, la humillación del que trabaja y produce para todos, y en fin, como consecuencia lógica, el desamor.

Hay muchas asperezas que limar entre los habitantes de nuestro pobre mundo para que reine en él, el único soberano posible, o sea, el AMOR. ¡Cuantas manifestaciones de odio, de aversión vemos realizarse a cada momento entre los hombres! Aún estamos entregados a la maledicencia, a la calumnia; a esos monstruos horribles que tanto mal producen , que mantienen la división, el rencor y por lo tanto, el alejamiento de los corazones que debían fundirse en uno solo.

¿Es que no llegará este pobrecito mundo terrestre a ver desaparecer de su seno tanta miseria y tanta maldad? Sí, llegará. Afirmar lo contrario, sería negar a Dios . La obra de la pacificación y de amor se realiza en silencio; pero avanza. ¿Como? ¡Ah! Fijémonos algo y lo comprenderemos .

La reencarnación es el medio de que se sirve Dios para llegar a ese fin grandioso. Las almas que han escrito entre ellas en su tenebroso pasado, historias de odios y lágrimas, vuelven a la vida material unidas por los lazos más estrechos. Vienen a ser esposos, padres e hijos, hermanos. En la Tierra, habitan en el mismo hogar. El amor de la carne es el encargado de comenzar en ellas la obra sublime de la armonización y del amor imperecedero del espíritu. Esas existencias en común, sufriendo los mismos dolores, participando de las mismas alegrías: de esposos, velando juntos sobre sus hijos; de padres, sacrificándose por sus pequeños que son los enemigos de ayer, acaban por consumir en los corazones la llama del odio en beneficio del amor que deben profesarse.

Al volver al espíritu esos espíritus, se reconocen, ante el amor creado por la existencia material que acaban de dejar en la que se han sacrificado los sacrificadores de ayer, en la que los verdugos del pasado, vinieron a ser las víctimas, en la que con actos de abnegación y de amorosos cuidados han venido a pagarse los descuidos y los desafectos anteriores, el rencor huye, el odio desaparece de aquellas almas que se unen en estrecho y amoroso abrazo ante la mirada paternal de Dios.

Supongamos ahora por un instante que a todos estos seres que vienen a buscar en sus encarnaciones, la desaparición de sus sentimientos de malevolencia y de desamor, que se les haya concedido el recuerdo de sus existencias anteriores . Al conservar ellos ese recuerdo, con él iría unido también naturalmente el de las personalidades que, en otro tiempo, fueron enemistadas con ellos, el de sus perseguidores de ayer. En una palabra; en un hogar humano, el esposo recordaría que la esposa fue en otro tiempo su mortal enemigo, los hijos verían en su padre al que en otra existencia les persiguió, el hermano, al sentir aversión por uno de sus hermanos, vería justificada también esa aversión por los recuerdos del pasado.

En vez de borrarse las disensiones y las divisiones, los odios se perpetuarían, porque en presencia del enemigo de ayer, nadie se sentiría con bastante fuerza para perdonarle y amarle.

Es más, ¿dónde se halla la familia que sería bastante abnegada para recibir en su seno, sabiéndolo, conociéndolos, al criminal y a la meretriz de pasadas existencias?

Dios , en su infinita sabiduría lo ha previsto todo; y, como lo que quiere, es que el alma progrese y no le niega ninguno de los medios para alcanzar ese fin; como medida suprema de previsión y de Amor, cuando el espíritu baja a la Tierra a encarnar, cubre su pasado con tupido velo , cuyo velo sólo se rasga cuando vuelve el alma espacio.

Así es más libre, más apto para progresar, mejor dispuesto a recibir las influencias benévolas de sus padres, que, desconociendo su ayer, sólo ven en él al inocente niño confiado a sus cuidados.

El pasado es sombrío para la mayoría de los mortales. En él, todos o casi todos,hemos sembrado lágrimas odios, rencores, duelos. Fijémonos con atención que, en
una misma existencia, lo que más nos duele es recordar nuestros extravíos. ¿Qué sería del alma que viene aquí a buscar su progreso, si entrase en la Tierra señalada en la frente con el horrible fardo de sus pasadas iniquidades?

