jueves 31 de diciembre de 2009

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

MARCANDO RUMBOS


En tus necesidades interiores, de signo espiritual, nadie te dará lo que no tienes si tú no te propones conseguirlo, hacerte con el fin de tus deseos. Nada se nos da gratuitamente. El oro, la riqueza, la sabiduría y el amor, los bienes más preciados de este mundo y la seguridad espiritual, hemos de alcanzarlos por nosotros mismos honradamente, sin esfuerzo ajeno ni extrañas ingerencias; con el ansia de conquista espiritual, de acercamiento al bien, a Dios y a los demás, que aliente en nuestros pechos y anide en nuestras almas. Por lo tanto, no dejes que otros piensen y actúen por ti mismo; rechaza los milagros por dinero y aprende a caminar sin ataduras, libre de toda traba y prejuicio, con alas en los pies, con la mirada alerta y el corazón en Dios.

En todos los aspectos de la vida, actúa por ti mismo en todo instante, sin presiones externas e inmorales, de acuerdo con la Ley y no dejes que nadie te suplante en el cumplimiento del deber, en tus obligaciones personales de valor y relieve espiritual; porque nadie podrá ser como tú, ni jamás suplantarte en cosa alguna. Eres una entidad insuplantable, un ente intransferible y has de actuar y vivir según tu idiosincrasia, al rítmico compás de tu forma de ser, de sentir y pensar. Nadie podrá, por ti, vencer al enemigo ni conquistar la gloria; ponerte en posesión de la Verdad, ni hacerte más hermano de los hombres, más justo y eficiente, más equilibrado en el deber; si tú no te propones hacerlo por ti mismo, siendo el protagonista de tu propio ser, prescindiendo de todos los demás en lo fundamental y decisivo, en lo no secundario y personal.

En el orden moral y progresivo, como es obvio y justo, natural, todos nos debemos a nosotros mismos; somos los artífices de nuestro porvenir y los forjadores de nuestra libertad. Sólo seremos libres si nos lo proponemos firmemente, si arrancamos del alma los yugos milenarios del mal y la ignorancia, de la superstición y la inmoralidad; de las bajas pasiones e insanos apetitos que pretenden sumirnos en la animalidad, en los charcos inmundos de la perversidad y la degradación y damos nuestros pasos hacia el bien, hacia la apetecida, mil veces deseada perfección.

En nuestro caminar hacia la luz Divina, en nuestro aprendizaje de amor y redención, de superación espiritual, hemos de procurar ser justos y veraces, siempre consecuentes con nosotros mismos y nuestros ideales superiores, marchar siempre de acuerdo con la Ley. Por ello, colabora con todos aquellos que se esfuerzan por alcanzar más luz y más progreso, más evolución; por darse a sus hermanos en el bien y hacerse mensajeros del Amor y la Caridad, de la Fraternidad Universal. Más, nunca tomes parte ni actúes, inconsciente, en lo que no comprendas ni conozcas, sin antes cerciorarte a fondo y sin pasión, del terreno que pisas y a donde te conduzcan tus pasos vacilantes, tus íntimos afanes de luz y comprensión, de más conocimiento y más verdad, de más aquilatada perfección.

En el vaivén humano, en el mar de la vida, no dejes que tu barca se deslice por corrientes opuestas a tu modo de ser, de sentir y pensar. Intenta navegar por tu interior con mesura y templanza, sin precipitaciones, equilibradamente, con moderación y serenidad; sin darte a la inquietud y la desesperanza, al frío de la duda y la desilusión; sin desequilibrarte ante la adversidad ni cosa alguna y atento al cumplimiento del deber. Siguiendo la corriente que más te lleve a Dios y acerque a los demás, al fin espiritual que te propongas, combatirás tus propias inquietudes, tus males interiores y arribarás, triunfante y victorioso, feliz y satisfecho de ti mismo, al puerto del Amor y la Esperanza, de la seguridad espiritual.

Todo lo alcanzarás con férrea voluntad y firme decisión, si haces por no afirmarte en nada transitorio, efímero y fugaz, carente de relieve constructivo y de valor moral, buscando en todo lo eterno, trascendente, evolutivo, consistencia y plenitud, equilibrio y fortaleza, firme seguridad y convicción; condiciones de vida más hermosa y asiento espiritual, feliz arribo al bien.

