sábado 30 de enero de 2010

CONGRESO NACIONAL DE ESPIRITISMO 1981

LA MORAL ESPIRITA


En el hombre existen dos aspectos: el material y el espiri­tual. El primero es transitorio y perecedero; mientras que el segundo, es trascendental y eterno.

De los valores o atributos que éste, el espíritu, posee en su intimidad, el más importante es el Amor, como lazo de unión entre Dios y el hombre. Por eso, la moral espírita está basada en el Evangelio de Jesús, y está regida por las leyes inmutables y perfectas que gobiernan todo el universo infinito y cuya más sublime manifestación está en la Ley del Amor. Ley que nos permite y capacita para evolucionar espiritualmente, alcanzan­do con ella la Perfección, con su consecuente felicidad y ven­tura eterna.

La moral espírita tiene como requisito principal el Amor espiritual, que es el amor altruista, fraternal y universal. Este amor espiritual, se sintetiza en los dos conceptos predicados por Jesús: "Ama al prójimo como a ti mismo" y "trata a los demás como quisieras ser tratado".
El amor real y verdadero parte del aspecto espiritual, que siempre encamina su atención hacia el beneficio de nuestros semejantes, sin esperar nada a cambio. Se manifiesta por el simple placer de ayudar, teniendo como finalidad lo trascen­dental, es decir, buscando el beneficio espiritual más que el material.

Por esto, la moral espírita, deja de ser una simple suma de reglas de comportamiento para con los demás, como la moral humana; convirtiéndose en una manifestación libre, espontánea y natural en nuestro actuar, fruto de nuestra sensibilidad espi­ritual y del avance evolutivo que debernos de poseer. Por lo tanto, hablar de moral espírita sin tener bien claro el sig­nificado grandioso que encierra el amor espiritual, es no com­prender totalmente el contenido de dicha moral.

Como manifestaciones más sublimes y bellas del amor es­piritual, están, la amistad incondicional, el servicio desinteresado y la caridad abnegada; actuaciones que expresan un con­tenido puro y elevado de moralidad y que son los tres pilares fundamentales de la moral espírita, destacando la caridad, como bien resaltada la dejó Allan Kardec.

También necesitamos de la Fe, porque sin ella la moral espírita tiene muy poco sentido, ya que la fe vivifica los sen­timientos espirituales y estimula el optimismo, el ánimo, el entusiasmo y la alegría de vivir. Si el Amor y la Sabiduría son las dos alas por las cuales el espíritu vuela hacia la perfección, la fe es la cola, el timón, que pone sentido y dirección a nuestra mirada hacia el Creador.

La moral que debe de llevar a cabo un auténtico y ver­dadero espiritista, será aquel comportamiento que tienda a ser universalista; significando con ello, que lo esencial y real en cada ser humano, es su espíritu como esencia divina, con­siderando a todos los hombres por igual, con el mismo dere­cho de expresión, de libertad, de respeto y de fidelidad. De esta forma, el espírita sincero, a la hora de hacer el bien no tendrá en cuenta fronteras, razas, credos, ni nada que sea puramente material. Para ello, deberemos considerar el con­cepto de la libertad, significando ella, el libre pensar y la libre actuación con responsabilidad en todos nuestros actos, con el respeto hacia nuestros semejantes sin alterar la libertad del prójimo; comprendiendo que nuestra libertad material ter­mina donde empieza la de nuestro semejante, pues sin estos requisitos la libertad no es real ni verdadera.

En su contenido más profundo, el sentido total y esen­cial de la libertad radica fundamentalmente, en los principios espirituales que encaminan a dicha libertad a su plena satis­facción; deduciéndose, que la verdadera libertad es la espiri­tual.
Así la moral espírita nos hará liberarnos de los prejuicios mundanos, de los convencionalismos sociales y de los precon­ceptos científicos, para no atarnos a nadie, ni condicionarnos a nada. El espírita debe de ser abierto a todo y universalista con todos, pues, para amar de verdad, hay que hacerlo con ple­na libertad.

También la moral espírita nos enseña, que sólo el recto pensar y el recto actuar, nos conducen a la paz espiritual, esa paz interna, real y verdadera, que únicamente se consigue, cuan­do hacemos el bien a nuestros semejantes sin esperar recom­pensa.