No, no, no cesaremos de repetirlo. Dios es el amor mismo. No quiere la muerte del pecador, sino su vida, y por esto, le da a su entrada en este correccional del espacio en el que habitamos, la apariencia de la inocencia, para que le estrechen muy fuerte los brazos de sus padres, y sea recibido con amor el penado que viene aquí abajo a purgar sus delitos anteriores y a elevar su corazón a la altura de, las leyes morales que necesita conocer y practicar para purificarse y progresar.

El olvido de las existencias anteriores, ya lo vemos claramente, es una verdadera prueba del amor de Dios, para el pobre humano que ya encuentra pesada la carga de sus yerros presentes y no podría conllevarla junto con la de su pasado.

Estudiemos, meditemos sobre todos estos grandes problemas y bendigamos a Dios que en su amorosa solicitud lo ha hecho todo por lo mejor para el bien de sus criaturas.

U.F

Extraído de “La Luz del Porvenir”, nº 30, publicado en Villena el 15 de marzo de 1908.

jueves 1 de octubre de 2009

LEYES UNIVERSALES

RIQUEZA Y POBREZA

Análisis psicológico de la riqueza y su responsabilidad.
La riqueza y la pobreza como pruebas a superar por el Espíritu.

Cada uno de nosotros es un ser espiritual en proceso de evolución, que necesita realizar determinadas superaciones, adquirir determinadas experiencias, por lo que tiene que pasar por los diversos aspectos que la vida en los planos físicos ofrece para el desarrollo de las facultades del Espíritu que, como ya conocéis, es la realidad que continúa existiendo en el tiempo. Y la riqueza y pobreza, en sus diversos modos, así como el poder de la autoridad, en sus diversos grados; son aspectos variados, son pruebas a realizar por el Espíritu para continuar progresando en el camino ascendente de la evolución.

Porque, el objeto de las vidas humanas es progresar, por lo cual es necesario pasar por los diversos aspectos y pruebas; para las que el Espíritu escoge, pide o acepta, un destino determinado o programa a desarrollar de relaciones y pruebas a superar. Y cuando en una vida el Espíritu no realiza el programa aceptado, o no supera las pruebas que pidió o libremente aceptó, tiene que volver tantas veces como necesite, para lo cual la Ley de Evolución, que es manifestación divina, proporciona al Espíritu el tiempo necesario.

La pobreza y la miseria es uno de los mayores males de todos los tiempos, dice el común de las gentes. En términos generales es consecuencia del atraso evolutivo de los seres de nuestra humanidad. Cada ser humano está en el lugar que le corresponde. Pues, de corresponderle otro mejor, ya lo tendría o habría conquistado. Muchos sostienen que la riqueza está mal repartida, los que conocemos las Leyes de la Vida sabemos que nada existe por casualidad, sino que, en todo aspecto de la vida humana y espiritual, hay una causalidad previa.

Pretender una igualdad total, es utópico, porque siempre habrá dirigentes y dirigidos, según las capacidades, y porque la naturaleza de nuestro conglomerado humano es tan diversa en todos los aspectos que resulta inaplicable.

La diferencia de posiciones sociales no es sino división de trabajo por capacidades diversas, y esa diferencia es tanto más acentuada cuanto más evolucionado y complejo es el organismo social. Para una igualdad absoluta, como algunas ideologías predican, sería indispensable que todos los miembros de la sociedad fuesen iguales: intelectual, moral y volitivamente, lo cual no es así; pues, ni en la misma naturaleza hay dos cosas exactamente iguales.

La pobreza, aunque desagradable por actitud equivocada que el individuo adopta por falta de conocimientos, es la que ofrece más posibilidades de progreso espiritual; ya que, una vida laboriosa está libre de las tentaciones y perversidades de la vida holgada.