Jamás te desanimes porque el mal quiera herirte y la traición te hostigue, porque la cobardía quiera estorbarte el paso y hacerte claudicar, abdicar del deber; porque el mal no es eterno, ni vencerte podrá la adversidad, si llevas en tu mente Luz Divina y fe en el corazón. Si alumbras tus tinieblas interiores con luz del Más Allá; sí en tu pecho hay un nido de esperanza y de fe, de firme convicción; si te sientes con Dios en todo instante y anhelas tu progreso espiritual, tu bienestar moral y el bien de los demás, jamás serás vencido por la desesperanza, por el desaliento y la desilusión; te harás inmune al mal, al desfallecimiento, al odio y la traición, a cuanto se presente en tu camino de lucha y progreso, de superación, con signo negativo y opresor, desmoralizador y deprimente, opuesto a toda luz de realidad, de bien y de verdad, de ansiada perfección.


JOSE MARTINEZ FERNÁNDEZ

AGRUPACION DE ESTUDIOS PSICOLOGICOS 
Y ESPIRITUALES
VIGO


domingo 27 de diciembre de 2009

PALABRAS DE ALIENTO

Los gritos matan el amor

Un día un maestro occidental preguntó a sus discípulos lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos: Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos. Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? preguntó el maestro - no es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué grita a una persona cuando estás enojado? Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al maestro.

Finalmente el explicó: "Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuertes tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia."

Luego el maestro preguntó: "¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan, sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

El maestro continuó: Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así están dos personas cuando se aman.

Luego el maestro dijo: "Cuando discutan, no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tan larga que no encontrarán más el camino de regreso."



viernes 25 de diciembre de 2009

COMPROMISO DE NAVIDAD


La Navidad se avecina
y con ella llega imborrable
la gran enseñanza divina
de aquel ser gentil y amable

Del Maestro de Maestros,
del más sabio entre los sabios,
del que fue al encuentro nuestro
con el amor en sus labios.

Celestial doctor del amor,
del sacrificio y la entrega,
de la ternura y el perdón,
del padre blanca bandera.

Ahora que vuelve la Navidad
muchos hombres más te añoramos,
te rogamos tu ayuda y caridad
para cumplir lo que acordamos.

Maestro, internamente sentimos
la llamada de tu compañía
y noblemente te pedimos
luchar contigo día tras día.

Queremos ser continuadores
de la obras que tú comenzaste
y en tu nombre trabajadores
llevando tu estandarte.

Y hoy, que de nuevo ha llegado
la adorada y tierna Navidad,
te pedimos que a nuestro lado
nos derrames tu bondad.

Cada cual su compromiso,
nosotros también el nuestro,
así lo desea el Maestro
y es así como Dios lo quiso.

J.M.

martes 15 de diciembre de 2009

REENCARNACIÓN

(viene del anterior)
ACCIÓN DE LA LEY DE CONSECUENCIAS

DESPUÉS DE LA MUERTE

Las oraciones -dicen algunos- liberan de las penas y sufrimientos a las almas.

¡Cuán engañados viven quienes mantienen tal creencia. Pues, si así fuese, aquellas almas que no dejan parientes ni amigos que oren por ellas, no tendrían las mismas posibilidades, lo cual no sería de verdadera justicia. Y por otra parte. aquellos que dispusieron de dinero, podrían pagar oraciones para cuando su alma desencarne, lo que equivaldría a comprar con dinero el progreso del alma (i...... !).

Además de ilógico, sería injusto.

Todo ser es responsable de sus actos ante la Ley Divina. y LA LEY DIVINA, QUE ES SABIDURIA y AMOR, DA A CADA CUAL EXACTAMENTE LO QUE CADA .CUAL MERECE.

iNo nos engañemos con espejismos!

La oración sincera, salida del alma con todo amor (y solamente así) es una vibración magnética que llega al alma desencarnada a la cual va dirigida y le produce una sensación de alivio, si sufre, y de alegría al apreciar que sus seres queridos' le recuerdan con cariño. E importante también es, elevar el pensamiento a lo Alto, pidiendo con verdadero amor sentido, ayuda para ese ser, a fin de que sea guiado en la nueva modalidad de vida.