"Se reconoce al verdadero espiritista por su transformación moral y por los esfuerzos que realiza para dominar sus malas inclinaciones"; palabras del excelso codificador, que dan a entender, que no basta conocer la moral, sino, que es menester su práctica y el empeño suficiente en renovarnos interiormente, para poder adaptarnos a ella. Por consiguiente, la moral espírita no tiene mérito, valor, ni grandeza alguna, si no nos transfor­mamos íntimamente; si no realizamos una profunda renova­ción espiritual por medio del conocimiento de uno mismo. Só­lo cambiando individualmente, podrá cambiar la sociedad.

El conocerse a sí mismo es la clave del verdadero espírita, ya que éste, tiene como deber el conocerse tal y como es en realidad y no como aparenta ser externamente; porque sólo de esta forma se realizará espiritualmente y podrá conseguir una mejor manifestación de su conciencia.
Hablando de moral espírita, no podemos olvidar, el claro discernimiento entre el bien y el mal. Como en el Libro de los Espíritus está escrito, el Bien es conformarse a la Ley de Dios, estando de acuerdo con ella. Pero hay que señalar, que es nece­sario una autocrítica imparcial diaria de nuestros propios de­fectos para superarlos; sólo así, podremos acercarnos verdade­ramente a la Ley de Dios. Para poder hacer el bien correcta y acertadamente y mejor ayudar al prójimo, necesario es, po­nerse siempre en el lugar de los demás, dándoles lo que ver­daderamente necesitan y no lo que nosotros creemos, ya que sólo así, podremos servirlos limpia y dignamente.
El gran impedimento o enemigo para la total realización y práctica de la moral espírita, y por consiguiente obstáculo para nuestro progreso espiritual, es el materialismo. Para com­batirlo adecuadamente, se requiere de la virtud; pero no culti­vándola externamente, como una regla condicionada por siste­mas humanos, sino despertándola internamente. Viviendo en la virtud estaremos poniendo en práctica los auténticos postu­lados morales del espiritismo.

Para concluir, es necesario conocer, que la virtud por excelencia es la humildad, corno lo dejó manifestado el sublime Maestro Jesús, cuando afirmó: "cualquiera que se enaltez­ca será humillado; y el que se humille, será enaltecido".


JNB





jueves 28 de enero de 2010

PALABRAS DE ALIENTO

¿Para qué educamos a nuestros hijos?



Estos días en que vivimos sin duda alguna son competitivos.

La sociedad, el mercado de trabajo, las necesidades personales crecen y se tornan más complejas. La informática que hace poco no existía interconecta o aísla aquellos que no la utilizan adecuadamente.

Los cursos de lenguas extranjeras, las post-graduaciones interminables, los estudios, las escuelas, todo en nombre de la competencia.

Así, lo que ayer era suficiente para educar, hoy parece poco.

Con la pretensión de ofrecer a nuestros hijos los instrumentos suficientes para enfrentar el voraz monstruo de la competencia, buscamos todos los medios a que ellos sean los mejores, sean los primeros, sean en fin aquellos que aprendieron a competir.

Para eso, no restringimos los esfuerzos en las horas interminables de los cursos, de los deportes, del refuerzo escolar, de las clases, comprando las herramientas para que trabajen, para que sean competentes.

Finalmente, ya te has preguntado ¿para qué educamos a nuestros hijos? ¿Qué armas y qué combates deseamos que ellos estén preparados para enfrentar?

Si nos preguntan qué necesita el mundo, qué falta en nuestra sociedad, de pronto enumeramos las virtudes ausentes en nuestra alma: honestidad, respeto al prójimo, compasión, solidaridad.

En definitiva ¿quién de nosotros no anhelaría un mundo lleno de todo eso?

Pues bien, ese es el mundo que deseamos. Y ciertamente es el mundo que ambicionamos para nuestros hijos. Pero ¿estarán ellos preparados para ese mundo?

¿Será que nuestros hijos poseen recursos en el alma para vivir en un mundo de tolerancia, compasión, solidaridad? ¿En qué medida nuestros hijos están preparados para ese mundo?

¿Será que en la educación de nuestros pequeños hay espacio para las lecciones de tolerancia?