Y aun cuando la pobreza es el camino más fácil de la ascensión espiritual, no por ello la riqueza es una imposibilidad de ascensión. Resulta serlo, cuando se usa para satisfacción de capricho, lujos y placeres personales. Aquella frase del Mesías: “Reparte tus bienes entre los pobres y sígueme”, que era acertada en aquel caso y en aquel tiempo, no significa que en todos los casos hubiera dicho lo mismo, por lo que no es del todo aplicable en nuestro tiempo.

Supongamos que un rico decide repartir su fortuna entre los pobres. En primer lugar tendría que hacerlo entre un grupo limitado; y en segundo lugar tendría que escoger bien a quienes dar, pues de otro modo podría contribuir a alimentar el vicio y la ociosidad, haciendo un mal en vez de un bien. A los viciosos y a los perezosos no se les debe ayudar en lo material, pero si en lo moral. Repartir dinero a todo aquel que sea pobre, no es caridad. Es más meritorio buscar los casos de necesidad verdadera y auxiliarlos, levantarlos y ayudarles a valerse por sí mismos, etc.

La riqueza material a la que la mayoría de nuestra humanidad ansía, por su atraso evolutivo, conlleva una gran responsabilidad y muchos peligros para el espíritu. El primero y principal es que suele endurecer el alma humana, a más de las atracciones que el mundo de hoy ofrece, que hace olvidar y dificulta la realización del verdadero objeto de la vida y retrasa la evolución.

¿Es la riqueza creadora de felicidad? Si y no. Depende del uso que de ella se haga. Las riquezas materiales no hacen feliz al ser humano, a menos que las encauces hacia fines nobles. Me refiero al ser humano de mediana evolución. Solamente los seres elementales de escasa evolución y sensibilidad ansían la riqueza para sí, por desconocimiento de la responsabilidad y amarguras que la misma implica.

¿Por qué es difícil para el rico entrar en el llamado reino de los cielos? Porque no está dispuesto a humillar su amor a la riqueza, apegándose a ella; con lo cual aumenta su egoísmo que le impide ascender. Una de las mayores desilusiones de las personas ricas, es no poder comprar la felicidad con dinero. Sabido y demostrado está que, la riqueza por sí sola no genera felicidad, no proporciona una vida dichosa; antes al contrario, es motivo de múltiples inquietudes, angustias, ansiedad, preocupaciones y desdichas. Solamente cuando es orientada hacia un ideal noble o causa justa, o empleada en la práctica del bien en algunas de las múltiples modalidades. Hay quienes creen que, haciendo una fortuna, ésta les dará felicidad; pero, cuando algunos de éstos la alcanzan, ven con asombro y desencanto que la felicidad que buscaban se halla más lejos que antes. Pues, como acertadamente dijo alguien, “el hombre que puede satisfacer todos sus deseos ya no tiene goces”.

La sociedad moderna está siendo aplastada bajo el peso de los hábitos costosos y superfluos, en una carrera hacia la artificial multiplicación de necesidades creadas por organizaciones económicas a través de la publicidad, en su afán de lucro y no para el bienestar de la humanidad. Y de ahí nacen o surgen en la mente de las gentes necesidades no reales. Surge también la búsqueda de los placeres malsanos, ¡vana ilusión!, que arrastran al individuo desde el hastío al embrutecimiento y ruina física y espiritual; pasando por las fases intermedias de tensiones emocionales, decepciones, amarguras múltiples, desengaños, etc. etc.

La riqueza es una prueba difícil, prueba que habrá de pasar todo pobre de hoy, entre los cuales hay muchos ricos del ayer, de vidas anteriores, en cuyas vidas, han ido desarrollando en su psiquismo, el orgullo y la soberbia; orgullo y soberbia que la pobreza va diluyendo, ya que esas vidas oscuras y de dolor actúan como detersorios del orgullo y la soberbia. Para triunfar en la dura prueba de la riqueza, necesario es liberarse de la esclavitud del dinero, no haciendo de él un fin sino un medio; comenzando por liberarse de lo superfluo, optar por un ideal de servicio a una causa noble, etc.