La Ley de Consecuencias está inmanente en la propia naturaleza psíquica y espiritual de todo ser. Toda acción, tiene su reacción. Toda deuda, ha de ser saldada. Toda trasgresión a la Ley Divina del Amor, quiebra el equilibrio, y cuyo equilibrio tiene que ser restaurado por el mismo trasgresor. Esa es la ley, y lo demás son pamplinas.

CREENCIA EN EL DESCANSO ETERNO.- El concepto del «descanso eterno», creencia bastante generalizada por desventura, puede haber sido establecida en el pasado por la imaginación del hombre, al sentir la necesidad del descanso después de una vida de sufrimientos y trabajos penosos, como era en pasados siglos.

De ahí, esa frase tan común que oímos, cuando asistimos a algún sepelio: ¡por fin, descansa! Frase que puede haber surgido también de una apreciación errónea, al ver el cuerpo rígido del difunto.

¡Nada más incierto! Porque, al salir el cuerpo espiritual que animaba ese cuerpo físico, ahora inerte, el primero sigue sintiendo, sigue pensando; sigue viviendo, aunque en otra dimensión. No así el segundo, como unidad. y como vida es energía y ésta movimiento, el descanso tal como algunos lo entienden, no existe en el Más Allá, y menos eterno.

Existen sí, moradas etéreas (porque el cuerpo espiritual es también de sustancia etérea) tan o más reales que las de nuestro plano físico; a las que son llevadas aquellas almas buenas que han sufrido y aquéllas que han practicado el bien, y cuya belleza y felicidad están en relación a la sensibilidad de esas almas y a sus obras de amor fraterno.

Y en esos ambientes de belleza y dicha inenarrables, en esa otra vida del Espíritu, existe una actividad plena. Mas, esa actividad es totalmente voluntaria, donde las almas buenas, vibrando en amor fraterno, continúan practicando el bien, mediante ayudas a sus seres queridos que permanecen en la Tierra, y contribuyendo en obras de progreso a otros seres. Pero, también las almas poco evolucionadas, y las ruines y cargadas de odios, continúan apegadas aquí al plano físico, perturbando a aquellas personas con las cuales están unidas por los lazos del odio. Aun cuando no sea percibido por nuestros sentidos físicos, esta actividad es tan real, cual la nuestra humana.


SEBASTIAN DE ARAUCO



Publicado en “Amor paz y caridad” Nº 29 – Diciembre - 1984

domingo 13 de diciembre de 2009

PÁGINA POÉTICA

LA AMISTAD

La amistad es del, Amor
una expresión genuina,
que a compartir nos inclina
de los demás el dolor.

Es cual gota de rocío
en el corazón sediento
que apura del sufrimiento
la soledad y el vacío.

Ella es el puente de unión
entre todos los humanos,
para hacernos más hermanos
del bien en la comunión.

Sin ella no hay paz ni bien,
no es posible la concordia;
se incrementa la discordia
y el odio crece también.

Todo agoniza en su ausencia,
todo muere y languidece
cuando de ella se carece
en la humana convivencia.

La Amistad, si es verdadera,
jamás hiere ni traiciona;
siempre disculpa y perdona
no se ofende ni se altera.

Es fiel en la adversidad,
consecuente en el deber,
y no se deja vencer
por la intriga y la maldad.

No pierde su dignidad
por más golpes que le den,
y de su unión con el bien
nace la fraternidad.

No es egoísta, ni espera
a cambio de sus favores
otras prebendas mayores
que lo que ofrece, sincera.

Es generosa en el dar
y parca en el recibir,
y se esfuerza por servir
y estar siempre en su lugar.

No se excusa ante el dolor
ni desdeña al enemigo,
y de su acción al abrigo,
el hombre se hace mejor.

Genera luz en su mente
y en su corazón templanza,
y en los demás confianza
al ser del bien un agente.

Soporte de la Verdad,
rechaza la hipocresía;
del halago no se fía
y se escuda en la humildad.

En su seno diamantino
no admite engaños, traiciones,
dobleces, humillaciones...
nada bajo ni mezquino.

y siempre de par en par
las puertas de corazón,
del, dolor en la aflicción,
sabe a todos consolar.

Porque su lema es servir,
proteger y amparar;
porque le place el amar
aunque tenga que sufrir.