El niño, el joven que no experimenta la lección de la convivencia con las diferencias, percibiendo que somos distintos solo por el lado de afuera, pero que por dentro todos somos hijos de Dios, jamás sabrá el significado de la tolerancia.

¿Y la compasión? ¿Ya estudiamos esa disciplina en la escuela del corazón, que nuestro hijo también cursa aquí en la Tierra?

Ningún niño o joven tendrá idea de cuán suave se queda el alma en el placer de minimizar el dolor y la dificultad ajena, si nunca le ofrecen oportunidad de hacerlo.

Solidaridad. ¿Ya se habló de eso en la escuela del hogar? En un mundo donde las desigualdades florecen en todas partes, ¿ya nos detuvimos para enseñar a nuestros amores la necesidad de extender la mano para ayudar a minimizar la miseria ajena, sea del cuerpo o del alma?

No podemos olvidarnos que la primera escuela de la vida es el hogar, y es en él que las lecciones que anhelamos para el mundo deben ser aprendidas.

De nada vale que deseemos un mundo sin violencia, si no enseñamos la cordura y la mansedumbre a nuestros hijos.

En esos días desafiadores, en que las personas pierden las referencias de valores, en que las lecciones del alma se perdieron en el afán de educar la mente, buscando tan sólo ser competitivos, es en el hogar que debemos cultivar los valores nobles que fortalecen el alma para enfrentar las dificultades de la vida.

No más la preocupación de aprender a ser competitivos, sino de entender que ser colaboradores es la lección que la vida nos ofrece como el mejor aprendizaje.

Al final, la mayor oportunidad que la vida nos ofrece, mientras estamos aquí, es fundamentalmente que aprendamos a conjugar en la práctica de la vivencia un único verbo: amar.



martes 26 de enero de 2010

REENCARNACIÓN

(viene del anterior)
ACCIÓN DE LA LEY DE CONSECUENCIAS

DESPUÉS DE LA MUERTE


Las oraciones -dicen algunos- liberan de las penas y sufrimientos a las almas. ¡Cuán engañados viven quienes mantienen tal creencia.

Pues, si así fuese, aquellas almas que no dejan parientes ni amigos que oren por ellas, no tendrían las mismas posibilidades, lo cual no sería de verdadera justicia. Y por otra parte. aquellos que dispusieron de dinero, podrían pagar oraciones para cuando su alma desencarne, lo que equivaldría a comprar con dinero el progreso del alma (¡...... !).

Además de ilógico, sería injusto.

Todo ser es responsable de sus actos ante la Ley Divina. y LA LEY DIVINA, QUE ES SABIDURIA y AMOR, DA A CADA CUAL EXACTAMENTE LO QUE CADA .CUAL MERECE. ¡No nos engañemos con espejismos!

La oración sincera, salida del alma con todo amor (y solamente así) es una vibración magnética que llega al alma desencarnada a la cual va dirigida y le produce una sensación de alivio, si sufre, y de alegría al apreciar que sus seres queridos' le recuerdan con cariño. E importante también es, elevar el pensamiento a lo Alto, pidiendo con verdadero amor sentido, ayuda para ese ser, a fin de que sea guiado en la nueva modalidad de vida.

La Ley de Consecuencias está inmanente en la propia naturaleza psíquica y espiritual de todo ser. Toda acción, tiene su reacción. Toda deuda, ha de ser saldada. Toda transgresión a la Ley Divina del Amor, quiebra el equilibrio, y cuyo equilibrio tiene que ser restaurado por el mismo transgresor. Esa es la ley, y lo demás son pamplinas.

CREENCIA EN EL DESCANSO ETERNO.- El concepto del «descanso eterno», creencia bastante generalizada por desventura, puede haber sido establecida en el pasado por la imaginación del hombre, al sentir la necesidad del descanso después de una vida de sufrimientos y trabajos penosos, como era en pasados siglos.

De ahí, esa frase tan común que oímos, cuando asistimos a algún sepelio: ¡por fin, descansa! frase que puede haber surgido también de una apreciación errónea, al ver el cuerpo rígido del difunto.

¡Nada más incierto! Porque, al salir el cuerpo espiritual que animaba ese cuerpo físico, ahora inerte, el primero sigue sintiendo, sigue pensando; sigue viviendo, aunque en otra dimensión. No así el segundo, como unidad.