Sin embargo, una pobreza económica puede ser muy bien compensada por una riqueza moral; así como existe una pobreza moral, que ninguna riqueza económica podrá compensar jamás.
Todos anhelamos la felicidad. Todos, en un modo u otro, tratamos de alcanzarla. Pero, por nuestra ignorancia tomamos caminos equivocados, y cual espejismo la “vemos” y la imaginamos en la riqueza material o en la ostentación, ya en los placeres de toda índole que llevan a la exacerbación de los sentidos, conduciendo a la amargura del desengaño, del fracaso y de dolor.

La vida debería ser una constante felicidad, ya que hacia ese fin están orientadas las Leyes divinas. En los designios de Dios está, que la vida sea dichosa y feliz y no de penas y desdichas, cual acontece a una inmensa mayoría de los seres humanos de nuestro mundo. Porque, las cosas que hacen la vida verdaderamente feliz son muy sencillas y están al alcance de cualquiera.

Muy a menudo oímos que el pobre murmura del rico a quien envidia y se queja de su mala suerte que le distancia de cuanto, a su juicio, vale la pena en este mundo. Y ese modo de pensar, esa actitud mental desacertada, crea inconformidad, desasosiego y desaliento, que debilita las facultades mentales y amargan la vida. No obstante, si nos detenemos a inventariar las cosas verdaderamente necesarias para la vida, las en realidad valiosas; veremos que, ricos y pobres están poco más o menos al mismo nivel.

Tanto la riqueza como la pobreza son aspectos de la vida humana que el ser espiritual tiene que experimentar para el desarrollo de sus facultades. Por ello, ese aspecto de la vida, debemos considerarlo como transitorio y no apegarnos a ellos. En los tiempos actuales, una buen parte de los casos de riqueza y pobreza material, se deben al esfuerzo y diligencia de unos, así como abandono y negligencia de otros. Y casos hay en que la riqueza y la pobreza son de origen causal, o como pruebas a superar por el espíritu en determinadas vidas. Y la prueba de la riqueza, es la que más temen los espíritus más evolucionados, prueba que posponen lo más que les es posible; pero que, por ella tienen que pasar.

Las pruebas y vicisitudes de la vida en sus diversos aspectos, son la gimnasia para el espíritu, para el desarrollo de sus facultades que facilitan su proceso evolutivo. Por ende, debemos sobreponernos a las pruebas y vicisitudes que la vida nos presente, con firme determinación de superarlas. Esto es importante. Toda vicisitud y prueba superada ya, dejará de afectarnos, por molesta o difícil que ella sea. Son como las lecciones que en la escuela presentan a los niños, y que, mientras no la aprendan les es difícil; pero, una vez aprendida, ya les es fácil. Así mismo nos acontece a los adultos en la escuela de la vida. Por ello, es necesario no dar cabida nunca al desanimo, porque éste incapacita para actuar acertadamente en todos los problemas de la vida.

Demostrado está que, hay ricos-pobres y pobres-ricos. El rico que sólo vive para sí y sus riquezas, que está enteramente envuelto en sí mismo, es un enfermo psíquico, un psicópata que ignora su condición; por lo que vive amargado por su misma condición egoísta que le mantiene en constante desarmonía, consecuencia de su pobreza mental egoística.

Mientras que el pobre de bienes materiales, que vive en paz consigo mismo, que no envidia la posición económica de los demás (esto no significa que no deba tener ambición de progreso), que ama a su trabajo y lo realiza con gusto, que no sea esclavo de vicios y que tenga buenos sentimientos y pensamientos; posee una riqueza que vale más que la fortuna material. Porque, con esa actitud se mantendrá en armonía mental-emocional, generadora de paz y felicidad.
La mejor riqueza que debemos ambicionar y que podemos conquistar, es la paz y la armonía de vivir, y para lo cual, la adquisición del conocimiento mucho puede ayudarnos. Y esa paz y armonía no se consiguen con dinero, sino con amor.

La pobreza honrada y bien llevada, no es obstáculo para la felicidad, antes al contrario. El obstáculo está en la actitud mental desacertada que se adopte, como queda explicado.


SEBASTIAN DE ARAUCO