JOSE MARTINEZ

lunes 7 de diciembre de 2009

RECORDANDO EL PASADO


EL POR QUÉ DE LA VIDA


Hemos dicho que a fin de conocer su porvenir, el hombre debía ante todo aprender a conocerse a si mismo. Para marchar con paso seguro, es menester saber donde se va. Conformando sus actos a las leyes superiores, es como el hombre podrá trabajar eficazmente para su mejoramiento y el del centro social. Lo importante es discernir estas leyes, determinar los deberes que nos imponen y prever las consecuencias de nuestras acciones.

El día que se compenetre de la grandeza de su destino, el ser humano sabrá desprenderse mejor de lo que le empequeñece y rebaja, sabrá gobernarse según la sabiduría y preparar con sus esfuerzos la unión fecunda de los hombres en una gran familia de hermanos.

Mas ¡cuán lejos estamos de semejante estado de cosas! Aun cuando la humanidad avanza lentamente por la vía del progreso puede, sin embargo, decirse que la mayoría de sus miembros marcha a través de la vida como en medio de una noche oscura, ignorándose el hombre a sí mismo y sin saber nada del verdadero fin de la existencia.

Espesas tinieblas velan la razón humana. Los rayos de la verdad llegan a ella pálidos, debilitados, impotentes para iluminar las sendas tortuosas por donde caminan innumerables legiones, y para hacer brillar ante sus ojos el fin lejano e ideal.

Ignorando sus destinos, fluctuando sin cesar entre la preocupación y el error, el hombre maldice a veces la vida, desfalleciendo bajo su carga; cree que sus semejantes son la causa de las pruebas que sufre, no teniendo muchas veces otro origen que su imprevisión.

Rebelándose contra Dios, a quien, en su locura y desesperación, acusa de injusticia, llega a veces hasta rehuir el combate saludable, la lucha que es lo único que puede fortificar su alma, iluminar su juicio y prepararle para trabajos de un orden más elevado.

¿Por qué sucede eso? ¿Por qué baja el hombre débil y desarmado al palenque donde sin tregua ni descanso se sostiene la eterna y gigantesca batalla? Es que este globo no es más que uno de los grados inferiores de la escala de los mundos. Casi todos los que residen en él no son más que espíritus niños, esto es, almas nacidas hace poco a la razón. La materia es la soberana de nuestro mundo. Nos doblega bajo su yugo, limita nuestras facultades, detiene nuestros impulsos hacia el bien y nuestras aspiraciones a lo ideal.

Así es que para discernir el por qué de la vida, para vislumbrar la ley suprema que rige las almas y los mundos, es menester saber librarse de esas pesadas influencias, desprenderse de las preocupaciones de orden material y de todas las cosas pasajeras y mudables que ocupan inútilmente nuestro espíritu oscureciendo nuestros juicios. Elevándonos algunas veces con el pensamiento más allá de los horizontes de la vida, haciendo abstracción del tiempo y de los lugares, cerniéndonos en cierto modo por encima de los detalles de la existencia es como divisaremos la verdad.

Por un esfuerzo de voluntad, abandonemos un instante la tierra, subamos a esas imponentes alturas. Desde su cima veremos desplegarse el panorama inmenso de las edades sin cuento y de los espacios sin límites. Así como el soldado perdido en la refriega no ve más que confusión en torno suyo, mientras que el general, cuya mirada abarca todas las peripecias de la batalla, calcula y prevee sus resultados: lo mismo que el viajero, extraviado en las revueltas del camino, puede al subir la montaña, verlas unirse en un plano grandioso, así el alma humana desde las alturas en que se cierne, lejos de los ruidos de la tierra, lejos de las oscuras hondonadas, descubre la armonía universal. Lo que desde abajo le parecía contradictorio, inexplicable, contemplado en conjunto, se ajusta y se une, todo se encadena. Ante el espíritu deslumbrado aparece el orden majestuoso que rige el curso de las existencias y la marcha de los universos.

Desde esas radiantes alturas, la vida ya no es a nuestros ojos, como a los de la multitud, la vana persecución de efímeras satisfacciones, sino un medio de perfeccionamiento intelectual, de elevación moral, una escuela donde se aprende la dulzura, la paciencia, el deber. Y para que esta vida sea eficaz, no puede ser única. Fuera de sus límites, antes del nacimiento y más allá de la muerte vemos una especie de penumbra, desenvolverse una multitud de existencias a través de las cuales y del precio del trabajo y del sufrimiento, hemos conquistado paso a paso y con gran dificultad el poco saber y las pocas cualidades que poseemos, por cuyo medio conquistaremos lo que mas nos falta: una razón perfecta, una ciencia sin vacíos, un amor infinito por todo cuanto vive.