Y como vida es energía y ésta movimiento, el descanso tal como algunos lo entienden, no existe en el Más Allá, y menos eterno.

Existen sí, moradas etéreas (porque el cuerpo espiritual es también de sustancia etérea) tan o más reales que las de nuestro plano físico; a las que son llevadas aquellas almas buenas que han sufrido y aquéllas que han practicado el bien, y cuya belleza y felicidad están en relación a la sensibilidad de esas almas y a sus obras de amor fraterno.

Y en esos ambientes de belleza y dicha inenarrables, en esa otra vida del Espíritu, existe una actividad plena. Mas, esa actividad es totalmente voluntaria, donde las almas buenas, vibrando en amor fraterno, continúan practicando el bien, mediante ayudas a sus seres queridos que permanecen en la Tierra, y contribuyendo en obras de progreso a otros seres. Pero, también las almas poco evolucionadas, y las ruines y cargadas de odios, continúan apegadas aquí al plano físico, perturbando a aquellas personas con las cuales están unidas por los lazos del odio. Aun cuando no sea percibido por nuestros sentidos físicos, esta actividad es tan real, cual la nuestra humana.

SEBASTIAN DE ARAUCO


Publicado en “Amor paz y caridad” Nº 30 – Enero - 1985



sábado 23 de enero de 2010

CONFERENCIAS


Hoy les ofrecemos una conferencia de Divaldo Pereira Franco, en la II SEMANA PARAPSICOLÓGICA VILLENENSE, en el día 18 de octubre de 1983. Esperamos que sea de su agrado.

miércoles 20 de enero de 2010

LA NUEVA AURORA

La nueva aurora que asoma para la humanidad terrestre viene resplandeciente de gloria, en la que los humanos contemplarán Lo que no han contemplado nunca. Esa nueva aurora trae la esperanza de un porvenir risueño de paz, de fraternidad y de bienandanza.

Esa aurora nos anuncia un día de gloria en que nuestra humanidad descansará de sus fatigas y congojas. Un día en que cambiará la faz de las cosas, se harán grandes reformas en todos los órdenes de la vida de la humanidad, desaparecerán para siempre los antagonismos que aún imperan y la hipocresía, que es la plaga más perniciosa que aún reina entre las familias y las sociedades.

Los que adolecen de esa enfermedad moral siempre están dispuestos a levantar el cisma doquiera tengan probabilidad para ello, y los que quieran liberarse de los efectos nocivos de esa maléfica semilla, que traten de evadirse de la emboscada que siempre los hipócritas están preparando para coger de sorpresa a los amantes del orden y la paz.

En fin, nuestra humanidad se halla en vísperas de contemplar un día venturoso en que reinará la paz y la fraternidad. Ese día glorioso será en el que aparecerán los grandes misioneros que anunciaran la nueva venida del Mesías, a fin de que la humanidad se prepare para recibirlo.

¡Ay de los que hagan caso omiso a la predicación de aquellos seres que desde las regiones celestiales vendrán a traer esa nueva gloriosa!

Un día que se pierda en la tarea representa un gran peso en la balanza de la justicia, en contra del progreso de su espíritu. A prepararse, pues; a trabajar cada uno para el porvenir de su alma, Hay que perseverar en el cumplimiento del deber; hay que extirpar del corazón las malas tendencias, para seguir por el camino del bien; hay que despejar la conciencia, para poder penetrar en la luz de la verdad.

FAUSTINO ISONA


lunes 18 de enero de 2010

PÁGINA PÓETICA

SIENTO ANSIAS DE VIVIR


Siento ansias de vivir
en otro mundo mejor,
donde se pueda reír,
donde se acabe el dolor.

Donde el hombre y la mujer
en sus formas sean iguales.
donde el amor y el placer
nunca, nunca sean mortales.


Donde se sueñe despierto
como mágica ventura
y que el árido desierto
sea pradera de hermosura.

Donde los seres humanos
con mejor entendimiento
se consideren hermanos.

Y que se acaben las guerras
y los hombres oprimidos,
donde las fértiles tierras
den los frutos merecidos.

Donde se canten canciones
dedicadas para el Cielo
y alegres los corazones
vivan, vivan sin recelo.