La inmortalidad, semejante a una cadena sin fin, se desarrolla para cada uno de nosotros en la inmensidad de los tiempos.

Cada existencia es un eslabón que se une hacia atrás y hacia delante con un eslabón distinto, con una vida diferente pero solidaria de las demás. El porvenir es la consecuencia del pasado. De grado en grado el ser se eleva y engrandece. Artífice de sus propios destinos, el alma humana libre y responsable, elige su camino, y si ese camino es malo, las caídas que sufrirá, las piedras y las zarzas que la destrozarán, tendrán por efecto desarrollar su experiencia y fortificar su razón naciente.

Artículo extraído del libro “El por qué de la Vida” de Leon Denis.


sábado 5 de diciembre de 2009

LEYES UNIVERSALES



IMPERFECCIONES COMO IMPEDIMENTO DE PROGRESO


El egoísmo.
Análisis breve de esta tara humana.
Su efecto en la personalidad y consecuencias espirituales.


Siendo el progreso del Espíritu el verdadero objetivo de la vida humana, analicemos algunos de los aspectos de la vida humana que son impedimento de ese progreso. Comencemos por uno de esos aspectos que es el de mayor impedimento y transcendencia; que es la mayor tara de la humanidad actual y de cuya tara dimanan diversos otros aspectos o imperfecciones del carácter humano, que con causa de sufrimiento en la vida física humana y en la vida espiritual; y que es el mayor enemigo de la felicidad. Diré mejor, nuestro mayor enemigo, pero disfrazado de amigo, por lo que no es fácil identificar. Es un enemigo taimado que nos adula, que nos halaga con promesas de ventajas (que no son reales sino aparentes), creando en nosotros deseos y ambiciones que nos conducen a actuaciones discordantes con la Ley.

Y ¿cuál es ese enemigo? EL EGOÍSMO.
Sí, el egoísmo. Porque el egoísmo, en sus diversos grados y aspectos, tales como: egocentrismo, amor propio, codicia, afán de dominio, exclusivismo y ambición desmesurada; es generador de envidias, exigencias, celos y muchas veces crueldad.

Pues, del egoísmo nacen sentimientos y deseos que turban la razón, induciendo a la ejecución de actuaciones que son causa de desdicha y de dolor para los demás y para el individuo mismo, ya que el egoísta está psíquicamente en constante desarmonía, lo cual afecta a su salud psíquica y física. Con su forma de ver las cosas, el egoísta se aísla en su propia conveniencia humana (conveniencia que no es real sino aparente) insensible a la razón y al sufrimiento ajeno.

Entre los muchos aspectos que el egoísmo presenta citaremos: aquel que se dedica a vivir su vida para sí solamente, sin preocuparle el sufrimiento y miserias humanas, evadiendo toda oportunidad de hacer el bien; el jubilado prematuro que desperdicia las oportunidades de hacer el bien a la comunidad que le sostiene, con solamente dedicarle parte de su tiempo libre; el heredero de bienes de fortuna que las dedica a su exclusivo beneficio, porque, de acuerdo con las leyes humanas, le pertenecen sin pensar en los desheredados; el ocioso, cual sea su condición económica; el empleado remiso que escatima en dar de sí (como el avaro rico en bienes materiales en dar dinero); el profesional médico que no cumple con su juramento hipocrático y atiende mal a los enfermos o sólo atiende a los que pueden pagar; el abogado que no dedica algunas horas de su vida al caído en desgracia y perseguido por la justicia humana.

Si echamos una ojeada a nuestra sociedad, en sus reacciones, apreciaremos que cada cual interpreta y mide la justicia con la medida de sus intereses personales; y mira como justo lo que le favorece y como injusto lo que le perjudique sus intereses personales. Así es el egoísmo. No obstante, aquellos que ya han adquirido un mayor conocimiento de la realidad de la vida, se olvidan de sus conveniencias y sus intereses, para pensar en la conveniencia, en el bien y en la felicidad de sus semejantes, en cuya práctica encuentran su propia felicidad. Y esto lo practican aquellos que han descubierto que, es en el darse a los demás, el modo y manera de conquistar la paz y dicha eterna. ¿Lo dudas? Haz la prueba.