Donde la luz de la tarde
ya no alumbre más entierros
ni mas cosechas de sangre.

Donde las sombras no empañen
la dulzura de la vida,
y donde reine el amor
como una sola familia
que reconozca a su Dios.

Tengo ansias de vivir
y deseos de llegar,
mas no por mucho decir
esto se puede alcanzar.

Hace falta suprimir
los artículos del mal
con la fe en el porvenir
y la esperanza al andar.

Dominando las pasiones
y las intrigas humanas,
con ejemplo en las acciones
en estas luchas mundanas.

Pongo toda mi esperanza
en aquel Faro Divino,
si pongo amor y confianza
El alumbrará el camino.

MANUEL ROBLES

lunes 11 de enero de 2010

RECORDANDO EL PASADO

PARRICIDIO INVOLUNTARIO


“Esta mañana, el celador de arbitrios municipales, Luis Osoro Guisasola, llegó del servicio a su domicilio, seto en el piso segundo izquierda, de la casa número 24, de Artecalle.


Poco después llegó un compañero del citado Osoro, llamado Santiago Giménez, y los dos, en compañía de la mujer del primero, llamada Julia Sagarduy Orús, de 31 años y natural de Galdácano, pusiéronse a tratar acerca de las condiciones en que Santiago se quedaría de huésped en de Osoro.


Hablando, recayó la conversación sobre el armamento de los celadores y se pusieron a examinar los revólveres desarmando el suyo Luis Osoro.


Al armarlo nuevamente y sin duda debido a haber ejercido presión sobre el gatillo, sin darse cuenta de que se hallaba cargado, se disparó, yendo el proyectil a herir a Julia Sagarduy, en el pecho, cayendo ésta al suelo sin sentido.


Trasladada al hospital, se le apreció una herida, sin orificio de salida, en el séptimo espacio intercostal, a causa de la cual dejó de existir poco después, en el referido establecimiento benéfico.


El autor involuntario de la muerte de su mujer fue detenido, así como su compañero Santiago.


En el Santo hospital civil se personó el Juzgado, practicando las diligencias del caso”.


Continuamente recibo cartas muy parecidas a la que he copiado anteriormente, y como mi deseo y mi único objetivo en los últimos años de mi actual existencia no son otros que ser útil a la humanidad, aunque sé que hay algunos que no están contentos ni conformes con los relatos que doy a la prensa de las comunicaciones que recibo; reflexiono y digo: Si el que me escribe está sediento de luz y de verdad y en mi mano está calmar la sed, justo es que atienda al que pide y no me ocupe del que me critica.


Mis escritos dan fruto para los afligidos, para los vencidos en el rudo combate de la vida, ¿cómo negarle el pan al que está hambriento? Como yo sé por experiencia lo que se sufre cuando falta el pan del cuerpo y el pan del alma, doy de este último, ya que tan generosamente me lo dan los espíritus, pregunté sobre lo ocurrido últimamente en Bilbao y obtuve la siguiente comunicación:


“Hacéis bien en preguntar, porque no hay historia que tenga su prólogo y ese accidente desgraciado también lo tiene.


Eso tres seres, en sj encarnación anterior, los tres pertenecieron al sexo fuerte; eran nobles opulentos, de arrogante figura y los tres estaban unidos por un afecto profundo: donde iba uno, iban los otros dos y viceversa, así es, que los tres a la vez se fijaron en una mujer muy hermosa, pretendiendo su amor. Ella coqueteaba con los tres, y la mujer que hoy ha muerto dijo a su amigos: ⎯Juguemos a cartas vistas; los tres queremos a esa mujer; el que se case con ella será el blanco de los odios de los otros dos y habrá duelos o asechanzas ocultas que darán por resultado un crimen. Yo propongo que esa mujer muera y no siendo para ninguno de los tres evitaremos dobles conflictos; no es mujer que vale mucho porque juega con los tres; tenemos oro suficiente para pagar al asesino que nos quite ese estorbo del camino. ¿Aceptáis? Aceptamos, dijeron sus compañeros; y a la mujer objeto de triples deseos la encontraron asesinada a la puerta de un templo. Los asesinos no fueron encontrados y los tres amigos, horrorizados después de su obra inicua, escondieron en su convento sus remordimientos; fueron frailes mendicantes, siendo un modelo de humildad y obediencia. Los tres volvieron a la tierra con pocos años de diferencia, y la mujer joven que los tres deseaban, vino con el firme propósito de morir en manos de uno de sus compañeros que aprobaron su criminal proceder, He aquí el origen de tan lamentable suceso. La justicia es la ley de todos los tiempos; cuando los hombres sepan leer en el gran libro del pasado, los jueces de la tierra se cruzarán de brazos y dirán: ⎯ ¡La justicia esta hecha! ¡Sobran los jueces y ejecutores! Adiós”.