Hay una frase que refleja la pobreza del alma y sintetiza el sentimiento del egoísta: “Primero yo y después yo”. Este es el egoísmo que caracteriza al espíritu primitivo. Porque, el egoísta lo quiere todo para sí, con menosprecio de los demás. Es la doctrina del “yo” (ego en latín, del cual se derivan ego-ismo, ego-ista).

Como el egoísta no piensa más que en sí y para sí, concentrando en sí mismo todos sus afectos, encuentra en sus infortunios personales, en las decepciones de su vanidad, en su orgullo lastimado, en las vicisitudes de su fortuna, etc. fuentes de amargura que no puede remediar y sufre; sufre, porque ha encerrado en sí mismo toda fuente de felicidad. Porque solamente dándonos en las múltiples modalidades de servicio fraterno, podremos encontrar la felicidad. Su egoísmo le ciega y no le deja ver que, en el dar es precisamente donde puede encontrar la felicidad; sólo contribuyendo a la felicidad de los demás, estaremos creando nuestra propia felicidad. Y esto no es una ilusión, no es una quimera ni utopía, sino una realidad alcanzable; porque, la felicidad no está fuera de nosotros, sino dentro de nosotros mismos. No la busquemos en la riqueza de bienes materiales, ni en los placeres de los sentidos, porque ahí no la hallaremos. Busquémosla en la riqueza de los bienes espirituales.

Cuanto más atrasado se halla el individuo en la escala de la evolución, tanto mayor en su egoísmo. Todos los malvados y brutos son egoístas, y por ende, desdichados. El egoísmo, denota inferioridad, y por tanto ignorancia del verdadero objeto de la vida; que va más allá de la búsqueda de las riquezas materiales y ensalzamiento de la propia personalidad con menosprecio de los demás.

Y aquellas personas egoístas, que intelectualmente han superado el nivel del bruto, podríamos decir que, en ellas el egoísmo es una enfermedad psíquica (psicosis), si bien no percibida por el afectado; pero, muy dañina en los dos aspectos: humano y espiritual. Humano, porque en toda actitud egoísta, la psiquis del individuo genera vibraciones magnéticas negativas que inciden en su sistema nervioso y sistemas glandulares, afectando su funcionamiento y también su salud; y espiritual, porque su despertar en el Más Allá, al final de la vida humana, será muy penoso.

Y a este respecto, meditemos sobre el contenido de esta parte de un mensaje. Textualmente dice: ...”Si egoísticamente pensáis en vuestras propias necesidades antes que en las necesidades de vuestros hermanos, vuestro egoísmo impedirá que llegue a vosotros la benéfica acción de las Fuerzas Superiores. Todo lo que se os dé, todo lo que recibáis, será siempre para que, a vuestra vez, lo deis a los demás. Pero si, egoísticamente, pensáis solamente en vosotros, en hallar remedio a vuestros males, en hallar consuelo a vuestros dolores, sin acordaros del dolor de los demás, nada podréis recibir, porque no estáis pensando ni deseando dar. El amor es dádiva constante. En los Planos Superiores, sólo se piensa en dar, constantemente se os está dando a los humanos todo aquello que necesitáis, espiritual y materialmente; y si algunos no recibís en la medida de vuestros deseos o en la medida de vuestras necesidades aparentes, es porque cada uno recibe hasta donde puede y hasta donde debe recibir. Desde lo Superior se derraman sobre vosotros los bienes que el amor del Cristo os prodiga; pero, cada uno llena y llenará siempre su “vaso” en la medida de “su propia capacidad”.

¿Sabéis adónde va, después de la muerte física, aquel que no haya superado el egoísmo? Diversas son las situaciones, según el grado de egoísmo. Pero, todos, después de una más o menos larga turbación que invade al egoísta al desencarnar, éste se siente atrapado en un abismo tenebroso, y en el cual permanecerá aislado, y sintiendo un frío más o menos intenso, según la intensidad del egoísmo; porque, psíquicamente, el egoísmo es gélido y aislante. y en esta condición permanece por un tiempo que varía en cada caso y en concordancia con el sufrimiento y daño que haya causado.

SEBASTIAN DE ARAUCO