Tiene razón el espíritu. Cuando sepamos lo que hemos sido, ¡de qué distinta manera obraremos!


¡Cuántas vanidades caerán desde su alto pedestal! ¡Cuántos sabios se verán pequeños!


¡Cuántos que se creían justos se conceptuarán criminales!


¡Bendito sea el estudio del Espiritismo; él da vista a los ciegos y da oído a los sordos; él es el libertador de los pueblos oprimidos!



AMALIA DOMINGO SOLER




lunes 4 de enero de 2010

LEYES UNIVERSALES

IMPERFECCIONES COMO IMPEDIMENTO DE PROGRESO

Orgullo, soberbia y amor propio.
Análisis psicológico y espiritual de estos aspectos.

Comencemos este análisis con el orgullo, que es un estado mental que produce en el individuo un sentimiento de superestimación de sí mismo, que induce a considerarse superior a los demás a quienes suele mirar con menosprecio, condición ésta de la que surgen vibraciones de una negatividad tan intensa, que presiona la mente del afectado, conduciéndole al engreimiento y fatuidad ridícula.

El orgullo se encuentra en todos los ambientes sociales... Creyéndose superior a los demás, el orgulloso sufre cuando se ve menospreciado o por alguna alusión se siente herido en su orgullo. En muchos llega a convertirse en una pasión, al extremo de humillarse para obtener un lugar destacado. Y esto es muy frecuente cuando el individuo, a más de orgulloso es vanidoso.

Hay quienes confunden el orgullo con la dignidad, y al sentirse heridos en su orgullo, suelen manifestar que les han herido en su dignidad. La dignidad implica valor moral, estimula al individuo hacia la superación de sus imperfecciones; mientras que el orgullo las oculta. A este respecto, cito el pensamiento de Confucio: “El hombre noble es digno, pero no orgulloso; el inferior es orgulloso, pero no digno”.

Generalmente, el orgulloso invoca un pretendido honor, dignidad, prestigio; basado en su apellido, fortuna, título académico u otros disfraces; para encubrir esa tara, esa inferioridad de su personalidad. Y resulta el colmo, cuando el individuo en su ignorancia se siente orgulloso de su orgullo. Si el orgulloso se percatara de lo ridículo de su postura ante quienes le conocen, tened por cierto que se avergonzaría. Su orgullo está en la ignorancia de su realidad, en su atraso evolutivo. Es como el pavo que se infla con sus plumas, para sentirse más grande, tratando de aparentar un valor del cual carece. Sin embargo, el hombre o mujer, cuanto más vale más sencillo se le ve; porque en la sencillez,que es una superación del orgullo y de la vanidad, está la demostración de la verdadera valía. La espiga del trigo vacía, no vale más porque esté erguida; sino que vale menos que la espiga inclinada, cargada de grano. La primera, nos muestra la vacuidad del orgullo; la segunda, la sencillez del que vale.

Diversos son los grados de manifestación de esta imperfección que en nosotros mismos puede hallarse agazapada sin que nos percatemos de ella, y que nos impide avanzar en el camino de progreso espiritual. Busquémosla, analizando nuestros sentimientos y especialmente nuestras reacciones para con los demás y en el hogar. En esta búsqueda, en este análisis, no seamos tolerantes con esa u otras imperfecciones que en nosotros encontremos, y determinémonos firmemente a superarlas, a fin de subir un peldaño más en la escala ascensional de la evolución. Si bien es verdad que todas las imperfecciones son causa de desdicha y sufrimiento, la soberbia es la mayor de todas, es el mayor azote de la humanidad. Porque, a diferencia del orgullo, que suele retirarse cuando se siente humillado; el soberbio es arrogante, altanero, vengativo y a veces traidor; y sólo el dolor le hará doblegarse. Si analizamos con detenimiento los componentes de las diversas clases sociales, fácil nos será encontrar que, es en la clase más baja de la sociedad donde la soberbia está más arraigada y hace más estragos; porque, la soberbia engendra odio y éste daña a quien lo siente, por la desarmonía psíquica que produce. Y cuando el soberbio está rodeado de poder o autoridad, se torna déspota y hasta criminal. Fácil es identificar a la persona soberbia, por sus gestos y ademanes altaneros o su comportamiento provocativo y despótico.

La gran penalista y socióloga española, Concepción Arenal, refiriéndose a la soberbia, en la página 61 de su libro “El Visitador del Pobre”, dice: “La soberbia en el débil es absurda, en el fuerte es vil. La soberbia humilla sin corregir, la humildad corrige sin humillar. La soberbia despierta el amor propio y nos dispone a defender nuestras faltas; la humildad habla al corazón y nos lleva a confesarlas”.

Y por desventura, la soberbia se encuentra hasta en el campo científico. Y de ahí los dogmas en todas partes, que no admiten análisis; porque la soberbia odia la contradicción y rehusa analizar nuevamente los conceptos sustentados.A más de eso, el orgullo y la soberbia atraen, por sintonía vibratoria, a entidades del astral inferior, seres del mal que influyen en las mentes más de lo que suponéis. Y por si todo eso fuese poco, al pasar el umbral del Más Allá, pueden llegar a arrastrar a los planos inferiores de tinieblas a quienes vibran en esa sintonía.

Otro impedimento del progreso espiritual, es el amor propio, que es en sí una rama del egoísmo, cuya manifestación en el individuo, es un gran amor a sí mismo. Esto está reconocido en las frases populares: ... “se quiere mucho a sí mismo”, ...”es un apegado a sí mismo”. Napoleón decía: “El más peligroso consejero es el amor propio”.

El amor propio es una de las formas del egoísmo, amor a sí mismo, y está muy ligado al orgullo, por lo que nos lleva a cometer errores en nuestra vida de relación y del hogar. Es el punto en donde se hace fuerte el yo inferior para llevar a la personalidad por el camino equivocado. Un alma impregnada de amor propio, es un alma envuelta en vibraciones intensamente negativas, que debilitan el Espíritu, impidiéndole cumplir la tarea que debe realizar, lo cual le obligará a nuevas y repetidas encarnaciones, para poder cumplirla.

Uno de los aspectos en que el amor propio es motivo de impedimento de progreso en el proceso evolutivo, es que el yo inferior, que es el que alimenta el amor propio o amor a la propia persona, trata de justificar siempre los errores y consecuencias de las imperfecciones, y con ello obstaculiza la acción del Yo superior, para la superación. Y es aquí, precisamente, donde o cuando debemos (como persona) ayudar al Yo superior (al Espíritu) a manifestarse, y no dejarnos convencer por los argumentos que el yo inferior humano nos presente, porque retardan el ascenso espiritual.

“El amor propio tiene tantas y tan diferentes facetas que, muchas veces, os pasa inadvertido, y vosotros suponéis, equivocadamente, que estáis vibrando positivamente. Debéis acostumbraros a analizar en vuestros actos, sentimientos y pensamientos, con conciencia espiritual, es decir, de acuerdo con las enseñanzas que estáis recibiendo. Debéis aprender a reconocer ese enemigo oculto”.

“El amor propio tiene aspectos muy diferentes, y puede llevaros a la ambición desmedida, al odio y a la lucha fratricida, a las separaciones y a las más viles acciones. Y el amor propio se agiganta a medida que vosotros le dais cabida, y os absorbe a medida que le servís. Si analizáis frecuentemente vuestros pensamientos, aspiraciones y reacciones, podréis reconocer finalmente esa nefasta vibración de amor propio, que guía y rige vuestra vida humana. A tal punto el hombre se siente identificado con esa vibración negativa, que ha llegado a darle en su vida una gran preponderancia y un falso aspecto positivo, reconociendo con orgullo el poseerla, y sintiéndose superior a los demás cuando tiene mucho amor propio”.

SEBASTIAN DE ARAUCO